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Hemerotecas de alrededor del mundo tendrán una sección para el año 2018 titulado “AMLO”.

Lectores y observadores internacionales, acostumbrados a leer historias de México que incluían palabras como “narco”, “corrupción” o “migrante”, se sorprendían este año con noticias acompañadas de imágenes de un señor de piel tostada, pelo blanco y hablando ante masas.

Los artículos, reportes, crónicas y noticias escritos en diferentes lenguas sobre López Obrador también contenían esas palabras clave. La diferencia es que el protagonista de esas historias amenazaba seriamente con acabar con la tradición de asociarlas con México.

La forma en la que la prensa y think tanks internacionales han explicado quién es el nuevo presidente de México al mundo no puede entenderse sin el contexto geopolítico en el que AMLO subió al poder.

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Hoy, los líderes y partidos de países con economías de mercado se entienden por su posición en un eje de coordenadas con cuatro variables: la clásica izquierda-derecha; el matiz nacionalista; el grado de experiencia política del líder, y su tendencia populista.

Foto: Cortesía Politico.com

La posición de AMLO

López Obrador no se ha liberado de comparaciones ni etiquetas que ayudan a los ciudadanos de diferentes nacionalidades a entender quiénes influencian las políticas que les gobiernan.

Existe un consenso casi unánime en la opinión pública de Estados Unidos y la Unión Europea en describir al presidente de México como un populista de izquierdas pragmático, nacionalista y que se presenta como un outsider de la política sin serlo.

El gran mérito de su victoria generalmente se atribuye al haber sabido gestionar el descontento de la sociedad mexicana hacia su antecesor.

La aparente paradoja populismo-pragmatismo confunde. El periódico New York Times, por ejemplo, se preguntaba qué perfil de todos los que ha mostrado AMLO es el que va a gobernar: ¿el salvador de los pobres o el que se rodea de asesores como Alfonso Romo?, ¿el nacionalista o el que quiere ayudar al Triángulo Norte a desarrollarse?

“Todos. No hay múltiples AMLOs, sino uno solo”, afirmaba el neoyorquino en un artículo publicado ante la victoria del líder de Morena, en las elecciones del 1 de julio.

Foto: Cortesía Guardian.

AMLO y ‘homólogos’

Calificativos como populista y nacionalista ayudaron a los narradores de la política mexicana a comparar a López Obrador con otros nombres que destacan en el panorama internacional.

El primero de ellos: Donald Trump. El periodista Carlos Alberto Montaner publicaba en la web del think tank chileno Libertad y Desarrollo que el mexicano era un populista de izquierdas y el estadounidense, de derechas. Un cocktail perfecto para “un choque de trenes”, según él.

La revista New Yorker explicaba que el nuevo presidente de México no es un seguidor del “Equipo Trump”. Lo demostró en el libro que publicó en 2017, “Oye, Trump”, con el que se erigió como el defensor de la dignidad nacional ante un candidato a la Casa Blanca hostil a los inmigrantes mexicanos en el país, con la connivencia del entonces mandatario Peña Nieto.

Otros líderes que por alguna razón han terminado por aparecer en comparativas con López Obrador, son: Jeremy Corbyn, líder laborista del Reino Unido; Luiz Inácio Lula da Silva; Jair Bolsonaro, el “nuevo” en el grupo de líderes latinoamericanos, y Hugo Chávez.

Foto: Cortesía New Yorker.

Presidente si avión presidencial en aguas internacionales

La venta del avión presidencial no será una excusa para que López Obrador se desentienda de la política internacional. Y esto, a pesar de que ha dado a entender que quiere recuperar la neutralidad de México en los amores y desamores de las potencias internacionales.

Así es como lo interpretó el corresponsal de New Yorker en México, Jon Lee Anderson, en la ceremonia de la toma de protesta.

“La presencia de Maduro tenía menos que ver con resaltar la amistad entre los dos líderes que con el deseo de López Obrador de señalar que México es de nuevo una nación libre y soberana”, afirma en la crónica del juramento del cargo.

Con este gesto, la revista considera que AMLO rompió con las convenciones de Peña Nieto de alinearse con los EU en temas como Venezuela, contraviniendo la tradición mexicana de no inmiscuirse en asuntos internos de otros países.

Pero este gesto no será suficiente para rebajar, ni mucho menos acabar, con la influencia estadounidense en la política y sociedad mexicana.

La casi exclusiva influencia que EU tiene en la economía y sociedad mexicana ayuda a explicar por qué México giró hacia la izquierda en un contexto en el que Latinoamérica, región con la que comparte lengua, mira hacia la derecha, según el think tank Libertad y Desarrollo.

Analistas coinciden en que el nuevo gobierno tiene un gran desafío en política internacional con los inmigrantes, la seguridad y el comercio con EU.

Foto: Cortesía Jacobin.

Señales confusas

Los discursos de campaña, con promesas llenas de esperanzas y vacías de detalles, encendieron la alerta de los observadores extranjeros. Y los primeros pasos del recién nacido gobierno de Morena no han hecho más que avivar la confusión.

La consulta popular que legitimó, según Morena, la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto ha sido el principal detonante de alarmas.

En materia energética, por ejemplo, el think tank Instituto Francés de las Relaciones Internacionales (IFRI) dedicó una editorial a ese nuevo presidente mexicano que genera desconfianza a los inversores.

El organismo afirmaba que los nombramientos de Octavio Romero como director de Pemex y de Manuel Bertlett de la CFE demostraron que “la política y el clientelismo han sido el principal criterio [de elección] en detrimento de la experiencia pasada y expertise”.

El Plan de Paz y Seguridad tampoco quedó libre de críticas. Las promesas de pacificación del país chocaron con la propuesta de creación de una Guardia Nacional y de no perseguir expolíticos sospechosos de corrupción.

“Algún grado de perdón para crímenes pasados es inevitable”, afirma en un análisis el think tank belga International Crisis Group (ICG). “Pero para establecer efectivamente un límite, dejar en claro que la corrupción y la colusión no serán toleradas en el futuro y satisfacer la demanda popular de justicia, López Obrador debe llevar a la justicia a, por lo menos, algunos de los peores infractores. Hacerlo también reforzaría su promesa de cero tolerancia a la corrupción desde el momento en que toma el poder”, añade.

El mundo está atento, AMLO tiene los focos, las cámaras y las expectativas puestas en el. Ahora, que empiece el show.

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