Marchas, plantones, cercos… esos eran los métodos más utilizados por Andrés Manuel López Obrador para protestar cuando estaba inconforme con alguna autoridad, pero hoy, luego de décadas, ya no está en la oposición.

Ahora que él encabeza el gobierno, ya ha tenido y seguirá teniendo desacuerdos con otras instancias, una de ellas ya es el Poder Judicial, pero no puede seguir usando sus antiguas vías de protesta.

En las primeras semanas de su administración, López Obrador abrió un frente contra los ministros de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, así como los magistrados y jueces debido a que éstos se oponen a que se les baje el salario como parte de la política de austeridad.

La medida ha llevado a que el mandatario y los juzgadores crucen abiertamente críticas; los segundos advierten que se trata de un intento de socavar su independencia y el presidente les replica que no quieren renunciar a sus privilegios.

Ante el desacuerdo, López Obrador, también conocido por su acrónimo AMLO, no se ha quedado callado y, más allá, ha celebrado que las diferencias se ventilen públicamente, pues considera que esto es saludable.

“Esa es la democracia y no (hay que) pelearnos, no insultarnos. Ser respetuosos. Pero que haya polémica, que podamos confrontar ideas; además, es extraordinario, imagínense, que haya un diferendo con el Poder Judicial. ¿Cuándo ha habido diferencias entre el Poder Ejecutivo y el Poder Judicial? Nunca. Porque el Poder Ejecutivo era el poder de los poderes. Entonces, es realmente algo fantástico, extraordinario. Estamos en el terreno de lo inédito. Ese es el cambio, la cuarta transformación”, dijo el presidente en su conferencia de prensa matutina el 11 de diciembre.

Sin embargo, las declaraciones no son la única arma con las que cuenta el mandatario. De acuerdo con Alejandro Díaz, profesor investigador de la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tec de Monterrey, López Obrador tiene otras tres herramientas para protestar cuando algo no le parece:

  • Control de la agenda mediática
  • Cambios en protocolos
  • Decisiones de gobierno

Ante la pelea con el Poder Judicial, AMLO ya ha echado mano de las tres.

En primer lugar, el presidente ha mantenido la dirección de la agenda mediática principalmente gracias a al conjunción de tres factores: vive aún una “luna de miel” con la ciudadanía, reflejada en los altas cifras de aprobación; hay un interés de los medios de comunicación por ser el primer gobierno de izquierda en décadas, y existe una desarticulación de las voces opositoras, analiza el catedrático Díaz en entrevista con Forbes México.

De esta forma, López Obrador ha sido insistente en sus críticas al Poder Judicial prácticamente a diario desde sus conferencias de prensa matutinas y ha llevado el debate principalmente al tema de la austeridad, pese a que también hay otras aristas, como la constitucionalidad de la medida y la correcta articulación de la ley de remuneraciones de servidores públicos.

Las modificaciones a protocolos son otra herramienta para que AMLO exprese su desacuerdo; esto hizo el pasado 13 de diciembre, cuando acudió al informe de labores de la Suprema Corte pero no se quedó a comer con los ministros, como hacía tradicionalmente el presidente.

Por último, por medio del empleo de las facultades legales que tiene, López Obrador puede tratar de corregir lo que no le guste y en el caso del diferendo con el Poder Judicial, ya emprendió este camino gracias a la vacante que se abrió en la Corte.

Por ley, el mandatario debe enviar al Senado una terna de candidatos a ministro y AMLO conformó la suya con personajes cercanos a él.

Al hacer esto, López Obrador se ganó las críticas de las organizaciones ciudadanas que impulsan la causa #SinCuotasNiCuates, pero, de acuerdo con Díaz, es una práctica común en las repúblicas que el Poder Ejecutivo busque influir en el Poder Judicial y el nuevo presidente no iba a dejar pasar la oportunidad de acercar a la Corte hacia su propio proyecto político.

 

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