La imagen, acaso sin proponérselo, resultó inquietante: El presidente solo en el patio de honor de Palacio Nacional.  No lo estaba del todo, es verdad, porque la escolta militar lo acompañaba y tocaron el himno solo para él.

Son las reglas que impone la Secretaría de Salud ante el Coronavirus, la distancia social, pero quizá debieron optar por la oficina presidencial o por alguno de los salones que, además, habrían evitado las ráfagas de viento.

La propia imagen es un mensaje y eso también tiene que cuidarse y más aún en momentos de angustia y de duda.

Para el presidente López Obrador era el momento de explicar y tranquilizar, de sumir que su voz cuenta y que importa lo que tiene que decir y más aún a las puertas de un largo túnel, de una crisis que apenas comienza y que tendrá sus primeros efectos trágicos en el sector de la salud, pero que se prolongará como penalidad económica.

Prefirió mantenerse en lo suyo, condenando al pasado y a los que llama conservadores y metiendo en el costal al mismo Keynes y a sus ideas de las políticas contra cíclicas cuando vienen las tormentas.

La oportunidad resultaba inmejorable para enterrar la percepción de que no se está aquilatando el tamaño del desafío pero se optó por señalar que la siembra de los árboles frutales no salvará de una pandemia que tiene contra las cuerdas a dos de los centros del poder en el planeta: Estados Unidos y Europa.

Hay que reconocer que se mantuvo fiel a la política que he venido impulsando, al reparto de apoyos entre las franjas desfavorecidas.

Es bueno que se apoye a los pobres, pero es un error no pensar en los que generan los empleos, la Iniciativa Privada, en los que están resistiendo las primeras semanas sin ingresos. No hubo ni un guiño fiscal, ni la menor consideración ante un panorama que luce devastador.

Para las clases medias, los profesionistas y quienes perciben su salario fuera del ámbito burocrático no hubo ni una palabra, ni un solo gesto sobre el respaldo que podrían recibir, y no lo harán, al menos en el arranque de la emergencia.

Es extraño el territorio donde el presidente abreva de la historia, un espacio de alto contrate, de blanco y negro en el que no hay espacio para la reflexión.

Dice que derrotaremos al Covid-19 porque el pueblo de México es grande y no le falta razón, ya que la propia sociedad lo rebasó para tomar medidas preventivas cuando desde el propio poder se mantenía un esquema de negación.

En resumen: iremos como hasta ahora, como se vaya ofreciendo a una agenda que ya no empalma con lo que está ocurriendo.

 

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