Por Barbara Wesel

DW.- ¿Creyó alguien en la existencia de un plan B? La primera ministra británica hizo en el Parlamento exactamente lo que entretanto se espera que haga: seguir adelante. Como si nada hubiera pasado, como si no hubiera sufrido hace una semana una histórica derrota en la Cámara Baja con el acuerdo sobre el Brexit. Theresa May apuesta por la creciente presión del tiempo y por una táctica de desgaste que finalmente induzca a los parlamentarios a ceder.

El mismo plan A

Theresa May se mostró medianamente comprensiva ante el Parlamento. Dijo que había sostenido conversaciones con otros partidos y que quería escuchar ahora sus ideas para lograr una solución. Las propuestas habrían de conducir de alguna manera a que lo acordado con la UE resulte aceptable para todas las partes y pueda ser aprobado.

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No obstante, la jefa de gobierno no hace concesiones de fondo. Una vez más, rechazó la demanda de permanecer en una unión aduanera con la UE, lo cual resolvería en buena medida el problema central del backstop, la salvaguarda acordada para la frontera irlandesa. Al respecto, reiteró que eso no fue lo que eligieron los ciudadanos británicos en el referéndum de 2016. Sin embargo, es una mera aseveración, dado que tal pregunta no se formuló en la consulta.

El Brexit, la fantasía política de Theresa May

Ahora, May intenta involucrar a la oposición en las demandas para que la UE ceda en lo tocante a la frontera de Irlanda e Irlanda del Norte. Quiere averiguar qué modificaciones en el acuerdo lo volvería digerible para los partidos. También esta pregunta va dirigida principalmente a sus propias filas, a los rebeldes y a la DUP norirlandesa.

En el fondo, la estrategia de May apunta a poner bajo presión a los parlamentarios para que finalmente aprueben el acuerdo con tal de evitar un “Brexit duro”.

Ideas difusas

El fin de semana pareció surgir de Downing Street la idea difusa de sellar un acuerdo por separado con Irlanda, para resolver por otra vía la cuestión de la frontera. Pero rápidamente fue descartada por todas las partes, incluyendo a Bruselas.

También fue rechazada de inmediato en la UE una idea del Ministro de Relaciones Exteriores polaco, que sugirió que tal vez se podría limitar el backstop a cinco años.

Bruselas quiere mantener las filas cerradas y pide a Londres un plan viable para lograr que el acuerdo del Brexit sea aprobado en el Parlamento. No le basta la vaga idea de que quizás con concesiones en el peliagudo asunto irlandés se podría lograr de alguna manera una mayoría.

El tiempo apremia

Faltando 67 días para la fecha oficial del Brexit, Theresa May apuesta por la creciente presión del tiempo. La votación definitiva sobre el acuerdo ya no ha de realizarse el 29 de enero, como se planeaba, sino en febrero, en el último momento. ¿Cómo habrían de sostenerse en ese lapso nuevas negociaciones con la UE? Ese es un misterio que solo conoce Theresa May.

Sin embargo, los parlamentarios británicos deben decidir en los próximos días si jugarán el juego de la primera ministra. Por eso se llevan a cabo actualmente diversos intentos de soslayar la táctica de May. Hay múltiples propuestas sobre la mesa, desde la prolongación de la fecha de salida, hasta formas más suaves de Brexit.

May vs. Corbyn: a la espera de dos nuevas fechas clave del Brexit

Pero la clave de un segundo referéndum para salir del atolladero, que entretanto tiene numerosos adherentes, está en manos del jefe del partido laborista, Jeremy Corbyn. Y él, por su parte, también actúa tácticamente, sin una línea clara, y sueña con nuevas elecciones.

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