Tras la muerte de su padre en 1997, no sólo llegó a sus manos una hacienda legendaria en México, sino el compromiso de continuar con una misión filantrópica de vital importancia. Conversamos con la heredera de un auténtico paraíso.

 

Por Rodrigo Pérez

 

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Muchas veces hablar de Cuixmala es referirnos a ese espectacular oasis creado por sir James Goldsmith a finales de la década de 1980, en la costa de Jalisco. Es aludir a esas 10,000 hectáreas de paraíso natural en las que el magnate decidió invertir parte de su fortuna para convertirlas en el que, hasta la fecha, sigue siendo uno de los sitios más lujosos y sofisticados del país. Pero Cuixmala no es sólo un exclusivo resort con lagos y playas privadas que desde hace 30 años ha seducido a celebridades como Ma­donna, Mick Jagger, Tom Cruise o Quentin Tarantino. Cuixmala es, antes que cualquier otra cosa, un importante proyecto enfocado a preservar y fomentar la conservación de la biodiversidad de esta zona conocida como Chamela-Cuixmala.

 

Comprometida con México

Las responsabilidades que se adquieren al heredar un patrimonio no sólo tienen que ver con la administración financiera. Y menos en casos como éste, en el que Alix Goldsmith, hija del multimillonario francobritánico, heredó de una buena fortuna y además el liderazgo de la Fundación Ecológica de Cuixmala, una organización privada que nació en mayo de 1988 para fomentar la creación de una reserva que protegiera la región. La preservación de sus ecosistemas, particularmente de los humedales y de la selva baja caducifolia, se perfilaba como su principal objetivo.

Por fin, el 30 de diciembre de 1993, los esfuerzos dieron frutos: se establece oficial­mente, por Decreto Presidencial, la Reserva de la Biosfera Chamela-Cuixmala. De las 13,142 hectáreas que la conforman, la Funda­ción aporta alrededor de 9,000, casi el 70% de la zona. Pero la labor no terminó ahí. Alix siempre ha sido consciente de la responsa­bilidad de administrar una de las zonas más ricas en materia de diversidad biológica en México. Por eso aporta recursos que se ven cristalizados en programas como la conserva­ción y gestión ambiental, o la investigación y la educación.

Podría pensarse que tomar el control de una institución bien afianzada sería tarea fácil. Sin embargo, la complejidad que implica la manutención y el trabajo que garantice la continuidad de un proyecto como éste, dejan claro que el paso de estafeta es una cuestión seria. Alix trabaja de la mano de su esposo Goffredo Marcaccini y ha demostrado su compromiso con el medio ambiente al man­tener vivas las expectativas ecológicas de su padre, pero además ha ampliado las posibili­dades de la fundación en materia de gestión y conservación de la biodiversidad.

 

Casi tres décadas

El disfrute espiritual que otorga un bello paisaje es signo de equilibrio ecológico. Basta dar un paseo por la zona para advertir el trabajo realizado, así como la disposición de recursos. Como bien señala la propia Alix Goldsmith, “las iniciativas de conservación generalmente se quedan en la declaratoria o esfuerzos efímeros de trabajo en los espacios naturales, pero en el caso de la Fundación Ecológica de Cuixmala el compromiso y el reto es mantener a largo plazo este esfuerzo, que actualmente cumple 26 años de labores continuas”.

Este seguimiento se puede ver en la am­pliación de los recursos a preservar. La selva caducifolia y los humedales casi no figuran en los sistemas de protección internacional. La Fundación tuvo buen ojo para advertir lo que hacía falta. De ahí que sus esfuerzos en investigación, y de otros organismos como la Estación de Biología Chamela de la unam, se hayan vuelto decisivos. La conservación de las playas donde anidan tortugas es conocida por todos. Además de cum­plir con este objetivo, la organización de Alix se extiende a la preservación de otras especies de flora y fauna, teniendo en cuenta que esta área tiene uno de los índices más altos en endemicidad en el Neotrópico. A éstas, y a muchas otras acciones, son a las que se les da seguimiento a diario. Claramente la continuidad es un valor distintivo en Alix Goldsmith y la Fundación Ecológica de Cuixmala.

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