DW.- Los casos parecen acumularse: Jamal KhashoggiSerguéi Skripal, el secuestro a plena luz del día de un ejecutivo por parte de los servicios secretos vietnamitas o el asesinato del hermanastro del líder norcoreano, Kim Jong-un. Parece como si los servicios secretos de ciertos países operaran de forma cada vez más abierta y menos secreta.

“Los ‘trabajos húmedos’ parecen estar en auge”, dice a DW Erich Schmidt-Eenboom, experto en servicios secretos. “Trabajos húmedos” es el término utilizado en la jerga de los agentes para referirse a operaciones que implican la posibilidad de derramamiento de sangre. Para Schmidt-Enboon, el año 2016 supuso un punto de inflexión, cuando el antiguo agente ruso Alexander Litvinenko fue envenenado con Polonio-210 en Londres.

Los médicos del hospital University College de Londres lucharon 23 largos días por su vida. El propio Litvinenko pareció adivinar tempranamente que lo habían envenenado. Pocas horas antes de su muerte, dijo en una entrevista al diario Times: “Los bastardos me han descubierto a mí, pero no descubrirán a todos.”

A finales de la década de los 90, Litvinenko fue el responsable de una investigación interna de las prácticas corruptas de la FSB, la organización heredera de la KGB, cuyo jefe en aquel momento era un tal Vladimir Putin. Litvinenko cayó en desgracia entre sus superiores después de criticar que no se había hecho nada contra la extendida corrupción del organismo. Cuando en 1998 reveló los detalles de un complot para asesinar al oligarca ruso Boris Berezovski, Litvinenko fue detenido por supuesto abuso de poder. Después huyó a través de Turquía hacia el Reino Unido, donde encontró asilo. El caso sigue sin haber sido aclarado todavía, pero, para Schmidt-Eenboon, el FSB estuvo detrás del envenenamiento.

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¿Se esconde detrás una estrategia?

Los autores del envenenamiento al antiguo agente Serguéi Skripal y su hija Julia en Salisbury a principios de marzo de 2018 operaron de manera similar. Ambos sobrevivieron. Los atacantes emplearon una sustancia neurotóxica de fabricación soviética, el novichok. ¿Actúan improvisadamente los servicios secretos o siguen una estrategia? “Es realmente significativo que los servicios secretos no se esconden como antes, cuando, por ejemplo, se fingían accidentes de tráfico. Eso parece pasado de moda y los servicios secretos ya no se avergüenzan más de su trabajo”, dice Wolfgang Krieger, profesor de la Universidad de Marburgo y experto en servicios secretos internacionales.

Serguéi Skripal y su hija Julia sobrevivieron a su envenenamiento en Salisbury/Picture-Alliance

Skripal trabajaba para el GRU, los servicios secretos militares rusos, pero también para el servicio secreto británico, el MI6. En  2004, Skripal fue detenido en Rusia por alta traición y condenado a 13 años de prisión. En 2010 salió en libertad de forma anticipada en el marco de un intercambio internacional de prisioneros y encontró asilo en el Reino Unido. Krieger opina que el caso Skripal es típico de la forma de trabajar de los servicios secretos rusos y soviéticos. Según él, las víctimas de este tipo de ataques son, en su mayoría, “renegados” que trabajaron en su día en los servicios secretos soviéticos y después en los de otros países en el extranjero. “Estos ‘renegados’ son perseguidos sin piedad alguna desde la década de 1920. Ahora los casos suceden de forma más discreta. En los años 20 y 30 del siglo XX, la gente se caía por las ventanas seguramente con un poquito de ayuda”, dice Krieger.

Persecución sin piedad a los traidores

También Skripal puede ser considerado como un  “renegado”, que, al parecer, tras asentarse en Salisbury, hacía algo más que llevar una apacible vida de pensionista. “Skripal apoyó de forma activa a los servicios secretos británicos”, dice el experto Schmidt-Eenboom. Por ejemplo, desenmascaró para el MI6 británico agentes rusos aún activos, que conocía de sus tiempos en el servicio ruso. “En el verano de 2016 estuvo en Tallin, Estonia, donde dio pistas tan precisas, que lograron desenmascarar a tres espías de Moscú”. Además, Skripal dio informaciones a los servicios de inteligencia españoles sobre las relaciones de la mafia rusa en España con líderes políticos en Moscú. “Skripal seguía siendo activo para los servicios secretos occidentales y eso non gustaba a sus antiguos colegas rusos”, continúa Schmidt-Eenboom.

Alexander Gusak, antiguo oficial superior de Alexander Litvinenko, resumió para el New York Timesde forma concisa y plástica el trato que Rusia da a los “renegados”: “Yo crecí con los ideales soviéticos. A los traidores se los escupe, se los atrapa, se los dispara o se los cuelga. Y después uno se mea sobre su tumba”.

Londres-Moscú, tensa relación

A todo ello se suma la tensa relación histórica entre Rusia y Reino Unido. Según el experto Schmidt-Eenboom, tras el fin de la Guerra Fría, la mayoría de los servicios secretos occidentales revocaron su hostilidad hacia los antiguos países del este, pero los británicos no. “El resultado se vio en la guerra chechena, donde la inteligencia británica mostró una persistente presencia. Chechenia fue también el lugar donde el MI6 reclutó a muchos tránsfugas procedentes de Rusia”, explica.

Reuters

Por otro lado, numerosos oligarcas rusos se han asentado en Londres. El profesor Krieger dice que amasaron fortunas inmensas en su país de origen con ayuda del sistema ruso y después se dedicaron a criticar desde su seguridad londinense a los dirigentes rusos.

Krieger considera que el caso del periodista saudí Jamal Khashoggi es similar. “Khashoggi procede del aparato de poder interno saudí. En ese sentido, también es un ‘renegado”. El periodista desapareció en la embajada saudí en Turquía y los investigadores turcos tienen en la mira un comando especial de 15 personas de Arabia Saudí, que viajaron a Estambul el mismo día de la muerte de Khashoggi a su embajada. “Es curioso el hecho de que un médico formara parte de ese equipo de 15 personas”, dice Schmidt-Eenboon. “Sabemos que los modernos métodos de tortura se producen bajo supervisión médica. Eso lo sabemos de Guantánamo y de la prisión de Abu Ghraib, en Bagdad. Es como si, a propósito, hubieran dejado pistas de su participación en la desaparición de Khashoggi”. ¿Trabajo de aficionados, de diletantes? Michael Mueller, experto en los servicios secretos alemanes y autor de diversas publicaciones sobre el tema no lo ve así: “Los servicios secretos no trabajan de forma diletante”, dice Mueller. “Lo que hacen es enviar un mensaje a potenciales sucesores: podemos hacerlo, lo hacemos, nos atrevemos y no permitimos que nadie lo impida”.

Por Notker Oberhäuser

Este contenido se publicó originalmente en DW.COM y puedes ver esa nota haciendo click en el logo:

 

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