Por Juan Fernández*

Albert Einstein dijo alguna vez: “Tres grandes fuerzas dominan el mundo: Estupidez, miedo y avaricia”. Podríamos argumentar que la dinámica de los mercados financieros también obedece a estas mismas fuerzas. Yo sustituiría la “estupidez” por “exceso de confianza” pues creo que en el fondo son lo mismo. Y como la avaricia en algún siglo ha sido tipificada como pecado, para estos efectos la llamaré “ambición”.

El crecimiento explosivo de las redes sociales como la nueva fuente primaria de información para muchos inversionistas ha exacerbado el rol que estas emociones primitivas juegan en la toma de decisiones y los movimientos en los mercados financieros. A ello se debe sumar el aparente caos colectivo en el que estamos inmersos actualmente y que se debe a la enorme cantidad de información de todo tipo que nos llega continuamente.

Hace veintitantos años estudié la maestría en finanzas en el ITAM. Ahí nos enseñaron los grandes pilares sobre los cuales se construyeron las teorías financieras modernas: Modern Portfolio Theory, Capital Asset Pricing Model, Arbitrage Pricing Theory, y otros. En el curso incluso recibimos una lectura muy interesante del inolvidable Stephen Ross, recientemente fallecido, quien enseñó estas teorías a legiones de estudiantes en MIT por más de 20 años y quien, estoy seguro, recibirá de manera póstuma el Nobel de Economía.

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Todas estas teorías financieras involucran de una manera u otra los siguientes pilares o supuestos fundamentales:

  • La existencia de una tasa de interés libre de riesgo.
  • El comportamiento de las acciones se basa en su sensibilidad individual ante cambios en lo general.
  • La información disponible ya está incorporada en los precios de las acciones y otros activos financieros.

A continuación, les doy mi opinión actualizada acerca de estos tres grandes pilares.

Pilar 1. Sólido como una roca

Durante muchos años, el referente de la tasa de interés libre de riesgo incorporada en estos modelos financieros fue la tasa pagada por los bonos del Tesoro de los Estados Unidos. Fui educado pensando que el Tío Sam jamás sería cuestionado en su capacidad para pagarle a sus acreedores. La sola idea era un verdadero sacrilegio. Desafortunadamente, y como resultado del bloqueo político en el Congreso para resolver el techo presupuestal de entonces, en agosto de 2011 la agencia calificadora Standard & Poor’s redujo la calificación crediticia de Estados Unidos desde AAA (la más alta posible) hasta AA+, es decir, un escalón por debajo. Esta acción tuvo reacciones muy violentas en los mercados de deuda internacionales. Incluso el gobierno de Obama demandó a S&P por cinco billones de dólares citando que la agencia calificadora había “afectado enormemente a su nación” y que “el downgrade había causado un gran daño a las finanzas del país”.

Adicionalmente, la mayoría de los activos financieros globales, que suman aproximadamente el equivalente a 100 trillones de dólares, están denominados en dólares estadounidenses, por lo que utilizar como proxy a las tasas libres de riesgo de otros países -como Canadá o Noruega, quienes todavía mantienen la calificación AAA- presenta inherentemente riesgos base que impiden su correcta aplicación.

Fun fact: El otro gran centro financiero global, Reino Unido, perdió recientemente dos escalones en su calificación crediticia -hasta AA- a causa del Brexit.

¡Crash! El primer gran pilar de las finanzas modernas se desintegra.

Pilar 2. Beta y otras medidas de sensibilidad

El segundo pilar, es decir, la capacidad de modelar el comportamiento de los activos basado en su sensibilidad individual ante cambios generales en los mercados -factor de sensibilidad generalmente conocido como beta- está basado en correlaciones y desviaciones estándar que se calculan de forma estadística; y que haciendo una reducción se pueden agrupar simplemente bajo el concepto de volatilidad.

Hace unos cuantos días, el índice VIX (el cual mide la volatilidad de las opciones sobre acciones) causó revuelo en los medios especializados al situarse en el nivel más bajo desde 1993. Este índice VIX ha sido llamado el “medidor del miedo” (fear gauge) sobre las acciones cotizadas en Estados Unidos, y una interpretación de su caída es que, actualmente existe una ausencia de turbulencia financiera en los mercados globales, lo que por lo tanto reduce su volatilidad.

La mayoría de los inversionistas considera que estamos viviendo los tiempos más inciertos en la historia financiera moderna… Todos los días hay noticias que ponen la piel de gallina… Pero, ¿la volatilidad implícita en los mercados es la más baja de los últimos 24 años? ¿Really?

¡Pow! El segundo pilar se derrumba.

Pilar 3. Información (y Fake News)

Una interpretación interesante acerca de la caída en el índice VIX y la baja volatilidad registrada actualmente provino de Mark Mobius de Templeton Emerging Markets Group, considerado una leyenda viviente entre los administradores de fondos globales. Él dijo: “Las redes sociales están causando confusión a través de tantas noticias falsas… Mucha de la información se descarta inmediatamente ante el temor que posiblemente sea falsa”. También dijo que, “Las redes sociales están reduciendo la capacidad de atención de la gente… lo cual puede suavizar los impactos de la información correcta”. Y finalmente, esta joya: “Irónicamente, esta turbulencia en redes sociales tiene un efecto relajante en la disciplina del inversionista… Si tenemos toda esta información confusa, y no sabemos cuál es cierta y cual es falsa, entonces podemos decir ‘OK, al demonio, no haré nada al respecto’”.

Es decir, al no poder decidir cuál es la información verdadera y válida para incorporarla en los precios, los inversionistas simplemente deciden no asignarla. ¿En serio?

¡Boom! Las redes sociales y las fake news se encargaron de pulverizar al tercer gran pilar de las finanzas modernas.

Los conocimientos y habilidades de aquellos estudiantes que saldrán al mercado laboral en los próximos meses y años, tendrán que estar adaptados a un nuevo mundo, lejano a lo que nos solían instruir a generaciones pasadas.  Los planes de estudio de estas carreras económico-financieras deberán de incorporar una revisión y modernización del alcance teórico en sus materias para alcanzar a una realidad que, sobra decirlo, se transforma cada vez a mayor velocidad.

*Juan Fernández, es CFO de Engenium Capital

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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