El cine fantástico mexicano tuvo su auge durante los años 50, cuando luchadores, seres de otro mundo y botargas se adueñaron de las pantallas nacionales conquistando al público. Sin embargo, la indiferencia y el paso del tiempo hizo que regresaran a sus cuevas tenebrosas, a oscuros rincones para ser ignorados, vilipendiados y tratados con sorna.

Un libro de reciente factura busca sacarlos del olvido, traerlos a nuevas generaciones para valorarlos en su digna medida. Editado por La Caja de Cerillos, Mostrología del cine mexicano, escrito por Marco González Ambriz, José Luis Ortega Torres, Octavio Serra y Rodrigo Vidal Tamayo, es un bestiario que reúne algunas de las figuras clásicas de nuestro cine. Una revisión crítica y divertida a nuestro panteón cinematográfico, sobre todo al cine de género históricamente tan necesitado de análisis.

Para desentrañar los pormenores de sus páginas, charlamos con uno de sus autores, José Luis Ortega Torres, sobre la creación y los objetivos del libro.

 

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¿Cómo arrancó el proyecto?

José Luis Ortega (JLO): Empezó desde hace varios años. Originalmente surgió de un proyecto radiofónico que tuvimos en (Revista) Cinefagia hace ya varios años, donde al final del programa, a manera de cortinilla de despedida, teníamos algo que se llamaba ‘Álbum de postales antropomórficas del cine’. Eran unas estampas sonoras de distintas figuras fantásticas del cine nacional e internacional. Lo que hacíamos ahí era perfilar un personaje, como Chewbacca, y hacerles una fichita sonora. Gustaba mucho, era como una parte muy gustada del programa, nos llegaban muy buenos comentarios. En algún momento decidimos que ese proyecto debíamos seguirlo, cuando terminó el programa de radio.

Comenzamos a proyectarlo como un juego de lotería, un memorama, algo muy lúdico. Incluso el juego de lotería se tenía pensado que escribiéramos las rimas con las que se van tirando las cartas. Hacer una especie de periódico mural desplegable donde viniera como un gran organigrama, un gran árbol genealógico de estos monstruos, estas figuras. Realmente no teníamos bien afincado el proyecto.

Lo comenzamos a trabajar cuando Octavio (Serra), uno de los autores, se acerca a la editorial Caja de Cerillos y les dice lo que intentamos hacer. Ellos dijeron: “hagamos un libro.” Ellos nos fueron guiando a hacerlo como un bestiario, este tipo de diccionario de zoología fantástica, decidimos que ésa era la mejor forma de respetar el concepto original. Una figura, hacerle una ficha, de ahí perfilar sus habilidades, poderes, debilidades, enemigos. Un poco como los libros que hace Marvel de sus personajes. A final de cuentas era lo más práctico y atractivo para el público.

 

Hay divisiones en el libro, ¿cómo se decidieron?

JLO: Fue un proceso muy interesante, porque cuando hicimos el primer listado estaba todo revuelto. Había como 180-200 personajes, justo al llegar a la editorial nos dijeron: “si pensamos en una página para la imagen y otra para texto, va a ser un libro demasiado grande, muy grueso y caro para producir, también para vender.” Decidimos ir eliminando algunos monstruos que podrían ser repetitivos y, a partir de ese momento, decidimos agruparlos a partir de familias y hacer un ejercicio de zoología. Poniéndolos por características de familias naturales.

 

¡Surge la Mostrología!

JLO: Exacto. Nuestra pseudociencia. Se va perfilando el concepto de hacer mostrología, adoptarla como ciencia y trabajarla con conceptos científicos. Hicimos las diez familias y están caracterizadas como tales. Digamos que cada familia es un capítulo, al inicio se describen en qué consisten. Hay alimañas, peluches, aparecidos, electrodomésticos. Después cada una de las fichas, establece su propia nomenclatura. La nomenclatura la estableció Rodrigo (Vidal Tamayo, otro de los autores), él es biólogo de carrera, tiene una maestría en divulgación de la ciencia. Tiene un pensamiento científico muy claro, él recurre justo a los preceptos de latín y griego para establecer los nombres propios de cada una de las figuras. Aquí cito a Rodrigo: “no es el típico chiste del ‘Correcaminos’ de coyotes stupidus.” Realmente se va a las raíces grecolatinas para establecer todos los conceptos. Si vas al diccionario y revisas los nombres, verás que todos tienen una raíz etimológica.

 

Ahí arranca el humor del libro…

JLO: Sí. La gente que nos ha leído en Revista Cinefagia, sabe cómo escribimos Marco (González Ambriz), Rodrigo y yo. Son textos informados, críticos, analíticos y siempre tienen un par de líneas humorísticas, a veces sardónicas, en ocasiones bobas. Pero siempre buscando darle la vuelta, desde un inicio creímos en Cinefagia que no necesitábamos ser solemnes para ser serios. La seriedad te la brinda el tema, tu investigación, cómo ves la película y abordas el escrito, pero no ser solemne, levantarse el cuello y ser exquisito a la hora de escribir. Es un juego muy del estilo mexicano, propio de la cultura. Escribir de manera seria con dosis de humor. No lo hicimos nosotros, desde los más cercanos como Carlos Monsiváis, por ejemplo, o José Agustín.

 

Incluso las películas tienen mucho humor involuntario…

JLO: Efectivamente es totalmente involuntario y tiene que ver con la precariedad de la producción. Estábamos a la par, lo hemos dicho, lo defendemos, el público actual, los nuevos cinéfagos, junto a todos los que tienen poses snob o hipsters acerca de la cultura pop, se ríen y menosprecian al cine fantástico mexicano porque lo ven con el velo del cine moderno. Si ya tienen la cabeza llena de efectos especiales, con Matrix como parteaguas de los efectos recientes, si tienen ese velo ante los ojos evidentemente cualquier película de cualquier país se va a ver chafa. Pero al dejarlo de lado y ves una película mexicana de ciencia ficción de los años 50 para compararla con una de Roger Corman en Estados Unidos, una de Mario Bava en Italia, o de Ishiro Honda en Japón, verás que las adaptaciones de ellos también son botargas, peluches, juegos de hilos. El cine mexicano de la época, no estaba alejado de ellos. En ese sentido, el humor involuntario es el que nosotros de manera prejuiciosa le ponemos a ese cine. He escuchado muchos comentarios sobre esas películas, yo no vi ‘El vampiro’ de Fernando Méndez en su estreno, pero los que sí dicen que en su momento daba mucho miedo. Muchas de ellas todavía lo provocan. Sí hay errores de producción, errores de guión, incoherencias de la manufactura y edición. Sí, los hay, pero ahora ya es un prejuicio snob.

 

¿Cuál fue la primera película mexicana que te asustó?

JLO: Es genial. La tengo muy presente. Las momias de Guanajuato. Esta película donde Blue Demon y Mil Máscaras no pueden derrotarlas, llega Santo de último minuto y las derrota con unos lanzallamas que casualmente tenía en su cajuela. Esa película me gusta mucho. Es específico hacía el primer cuarto de la película, vemos a un enano, llamado ‘El Pingüino’, que es un guía en Guanajuato. Lleva a unos turistas a ver las momias y les cuenta la leyenda de Satán, que es una momia enorme, fue el debut cinematográfico de quien se convirtió después en el luchador Tinieblas. Después, esa misma noche, el Pingüino va caminando por los callejones, se le aparece Satán y lo mata. Esa escena de ver cómo un enanito muere y es destrozado, no es gore la película, me impactó mucho. Me dio mucho miedo. Era muy niño cuando la vi…

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Mostrología del cine mexicano se encuentra disponible en las librerías Educal o puede ser ordenado en el sitio de Editorial La Caja de Cerillos.

 

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