La evolución que ha sufrido la economía global  ha hecho que cumbres como el Foro Económico Mundial, el G-8 y G-20, obedezcan a necesidades específicas en materia de diplomacia internacional. Sin embargo, es evidente la falta de un organismo de auditoría internacional a la hora de cumplir con los compromisos adoptados. 

 

Más de 1,500 líderes empresariales, 40 miembros de la élite política, incluso, 14 premios Nobel,  participan en la reunión anual del Fondo Económico Mundial (WEF por sus siglas en inglés) 2015, que arrancó este 21 de enero en Davos, Suiza.

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En el marco de la cubre, ¿este tipo eventos funcionan como espacios para alcanzar acuerdos entre naciones o son, pese a los esfuerzos, paliativos para el progreso económico a nivel global?

El WEF es un foro donde se cierran grandes contratos,  se firman cooperaciones, pero es, al final, un espacio de negocios, explica Leticia Armenta Fraire, directora del centro de análisis económico del Tecnológico de Monterrey, en entrevista con Forbes México.

“No es el foro donde se establecen compromisos de tipo político que involucren a las naciones representadas ahí. En su base, al no tener esas características, no podríamos exigir un cumplimiento de acuerdos a nivel ministerial”.

En cuanto a  cumbres como el grupo de los ocho (G8), —donde participan Estados Unidos, Japón, Canadá, Francia, Alemania, Rusia y la Unión Europea—, o el G20 —que incluye a México—,  que sí son foros gubernamentales, Armenta explica que hay una serie de condiciones que limitan los acuerdos, pues “no hay una autoridad  que pudiera ejercer presión a los distintos gobiernos. Cada una de las entidades son soberanos con estados nacionales que, en sí mismos, son autónomos”.

“Se buscan estas asociaciones para lograr acuerdos entre naciones independientes. No hay un organismo supranacional que sancione el cumplimiento o no de los compromisos”.

Aunque el grupo de los siete (G-7) y el G-20 prometió mejoras en la transparencia sobre datos de sus países, la información permaneció oculta al dominio público en 90% de las 86 naciones encuestadas para un estudio realizado por la Web Foundation —entre las que participaron Reino Unido, Estados Unidos, Alemania, Chile, México, entre otros—.

No sólo se reúnen para problemas generales, sino para temas más específicos como las estrategias de empresas como Apple, Amazon y Google para gravar menos impuestos. En junio de 2013, el grupo de los ocho  prometió medidas más severas contra estas prácticas. Y las propuestas fueron pocas al final de esta cumbre en Irlanda del Norte.

Sin embargo, en noviembre de 2014, la Comisión Europea suscribió una propuesta para modificar la legislación en Europa  con normas que reduzcan “drásticamente el nivel de elusión fiscal”.

“La Directiva sobre matrices y filiales se concibió para evitar que sociedades del mismo grupo ubicadas en diferentes Estados miembros fueran doblemente gravadas por los mismos ingresos. Sin embargo, hay empresas que han utilizado las disposiciones de esta Directiva y las disparidades existentes entre los regímenes fiscales de los Estados miembros para no tener que tributar en ninguna parte”, expresó la Comisión Europea en un comunicado.

Aunado a la regulación empresarial, otro punto que frena los acuerdos es que los gobiernos difícilmente pueden tomar por cuenta propia el crecimiento económico de una nación, puntualiza la catedrática del Tecnológico de Monterrey.

“El crecimiento económico es la suma de las voluntades de la sociedad. Depende tanto de los productores como de los consumidores. Aunque el gobierno  tiene una fuerte influencia y puede,  a través de sus políticas económicas, alentar un cierto desempeño, difícilmente está en sus manos lograrlo”.

Ocurre lo mismo con los niveles de la pobreza, que, según la académica, es el resultado de las decisiones que toman las sociedades en sus países. También recuerda que existen instrumentos fiscales que pudieran buscar resultados diferentes, pero es la sociedad quien tiene la capacidad de transformar sus condiciones.

“Sería deseable, ideal, que las grandes corporaciones atendieran los grandes conflictos mundiales a nivel económico.  No obstante, su razón de ser, su móvil, está motivado a su ganancia. Davos es ideal para sensibilizar, tanto a las empresas, como a los gobiernos que es necesario actuar en conjunto, a nivel global, en términos sociales”.

 

Prórroga a la contaminación

Cerca de 3,000 millones de personas en todo el mundo viven sin acceso a combustibles y tecnologías menos contaminantes para cocinar, calentar espacios y alumbrarse.

Más de 7 millones de personas —una de cada ocho del total de muertes mundiales—, murieron a causa de la exposición a la contaminación atmosférica o del aire de interiores, dijo la Organización Mundial de la Salud (OMS) al inicio de 2014.

Además, según sus estimaciones, 4.3 millones de personas mueren cada año en el mundo a causa de la contaminación del aire en los hogares emitida por fogones rudimentarios de biomasa y carbón.

La catedrática recuerda que existen cumbres específicas para el tema de la contaminación, como el protocolo de Kioto, propuesto por la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que vio la luz en 1997 y al que se han sumado más de 180 países —entre ellos Estados Unidos, Alemania, China y México— para reducir las emisiones de gases invernadero en los países industrializados.

Y este acuerdo tampoco ha sido suficiente, ya que durante la Puerta climática de Doha en 2012, los países participantes aprobaron una prórroga de ocho años (es decir, hasta 2020) para cumplir con los lineamientos de Kioto.

Varias delegaciones reconocieron, según una nota de la ONU, que el acuerdo final en Doha no satisface las recomendaciones de los científicos, que pedían “medidas drásticas para evitar un calentamiento que está provocando olas de calor, inundaciones, sequías o la subida de los niveles del mar”.

“Hay naciones que se niegan a firmarlo porque impacta a su desempeño económico”.

En diciembre de 2011, Canadá se retiró del protocolo de Kioto para evitar las multas que se le impondrían por no cumplir con los acuerdos para reducir la contaminación ambiental, pues Canadá es la tercera nación con mayores reservas de petróleo en el mundo.

Muchos de estos acuerdos dependen en gran medida de la voluntad, reconoce la académica. Un elemento que podría perfeccionarse, serían los grandes mercados de carbono en donde las empresas reciben algunos bonos por disminuir el impacto ambiental, sin embargo, ella insiste en que Davos tal vez no sea el foro adecuado para ello.

 

Diplomacia, siempre necesaria pese a frenos

A pesar de las limitantes que enfrentan estos eventos internacionales, el espacio para el diálogo entre países y empresas sirve para exponer problemas actuales que aquejan desde hace mucho tiempo a los países, y cuyos líderes actuales, no son, en algunos casos, directamente responsables.

“Tenemos muy presente la crisis financiera de la que el mundo no termina de salir. Queremos juzgar con ese cristal a estos grupos.  Lo cierto es que ellos obedecen a conflagraciones mundiales del pasado y buscan acuerdos entre grandes potencias. Sobre esas es que se trata de avanzar temas actuales. Pero su razón de ser no es pronosticar”.

Además, Armenta comenta que, cuando surgen estas cumbres, hubo una conformación de la economía mundial, y hoy, las naciones emergentes están buscando otro tipo de diálogo en el que ellas mismas están tratando de  realizar, como grupo, otro tipo de acciones y acuerdos.

En julio de 2014, el bloque de países emergentes conocido como BRICS —compuesto por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica —, acordaron la creación de un banco de desarrollo con un desembolso inicial de 10,000 millones de dólares por parte de cada entidad para capitalizarlo.

Según la catedrática, mucho tiene que ver en temas diplomáticos  la evolución que ha sufrido la economía global y organismos como el G8 y G20, van obedeciendo a ciertas necesidades.

“La práctica diplomática es algo siempre necesario, no solamente cuando existen conflictos, sino todo el tiempo. Finalmente, en el mundo, la interrerelación es más estrecha y más ágil. No podríamos dejar de lado ese tipo de prácticas”.

 

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