A pesar de que por este lunes 10 no habrá una imposición de aranceles de 5% por parte del gobierno de Estados Unidos, el presidente de ese país, Donald Trump, dejó en claro que su decisión puede implementarla en cualquier momento. Ante esa amenaza, que soslayaría los esfuerzos del gobierno de México por cumplir un acuerdo para endurecer las acciones antimigrantes, hay quien plantea sustituir la compra de artículo de procedencia estadounidense por los de otras nacionalidades, preferentemente mexicana. 

¿Es viable o posible dicha propuesta para ejercer presión ante el amago de Trump? De hacerse realidad, ¿esto podría traer consecuencias negativas a nuestra economía? Una eventual sustitución de importaciones, ¿qué beneficios tendría para nuestro país?

Alejandro Calvillo Unna, director general de Poder del Consumidor, hizo un llamado a la población mexicana a dejar de consumir productos importados de nuestro vecino del norte, como medida de presión en caso de que el presidente estadounidense cumpla el siguiente lunes lo anunciado.

Calvillo asegura que los consumidores mexicanos tiene un gran poder de elección de compra en sus manos, ya que ante este conflicto entre el gobierno mexicano y el estadounidenses, la sociedad civil puede intervenir para ejercer presión. “No se trata de ir contra las marcas, se trata de ir en contra de productos importados de Estados Unidos”, aseguró.

A pesar de que hay productos norteamericanos de los cuales los mexicanos no podemos prescindir, como medicamentos, hay otros que sí, como en los sectores de alimentos, ropa o calzado, subraya el director de Poder del Consumidor.

Estas acciones se deben de ir reforzado culturalmente, “hay que comprar lo local o regional, eso fortalece las economías nacionales o locales. Hemos abandonado los mercados regionales o de poblados, donde vendían alimentos saludables”, indicó.

Pros y contras de la propuesta

Los consumidores eligen los productos por la calidad y el precio, mas no por su origen, por ello la dificultad de que llegue a realizarse la propuesta, sostuvo Fernando Vera, profesor del Tecnológico de Monterrey, quien además resaltó que es poco probable la coordinación masiva de todos los compradores.

De hacerse realidad, este hecho sí tendría un impacto macroeconómico, sin embargo el conflicto arancelario es recurso político de presión por parte del presidente Donald Trump para incentivar a su electorado con el tema migratorio, ya que se se acerca tiempo de su campaña para reelegirse, aseguró el académico.

En el caso de optar por consumir productos nacionales en lugar de estadounidenses, explica el experto, se incrementaría el precio de los mismos, ya que se tendrían que conseguir esos mismos artículos de otra procedencia, mientras el único afectado sería la población y sus necesidades.

Resaltó que se debe de mantener la confianza en el Gobierno Mexicano, ya que esa fue la elección de la ciudadanía en los comicios del años pasado. De igual manera sugirió que mantenerse informado es la mejor manera en que la sociedad puede contribuir ante estos asuntos.

En cuanto a la dependencia económica de México con respecto a su vecino del norte, Fernando Vera explicó que es algo que nuestro país debe utilizar a su favor, aprovechar esa relación económica, pero con un equilibrio. Si bien es cierto que hay países sudamericanos han logrado separarse económicamente de Estados Unidos, si nuestro país elimina esa relación sería un suicidio, por la rapidez de la circulación de productos entre las dos naciones.

“Un camión de México a Estados Unidos tarda como ocho ocho horas, a diferencia de un producto que quiera mandar China va a tardar 21 días. Esa ventaja la tenemos que aprovechar”, indicó.

Al exportar más de lo que importamos, en productos norteamericanos, el impacto de esta propuesta se reduce, aunque lo interesante de la misma no se descarta, afirmó Raúl Vázquez, investigador del Instituto de Investigaciones Económicas de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM).

Ante una eventual sustitución de importaciones, refirió, los productores mexicanos tendrían que aceptar o “hacer un pacto” de no subir los precios de sus productos en el país, ya que en el extranjero son más altos, además abundó que hay artículos mexicanos que tienen calidad pero son más caros y el consumidor no tiene el poder adquisitivo.

“Es una buena iniciativa pero habría que ver qué productos sí y cuáles no. En ese caso los productores mexicanos no tendrían que incrementar los precios”, sostuvo el académico de la máxima casa de estudios.

En cuanto a los impactos negativos estaría el riesgo de aumento a la inflación, por el eventual incremento de precios antes mencionado, así como menor diversidad de productos para los consumidores y una depreciación en el peso en cuanto al tipo de cambio como respuesta al ciclo inflacionario.

Sin embargo no descartó los aspectos positivos de la propuesta, como que se impulsaría el superávit en la balanza comercial, siempre y cuando se logre esa sustitución de importaciones, al igual que, no descartó la invitación de motivar a la población de consumir lo nacional.

En ese sentido, también expuso la necesidad de promover una política de diversificación productiva y comercial, independientemente de las negociaciones del T-MEC.

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