La integración de Centroamérica, un sueño largamente alimentado, puede convertirse en una realidad. Para la primera mitad del siglo XXI se pronostica un mundo multipolar donde las actuales potencias dominantes, en franca decadencia, tendrán que subordinarse a las regiones más prósperas, y una de ellas podría ser ésta.

 

Por Alberto Monterrojo

 

En 2050 se visualiza a naciones que defienden intereses compartidos, entre otros que han construido alianzas regionales para explotar sinergias e intereses complementarios. Es el caso de Centroamérica, con dos canales interoceánicos y la incorporación de países del Caribe,habrá construido un bloque económico,social y humano equivalente al de los viejos Tigres de Asia.

La tercera economía más importante de América Latina, detrás de Brasil y casi a la par de México, tiene además un importante patrimonio petrolero. No sólo albergará uno de los cinco centros financieros más importantes del mundo, sino un corredor turístico y comercial de primer orden y un destino para la investigación informática.

 

Futuro en datos duros

Lo anterior es un ejercicio optimista apoyado en tendencias históricas, noticias recientes, estudios de consultoras (PwC y Accenture) y organizaciones regionales como la CEPAL. Por ejemplo, Accenture confirma que en el mundo multipolar, la actividad económica gravita cada vez más alrededor de las poderosas economías de Asia y América Latina.

El Centro del Agua para América Latina y el Caribe, una iniciativa conjunta del Instituto Tecnológico de Monterrey, la Fundación FEMSA y el Banco Interamericano de Desarrollo, ha señalado uno de los factores que podrían hacer la diferencia: la amplia disponibilidad de recursos hídricos, que en el futuro serán motivo de disputa. El Centro explica que América Latina y el Caribe proveen alrededor de un cuarto del requerimiento alimentario del mundo, y que “esta es una razón de peso para que la región busque convertirse en un líder en eficiencia hídrica en la cadena de suministro”.

Los hidrocarburos podrían ser otro pilar del “milagro centroamericano”. Panamá ya localizó cuencas geológicas potencialmente productivas en el Darién, el Golfo de San Miguel, el Golfo de Panamá, Bayano y Bocas del Toro.

Centroamérica tiene un importante papel reservado en el futuro y armas para afrontarlo. Los siete países que integran su estrategia básica (Guatemala, Belice, Honduras, El Salvador, Nicaragua, Costa Rica y Panamá) suman un territorio de 522,000 kilómetros cuadrados, más que España y el doble que el Reino Unido. Sus 44.6 millones de habitantes equivalen a la población de España o Colombia, más que Argentina y el doble que Australia. Según varias proyecciones, en 2050 serán más del doble, casi 106 millones, y con un alto porcentaje de jóvenes en edad productiva. Aun con sus notorias diferencias en el desarrollo económico, liderado ahora por Panamá y Costa Rica, Centroamérica exportó en un año más de 67,000 millones de dólares (mdd).

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Destino de grandes potencias

PwC (antes PricewaterhouseCoopers), en su estudio El mundo en 2050, analizó el comportamiento posible de las principales economías, donde incluye al G7 y a España, Australia y Corea del Sur. Asimismo, incluye las siete economías emergentes, conocidas como E7 (China, India, Brasil, Rusia, Indonesia, México y Turquía) y a Sudáfrica, Argentina, Arabia Saudita, Nigeria y Vietnam. Son 22 economías, algunas con más potencial que otras, a las que debemos incorporar “Centroamérica Integrada”.

Ya lo ha visto Hugo Martínez, secretario general del Sistema de Integración Centroamericana (sica), cuando afirma que, unidos, las oportunidades se multiplican. “Con nuestros países integrados y compartiendo visiones, somos una tierra grande, con una masa crítica que nos permite trabajar y negociar en bloque, con economías de escala y complementariedad”.

 

Razones de peso

Faltan 35 años para 2050, puede ser mucho o poco, según se mire. En la región  hay varias razones para la esperanza, empezando por la posibilidad, todavía brumosa, de que Nicaragua pueda tener el Gran Canal Interoceánico, similar al de Panamá, ya adjudicado a inversionistas chinos y que podría estar en obras dentro de uno o dos años.

Con una inversión estimada en 40,000 mdd y la creación de un millón de nuevos empleos, el Gran Canal Interoceánico de Nicaragua representa el futuro para todos los países centroamericanos, dijo el presidente del Parlamento Centroamericano (Parlacen), Leonel Vázquez Búcaro.

Por difícil que parezca la construcción, el mercado parece darle la razón porque el transporte naviero representa 80% del volumen del comercio mundial. Según el informe Review of Maritime Transport 2013, de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (unctad, por United Nations Conference on Trade and Development), en 2012 la carga marítima aumentó 4.3%, hasta 9,200 millones de toneladas. A ese ritmo, en 20 años podría haberse duplicado. Un nuevo canal no suena excesivo.

La integración económica y comercial de Centroamérica, incluyendo República Dominicana y otros países caribeños, tampoco es un sueño irrealizable. El integracionismo parece la única respuesta a la estructura de este grupo de pequeños países. Uno de los avances es el Tratado de Libre Comercio entre República Dominicana, Centroamérica y Estados Unidos (también DR-CAFTA), que abrirá un potencial comercial de 30,000 mdd, y que potenciará la Iniciativa de la Cuenca del Caribe, otra propuesta de los años 80. Más de 20 países incluidos México y Cuba–, forman parte de la Asociación de Estados del Caribe, organismo de vinculación económica y comercial.

Y el Sistema de Integración Centroamericana (SICA), nacido en 1991, ha sido reconocido por las Naciones Unidas y mantiene relaciones permanentes con Mercosur, la Unión Europea, la Comunidad Andina y otras organizaciones. Todo esto muestra que, más allá de tropiezos, la integración regional podría ser realidad a mediano plazo. Digamos antes de 2050.

Alguien dijo con mucha elocuencia: “La unidad de nuestros pueblos no es simple quimera de los hombres sino inexorable decreto del destino”.

 

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