Estos vehículos incluirán sensores de gestos y de humor, análisis de la conducta del consumidor y servicios centrados en el cliente y en el auto.

 

¿Te gustaría comprar un “auto conectado” o qué tal un “auto autónomo”? Cada vez está más cerca la posibilidad de tener un vehículo con esas características. Un 80% de los compradores de automóviles a nivel mundial dijo que preferiría retrasar la compra de un carro nuevo por modelos con funcionalidades de conectividad, según una reciente investigación de AT&T Drive Studio y Ericsson. Y tú, ¿también esperarías?

Debemos entender por “auto conectado” como aquel vehículo equipado con una conexión inalámbrica a internet, lo que significa que podrá correr aplicaciones como servicios de música en streaming y radio por internet, servicios de navegación con actualizaciones de tráfico en tiempo real, realizar búsquedas locales y mucho más. Esta conectividad también permite que el auto funcione como un punto de acceso Wi-Fi.

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Aun cuando es un mercado incipiente, los pronósticos respecto a éste no se han hecho esperar. De acuerdo con un informe de Gartner, en 2020 unos 150 millones de vehículos estarán conectados vía Wi-Fi, y entre 60% y 75% podrán consumir, crear y compartir datos basados en la web. La conectividad añadida permitirá a los fabricantes de automóviles cambiar su modelo de negocio de puro hardware a innovadores tecnológicos que obtienen ingresos de las aplicaciones móviles.

La firma de consultoría también predijo que para 2018 dos fabricantes de automóviles habrán anunciado planes para convertirse en compañías tecnológicas y expandir su experiencia en los vehículos conectados a otras industrias y dispositivos. Y para 2020, al menos una compañía automovilística obtendrá 10% de sus ingresos totales de su oferta de movilidad conectada y servicios asociados.

Aunado a estas predicciones, los “autos conectados” no sólo podrán capturar y compartir el estado de los sistemas internos y datos de localización, sino que también agregarán innovaciones tecnológicas y de contenido, tales como sensores de gestos y de humor, análisis de la conducta del consumidor y servicios centrados en el cliente y en el auto.

De igual manera, las aplicaciones estarán adaptadas a los servicios en el vehículo, tales como citas para mantenimiento, contenidos relativos a la conducción, como actualizaciones de navegación en tiempo real, y facilitar servicios de video y música, e incluso la capacidad de compra en línea o encontrar y pagar el estacionamiento en línea.

La Encuesta Global de Vehículos Conectados, realizada por Accenture, reveló que para 51% de los encuestados la principal prioridad con respecto al uso de servicios conectados es que les permita conducir mejor. El 72% de los conductores espera una alarma de colisión frontal y delantera, el 67% un dispositivo de visión nocturna y el 62% una alarma de alerta de cambio de carril y de “puntos ciegos”, como parte de las tecnologías de información y los sistemas de soporte de manejo que mejoren su conducción.

Además, el 80% de los consumidores busca extender su experiencia digital a través de su automóvil y el 66% consideró que la tecnología interna del carro tiene una mayor influencia en la decisión de compra, que el desempeño de manejo.

Blue Coat Systems advierte que como cualquier dispositivo con conectividad a internet, los “autos conectados” también pueden ver comprometida su seguridad, y entre más funciones se incorporen, la amenaza de ataques maliciosos se incrementa. En el grado de “hackeabilidad” de un coche intervienen principalmente tres factores:

  1. La arquitectura de su red interna.
  2. La superficie de ataques remotos.
  3. La ciberseguridad de sus componentes físicos.

Los participantes en el desarrollo de estos “autos conectados” deberán garantizar que no existe algún agujero fácil de explotar, pues un coche hackeado pone en riesgo la integridad del conductor y de sus acompañantes. Un atacante puede tomar el control de los frenos o el volante, poniendo en peligro la vida de los usuarios.

 

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