A petición expresa de Forbes, los autores del segundo estudio anual sobre el estado de la innovación en México y América Latina ofrecen un diagnóstico detallado sobre la materia y afirman que la innovación empieza a germinar. Sin embargo, aún falta una estrategia para materializarla.

 

Por Guillermo Lagos y Luis Arnal*

Al igual que el resto de améri­ca latina, Méxi­co enfrenta un reto, pero también la oportunidad de incrementar los bajos niveles de productividad que permitan crecer a tasas más acele­radas y sostener el progreso social y económico que se ha tenido en años recientes. Una de las causas más im­portantes de la baja productividad es la escasa –o deficiente– innovación que se hace en el país.

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Los desafíos a la innovación han sido muchos y muy variados, desde el marco institucional hasta la escasa inversión y la estructura de pro­ducción, lo cual se refleja en ciertos indicadores como los bajos niveles de investigación y desarrollo (I+D), que se ven reflejados en el número de patentes registradas (222 el año pasado, comparadas con las más de 3,000 de India y 8,700 de China) y en otros factores cualitativos.

Si bien estas condiciones limitan el crecimiento económico y el progreso social, debemos reconocer que Mé­xico tiene una de las economías más abiertas del mundo; quizá la menos proteccionista de América Latina.

Las recientes reformas estructurales aprobadas por el Congreso y en vías de aplicación por el Poder Ejecutivo Federal están abriendo nuevas opor­tunidades de desarrollo en sectores estratégicos como telecomunicacio­nes, energía, servicios financieros, que están atrayendo inversión, tecnología e innovación.

Esto crea un ambiente com­petitivo sano entre empresas en México y está provocando que cada vez más organizaciones tengan interés por innovar. Este año, por ejemplo, han participado un número mayor de empresas de varios tamaños y sectores, y en varios rubros se nota un avance cualitativo y cuantitativo en la im­portancia de la innovación como una función estratégica crucial.

Los resultados del Segundo Estudio Anual sobre el Estado de la Innovación, que el EGADE Business School e INSITUM han realizado, dejan ver claramente dónde están las mayores oportunidades y cuáles son los retos que las grandes organi­zaciones presentan al momento de innovar. A partir de esto, resumimos algunas ideas sobre la innovación en México: El ‘expertise’ se está desa­rrollando. Notamos respuestas más elaboradas y completas que demues­tran cierto grado de experiencia y mayor conocimiento del tema.

Los procesos formales se están implementando. Este año hay un mayor número de empresas que comienzan a implementar procesos de innovación y metodologías más formales y rigurosas.

La innovación comienza a per­mear otras funciones. Cada vez son más diversos los proyectos de innovación, abarcan más áreas en la organización y más personas siendo responsables de innovar.

Falta mucha estrategia para dar sentido a la innovación. Aunque muchas empresas se creen creati­vas, todavía hay mucho por hacer para darle un sentido estratégico a la innovación.

El compromiso del ‘top mana­gement’ es escaso. No es suficiente con tener al ceo involucrado en las iniciativas de innovación, sino que debe de existir un compromiso por hacerlo (esto no es visible en muchas organizaciones todavía).

La escasa colaboración es una debilidad. Para muchas orga­nizaciones, la desconfianza, la sobreprotección intelectual, la confidencialidad o la cultura indivi­dualista son los factores que siguen perjudicando el trabajo en equipo y la capacidad de ejecución.

Las empresas más pequeñas tie­nen mayor dificultad para innovar. Sigue existiendo el mito de que la innovación requiere un gran presu­puesto, cuando en realidad no hay correlación entre la creatividad y el presupuesto. La innovación es más cara si no se hace.

La inversión es tímida, pero tiende a crecer. Se percibe una clara tenden­cia a incrementar el presupuesto en innovación. Aquellas organizaciones que han obtenido resultados positi­vos con innovación tienden a invertir más en años subsecuentes.

La cultura es el talón de Aquiles. En muchas organizaciones siguen existiendo barreras culturales: visión de corto plazo, aversión al riesgo y al fracaso, desconfianza y bajos incen­tivos personales a innovar.

Hay mucho por hacer, pero va­mos en la dirección correcta. Como suele suceder, las oportunidades son muchas y cuando hay demasiadas opciones nos cuesta trabajo decidir por dónde empezar. Hacer innova­ción no es una tarea fácil, requiere disciplina, compromiso, presupuesto y capacidad de ejecución. Pero todos sabemos que hasta el reto más difícil comienza dando el primer paso.

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