Cuando ves el tráiler de una película basada en hechos históricos de cuando ya habías nacido te sientes con suficiente contexto para hablar, tal vez de más, sobre ella. Lo importante, es que al ver “Museo” se mezclan varias cosas que me encantan: situación mediática de ese entonces, antropología, novela policiaca y tecnología (medios digitales). Las noticias en el 85 las daba un medio de comunicación, hoy el streaming de la película será por medio de una de las plataformas más utilizadas para transmitir video de forma digital.

El contenido siempre va a existir, el problema es que vive en un negocio donde la lucha entre la plataforma, la distribución y la creación juegan con amplia elasticidad. El legado histórico y cultural de una nación también pasa por esto, una máscara de jade, las alhajas de un gobernante, los códices con historias que nunca deberían de olvidarse. Ahora llegan en una divertida ficción con nombres que harán que mucha gente destine parte de su valioso tiempo en absorber por gusto, interés o “pasar el rato”.

Guionistas ganadores de festivales, reconocidos actores nominados y galardonados con premios de actuación y producciones armadas por decenas o cientos de freelancers, tienen que comer. En un mundo con streaming en auge, televisiones 4k y las salas 4D, la propuesta y la decisión para ver un contenido puede ser difícil. Es así, que para poder participar de festivales y también concretar demanda de sala y de audiencia, se hace el plan de estrenarse en salas y luego ofrecer el contenido en Internet.

La magia de hoy se encuentra en que las productoras ya tienen a distribuidores interesados, cosa que no pasaba tanto antes, en poner dinero en algo que va a existir en vez de en algo que ya existe. YouTube Premium tendrá “Museo”, lo veo muy lejano a una apuesta, ya que el dinero de la publicidad es una cosa y la otra es el de los suscriptores de un servicio, pero como alguien que paga el servicio, agradezco la gentileza de la oferta.

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Ahora todos tienen contenido exclusivo, pagas una anualidad por una serie, una película o lo que venga y luego en ese momento de “pasar el rato” empiezas a ver todo lo demás que ofrecen las plataformas que pagas, pero no utilizas. Aunque bueno, cuando lo volteas a ver, muchos seguimos pagando el cable y muchos partidos que cuentan los vemos en el restaurante o en alguna plataforma de streaming. La marea se ha normalizado, pero las olas de contenido apenas empiezan a levantarse; ganamos como consumidores de contenido, pero hay que estar muy cercanos al presupuesto del hogar con los servicios que contratamos y crear una buena métrica para el intangible del hogar, el entretenimiento.

Al final del día, en “Museo” podemos ver un entretenimiento de nostalgia, como bien mencionó Diana Gómez, de Sensacine. En esa vida tras el terremoto de 1985 en donde hay interacciones que ya no se ven de las familias mexicanas antes de Internet, música de Cri-Cri entre LPs y el boom del walkman y los casetes. Muchos ya empezamos a darnos cuenta y ver ese museo del entretenimiento familiar crecer en nuestros cajones o el estudio donde guardamos recuerdos de un pasado análogo, con menos información, con menos emociones, pero sin tanta presión de tiempo; un pasado en donde el tiempo tenía un valor personal y no exclusivamente comercial.

 

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