—¿Por qué compraron una marca que no producía nada? —, se le pregunta a Said Farah.

Farah y su socio, Francisco Arrañaga adquirieron la marca de mezcal Divino Maguey en 2015.

—Porque nos gustó el nombre—, responde Farah detrás de una mueca de sinceridad.

Se podría decir que no la compraron en el estricto sentido de la transacción comercial, sino que hicieron lo que se conoce como un trueque.

Un trueque de una marca de mezcal que prometía mucho, pero no producía nada, a cambio de una camioneta Ranger.

Y el negocio resultó.

Aunque Divino Maguey se mantuvo en la congeladora durante un tiempo más, para 2020, un mes antes de iniciadas las restricciones de la pandemia, Farah y Arrañaga se unieron a Jorge Zavala, un empresario restaurantero del sureste del país, quien ha sido el artífice de la fama que ha cobrado la firma, la cual empezó en algunos de los principales destinos de playa de la región, como Tulum, Cancún y Playa del Carmen.

El plus de una marca de nombre melodioso estaba en la innovadora propuesta de la bebida: un mezcal para no mezcaleros, como define Farah.

“Lo que buscábamos es que alguien de Yucatán, Campeche, Quintana Roo, que no estaba acostumbrado a los destilados, pudiera tomar mezcal, por lo que bajamos la graduación a 42 grados de alcohol, y le añadimos un toque dulce y cítrico, que lo hace mucho más amable al gusto”, explica.

Divino Maguey se convirtió así en una puerta de entrada para quienes se inician en el mundo del mezcal, tumbando el mito que dice que el mezcal debe ser mucho más fuerte y astringente al paladar.

Otro de los recursos que utilizaron los empresarios mezcaleros, quienes también dirigen y son cofundadores de Sociedad Tlacuache, fue adentrarse en el mundo de la coctelería.

Foto: Jorge Zavala, Francisco Arrañaga y Said Farah.

“Todo el mundo dice que el mezcal se toma solo. Lo que nosotros hicimos fue crear cocteles sencillos con Divino Maguey y subirlo a redes sociales”, evoca el productor mezcalero.

La venta de esta firma de mezcal ascendió un nivel más cuando Zavala y su equipo implementaron una estrategia comercial que ha consistido en capacitar a 22 personas que recorren las principales ciudades y destinos turísticos de la República, evangelizando en restaurantes, centros nocturnos y de consumo sobre la cultura, historia y bondades que encierra la bebida típica de Oaxaca.

“No son vendedores que llegan a ofrecer un producto, sino que son personas que comparten la riqueza cultural del mezcal”, reafirma Farah.

En cuestión de un par de años, Divino Maguey ha pasado de ser una marca conocida por unos cuantos, a vender unas 30 mil piezas mensuales, 66% de las cuales se van al mercado internacional.

Divino Maguey es parte de la nueva ola de mezcal mexicano que llega a buena parte del mundo: de los 7.4 millones de litros que se producen de la bebida, 63% se exporta, de acuerdo con cifras del Consejo Regulador del Mezcal.

De acuerdo con Farah, Divino Maguey hoy cuenta con presencia en Europa, Centro y Sudamérica, Estados Unidos, Canadá e incluso África.

La mezcla de todos estos elementos, que van desde el nombre hasta una forma innovadora de comercializarlo, ha hecho de Divino Maguey una bebida artesanal que rápidamente ha atraído a un público diverso.

Para atender esa pluralidad de consumidores, el equipo encabezado por Farah, Arrañaga y Zavala creó cinco etiquetas distintas de Divino Maguey: Espadín, de sabor suave y proveniente de un agave joven; Tepeztate, un mezcal premium de agave silvestre, así como el Cuishe, que empuja la mineralidad y los sabores más complejos.

En el portafolio también está el Tobalá, al que se agrega cáscara de piña seca entre la segunda y tercera destilación, y la explosiva etiqueta roja, destilado con tamarindo y cinco diferentes chiles de la región. Este último representa la mitad de la exportación de Divino Maguey.

Farah proyecta que Divino Maguey se convierta en la segunda marca más vendida entre las firmas de mezcal artesanal del país para finales de 2023 Para ello, diversificarán sus canales de distribución y fortalecerán su presencia en nuevas ciudades del mercado nacional.

Lo que empezó por un nombre y un trueque hoy se ha convertido en un reflejo de lo que representa el potencial de crecimiento que vive el mezcal mexicano ante el mundo.

 

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