¿Qué tiene que ver la toma de poder de Enrique Peña Nieto con el crecimiento bajo observado para el cierre de 2013? México ha logrado evitar las famosas crisis de fin de sexenio, pero aún no logra escapar de la tradicional desaceleración de inicios de cada gobierno.

 

 

 

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Como bien lo habíamos anticipado desde hace dos años, la economía mexicana no escapó de su tradicional desaceleración en el primer año del nuevo gobierno.

Como sucede desde hace al menos dos décadas, en el 2013 la actividad económica fue afectada por los efectos de contracción que produce la transición política cada seis años.

Esto es resultado del retraso tanto en el ejercicio del presupuesto federal como en las decisiones de inversión del sector privado que siempre produce el cambio de equipo económico y político en el país. Una vez más el ciclo político se hizo presente en la economía mexicana, sorprendiendo así al nuevo gobierno.

A lo largo del 2013 la economía reportó una prolongada desaceleración, con tasas de crecimiento anual cayendo hasta un 0.7% en el último trimestre del 2013 desde tasas por arriba de 3% a finales del 2012.

Así, la economía solo avanzó 1.1% el año pasado, después de crecer 3.9% en el 2012. Es cierto que el entorno externo no fue el más favorable, pero tampoco fue la causa principal de la debilidad económica mexicana, puesto que las exportaciones manufactureras continuaron creciendo en el año aunque a un ritmo menor.

El presupuesto federal reportó subejercicio a lo largo de toda la primera mitad del año, lo cual definitivamente impuso restricción a los proyectos de inversión en infraestructura tanto público como privado. Esto a su vez profundizó la caída del sector construcción, agudizando los problemas financieros que ya venía arrastrando el sector de la vivienda.

México debería aprender las lecciones del pasado, particularmente acerca de la realidad y existencia del ciclo político-económico. Una forma en que el país podría lograr una trayectoria de crecimiento más estable, sin tanta volatilidad cada seis años, es no ignorar el ciclo político y tomar medidas para reducir los efectos negativos de la transición de gobierno. Nuestras autoridades no deberían olvidar que el ciclo político continúa siendo un determinante importante del crecimiento económico cada seis años.

México ha logrado evitar las famosas crisis de fin de sexenio, pero aún no logra escapar de la tradicional desaceleración de inicios de cada gobierno.

Las perspectivas para el 2014 se ven mejor que en el 2013, sobre todo por los efectos de la puesta en marcha de varias reformas aprobadas el año pasado.

A pesar de que la actividad económica a principios del año resultará afectada por la introducción de nuevos impuestos y una mayor inflación, el crecimiento del PIB del primer trimestre no será tan malo porque se beneficiará tanto de la estacionalidad de la Semana Santa como del mayor gasto público. Lo contrario sucederá en el segundo trimestre cuando la menor cantidad de días laborales bajarán el ritmo de actividad.

Al final, en el 2014 la economía mexicana podría remontar un crecimiento anual de entre 2.5% a 3%. Sin embargo si la reforma energética produce una apertura significativa del sector y ello atrae flujos importantes de inversión directa, no se descarta que la economía pudiera crecer alrededor de un 3.5% en el año.

 

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