Una de las fechas que cualquier emprendedor debe tener en cuenta es aquella en la que entregará la estafeta a la siguiente generación. No importa que ese momento parezca que es un punto alejado en el espacio o que ya estemos escuchando las pisadas del sucesor, dar paso a la persona que ocupará nuestra posición es una acción que debe ser gradual, planeada y con un proceso bien definido. No puede ser tan veloz que deje confundido y extraviado al sucesor, porque eso daría como resultado un naufragio pues sería lo mismo que dejar al capitán del barco sin radares ni sextantes. Tampoco puede ser tan lento que dé la impresión de que el que se va le tiene más cariño a la silla que al negocio en sí mismo.

Generalmente, los movimientos sucesorios se han hecho en forma muy brusca: sea por un golpe de estado, por la incapacidad de soltar el timón, por una traición o por la muerte del antiguo capitán y con ello se ha puesto en riesgo la continuidad del negocio o incluso se le ha condenado a la desaparición. No debería ser así, sin embargo, son muchos los ejemplos en los que la experiencia ha sido sustituida por alguien que no sabe cómo hacer frente al negocio, que no le interesa y está ahí por compromiso o que es incapaz de liderar porque no cuenta con las competencias que se requieren para ese desempeño.

Los planes de sucesión anticipan los posibles problemas y convierten un movimiento turbulento en una transición armoniosa en la que todos ganan y el negocio se preserva y queda en rieles aptos para su crecimiento. El proceso intenta prevenir ocurrencias fatales y costos innecesarios. Es un método que busca la persistencia de las operaciones haciendo una selección objetiva de las personas ideales que llegarán a ser un cuerpo directivo adecuado y bien capacitado.

Un buen plan sucesorio debe ser sensible a las necesidades de los dueños del negocio, de los antiguos directores y debe tener en cuenta la valía de la experiencia de las personas que condujeron la empresa. También debe hacerse cargo de los cambios de tecnología, los desarrollos y puntos de vista de la nueva generación. Ambos puntos de vista tienen fuentes de enriquecimiento que deben ser tomados en cuenta, sin menospreciar ninguno de los extremos.

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El plan sucesorio debe de fijar objetivos y tener fechas bien especificadas que deben ser respetadas. Ni postergar las salidas ni anticipar las entradas sino respetar los tiempos y movimientos que debe llevar el plan. Cada situación debe ser conducida con el respeto que los estilos directivos de sucesor y sucedido tienen. Asimismo, se debe considerar una partida presupuestal asignada para el proceso de sucesión, pues habrá gastos: capacitación, representación, poderes legales, asesorías, comunicación.

El equipo de trabajo, el personal y los trabajadores de la empresa deben de estar al tanto del proceso sucesorio y de sus etapas. El avance de cada etapa implica el progreso del que llega y la transformación del que deja la posición, aunque no necesariamente significa que se vaya, más bien quiere decir que se va a ir convirtiendo en el asesor estrella de la empresa. Cada etapa debe tener parámetros de medición para que la eficiencia de la compañía se siga garantizando.

El punto nodal es el momento en el que la transmisión de poder. La dualidad de mando no es recomendable. Una organización debe tener unidad de autoridad y respeto a la jerarquía, para ello se necesita una gran generosidad de quien entrega y de quien recibe la responsabilidad de ordenar. La forma más profesional de hacerlo es por medio de descripciones de puestos para que unos y otros sepan cuál es el límite de su gestión y hasta dónde se encuentra su arbitrio.

Los procesos sucesorios deben ser colegiados. El acompañamiento garantiza la neutralidad y la seguridad de ir avanzando en un camino correcto. Asimismo, el flujo de actividades debe estar bien diagramado para facilitar la comprensión de todos los involucrados.

Un emprendedor ama su idea a tal grado que lucho e hizo todo lo posible por llevarlo a la realidad y a ponerlo en el mercado, en esa condición, un acto de amor es buscar su continuidad y permanencia en el mercado. Un verdadero emprendedor ama a sus clientes por encima de su propia idea y buscará que sus necesidades sigan siendo satisfechas, esté él o no esté. Un emprendedor responsable es aquel que es capaz de poner la mirada en el futuro y ponerse manos a la obra para resolver la forma de que el negocio subsista.

Pensar en un proceso sucesorio no debe de hacerse en forma apresurada, en esa condición, cuando antes se empiece a pensar en ese tema es mejor. Es una fórmula afortunada ya que se anticipan los pasos que evitan la estridencia, la turbulencia, las patadas debajo de la mesa y los arrebatos. Así, se preserva el valor de la empresa ya que la armonía en la administración es una señal de buena gestión y de desempeño adecuado.

La sucesión debe ser un movimiento profesional, empático y cuidado. Por ello, el que llega debe tener una comunicación directa con el que se va, entre ambos debe haber respeto y libertad para hablar con claridad cada uno de los aspectos que los mantendrá juntos por el bien del negocio. Por supuesto, es una iniciativa valiente que nos gustaría fuera más popular entre los emprendedores.

 

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Blog: Las ventanas de Cecilia Durán Mena

 

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