Por Nora Méndez*

Hace un par de semanas, en el marco de la Cumbre sobre la Acción Climática 2019 de las Naciones Unidas, la adolescente sueca Greta Thunberg lanzó a los gobiernos del mundo y a   todos los adultos, un sentido reclamo por nuestra inacción frente al desastre climático que hemos producido y sus terribles consecuencias sobre el futuro de niños y jóvenes.

En poco más de un año, esta chica de solo 16 años se ha convertido en un ícono del combate al calentamiento global, lo que también la ha hecho blanco de severas críticas de todo tipo, desde aquellas provenientes de los teóricos de la conspiración, hasta aquellos que descalifican su voz señalando su posición privilegiada.

Este aspecto, que algunos consideran debería callar a Greta, es justamente uno de los que a mí me parece más valioso: hablar sí, desde la posición que le da el simple hecho de provenir de la clase media de uno de los países más desarrollados, para ganar visibilidad sobre un problema que nos afecta a todos a nivel global, pero que golpea en especial a aquellos grupos con menores ventajas socioeconómicas, ¿no debería considerarse aún más valioso que hable ella por quienes no tienen voz?

El incremento de los efectos de eventos naturales a consecuencia del cambio climático suele tener mayor impacto en los grupos menos favorecidos, aun cuando solo sea por estar menos equipados para enfrentarlos. 

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En el ámbito urbano, los grupos en mayor desventaja son los más afectados por los efectos que en la salud y, en general, en su calidad de vida tienen la contaminación y la deficiente infraestructura de servicios, en especial de vivienda y transporte público, que los obliga a recorrer enormes distancias.

En el entorno rural, la degradación de suelos y la deforestación impactan en primera instancia la generación de ingresos de quienes menos tienen, llevando incluso a la pérdida de la fuente en su totalidad. En las costas, el incremento en el nivel del agua, acidificación y modificación de corrientes, entre otros efectos del cambio climático, llevan al mismo desenlace en actividades productivas como la pesca o el turismo.

La degradación del medio ambiente tiene, entonces, una repercusión clara en la diferencia social intrageneracional. Pero también, y es quizá en donde se han concentrado los llamados de atención, en una desigualdad intergeneracional, en la medida en la que el agotamiento actual de los recursos naturales privará a las nuevas generaciones de las mismas posibilidades de desarrollo socioeconómico de las que gozamos nosotros.

De ello, la importancia de impulsar estrategias que aborden la complejidad que estos y otros factores imprimen a nuestros modelos de desarrollo.

Por mucho tiempo hemos abordado los temas de desarrollo social, económico y cuidado del medio ambiente como líneas paralelas, sin entender su interdependencia ni la indispensable implementación de políticas públicas integrales que no solo incluyan estas líneas, sino también a los diferentes actores públicos, privados y sociales.

Desde hace ya algunos años, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe de las Naciones Unidas (CEPAL), ha hecho un llamado a generar un gran impulso ambiental como eje estratégico del desarrollo regional que apunte a superar “…ineficiencias ambientales como la destrucción y pérdida de productividad de los recursos naturales, una matriz energética basada en combustibles fósiles, un modelo de transporte altamente contaminante e ineeficiente, la pérdida de tiempo de trabajo y bienestar en las grandes ciudades, los costos del cambio climático y las dificultades que presenta el manejo de residuos”.(CEPAL, La ineficiencia de la desigualdad, 2018)

En la Tercera Reunión de la Conferencia Regional sobre Desarrollo Social de América Latina y el Caribe, llevada a cabo del primero al tres de octubre pasados en la Ciudad de México, los diferentes miembros de la CEPAL retomaron con aún más fuerza este argumento, señalando la oportunidad que se abre de generar un modelo de desarrollo que, poniendo en el centro la igualdad, disminuya crecientemente la huella ambiental y aproveche al máximo las oportunidades que se abren para generar innovación tecnológica y empleos, a partir de la búsqueda de alternativas limpias y socialmente eficientes.

Es fundamental que nuestros gobiernos entiendan y aprovechen estas posibilidades, pero también que cada uno de nosotros entendamos el impacto de nuestras decisiones cotidianas en las oportunidades de vida de miles de personas, en las generaciones actuales y futuras.

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LinkedIn: Nora Méndez

*La autora es Directora de Fundación Aliat – Aliat Universidades.

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

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