Por Isabel Studer Noguez*

La conservación de la naturaleza es un elemento indispensable para que el próximo gobierno pueda atender efectivamente los retos de crecimiento económico y reducción de la desigualdad y la pobreza en México. Aunque la mayoría lo olvidamos, o lo damos por sentado, la naturaleza (el agua, los suelos, el aire, los bosques y las selvas, los ríos y los mares) es esencial para satisfacer las necesidades más elementales de la humanidad, como son la seguridad alimentaria e hídrica. Con frecuencia, la naturaleza es la fuente de las soluciones más eficientes, menos costosas y mejor probadas para enfrentar retos como la contaminación del aire, el deterioro de las fuentes de agua y las inundaciones, la reducción del impacto de los huracanes y de la temperatura del planeta, entre otros. Es evidente que solo a través del manejo sostenible de los recursos naturales podremos garantizar la prosperidad y bienestar de nuestra sociedad.

Afortunadamente, en México, aunque hay todavía mucho por hacer, existen numerosos ejemplos que demuestran que lograr una transformación que armonice la conservación de la naturaleza y promueva el desarrollo económico y social de las personas es posible. Algunos ejemplos son la agricultura de conservación que, como la milpa maya, procura la mínima perturbación del suelo, mientras incorpora rastrojo y otra materia orgánica, al tiempo que diversifica las especies cultivadas (maíz, con frijol y calabaza, por ejemplo). Estas prácticas, que ya se han adoptado exitosamente en muchas regiones de nuestro país, permiten tanto evitar la deforestación como evitar la degradación de la tierra y, sobre todo, mejorar la productividad de los pequeños productores rurales.

Otros, se refieren a la conservación y restauración de la infraestructura verde, por ejemplo, bosques y parques, que permiten asegurar el abastecimiento de agua a las ciudades, mitigar los riesgos de inundaciones y reducir la contaminación del aire y las olas de calor. Como ejemplo están los fondos de agua de la ciudad de Monterrey y de la Ciudad de México, parte de la Alianza Latinoamericana de Fondos de Agua.

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Quizá una de las estrategias con mayores expectativas de éxito para mitigar el cambio climático son las denominadas “soluciones climáticas naturales”. Según estudios científicos, la naturaleza podría conseguir, mediante técnicas económicamente rentables y sostenibles, el 37% de la reducción de las emisiones de Gases de efecto invernadero requeridas para 2030. México es uno de los países que tiene mayor potencial para reducir emisiones mediante la adopción de estas soluciones.

Considerando los compromisos de México con el Acuerdo de París, mismos que están contenidos en la Ley General de Cambio Climático, podemos acelerar las inversiones del sector público y privado en soluciones como la deforestación evitada, la restauración de los suelos y de los manglares, entre otros. Con ello, pueden:

  • Reducirse los costos de cumplimiento con las obligaciones internacionales para mitigar emisiones de gases efecto invernadero y capturar carbono en nuestros bosques y selvas, pastizales, humedales y manglares de México.
  • Asegurar enormes beneficios para las comunidades que dependen de estos ecosistemas, contribuir a la seguridad alimentaria, al abastecimiento sostenido del agua, a la conservación de la biodiversidad y los paisajes que son esenciales para el turismo, la producción forestal, etc.
  • Darles tiempo a las energías renovables para consolidarse como una fuente de electricidad y combustibles en la matriz energética mexicana.

Para lograr un México próspero, el próximo gobierno deberá hacer de la conservación del patrimonio natural de los mexicanos una prioridad. Las herramientas y soluciones están a nuestro alcance, pero requerimos un compromiso público por parte del próximo presidente y de los líderes de los partidos y del poder legislativo de que así será. También será indispensable que la conservación de la naturaleza no sea un asunto limitado a la Secretaría de Medio Ambiente y Recursos Naturales, sino que sea integrada de manera transversal en el Plan Nacional de Desarrollo (PND) y de todos los programas y políticas públicas que habrá de diseñar e implementar el próximo gobierno. En otras palabras, debe ser un objetivo prioritario de la política económica y fiscal, del desarrollo turístico, de la política agropecuaria y pesquera y del desarrollo de infraestructura. Esta visión la hemos convertido en un llamado que diversas organizaciones ambientalistas estamos haciendo a los candidatos presidenciales con las “10 propuestas para proteger la riqueza natural de México”.

También será esencial el trabajo colaborativo entre gobierno y la empresa privada, y entre estos y la sociedad civil y las universidades, pues es impensable que el desarrollo sostenible pueda lograrse exclusivamente como resultado de las políticas gubernamentales. Preservar la naturaleza, que es la base de la vida, es hoy uno de los más grandes retos de México y de la humanidad, y esperamos que el próximo gobierno esté a la altura de asumirlos.

*Directora Ejecutiva The Nature Conservancy México y el Norte de Centroamérica.

 

Contacto:

Twitter: @isastuder

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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