Es desafortunado que no contemos con la voluntad ni la coordinación entre distintos sectores de la sociedad para aproximar la gente a la ciencia.

 

Nos encontramos en el periodo de semana santa en el mundo católico, un espacio que da pie a  un breve periodo de vacaciones en un país donde más del 80% de la población se declara a sí misma perteneciente a la religión católica.

Esta práctica recibe un tratamiento especial en los medios de comunicación y se presenta de forma masiva a todos. Pero en este periodo de ocio deberían existir otras opciones fuera del campo de la religión. Por esta razón es que a mi entender es importante presentar un caso por la ciencia.

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La ciencia es más que un método, es una serie de actividades cuya finalidad está el entender un poco mejor al mundo, resolver misterios sobre la naturaleza de los que nos rodea, de los fenómenos que observamos y de los que no podemos ver.  La ciencia nos da la capacidad de entender con un mayor grado de certidumbre nuestro entorno y justo en éste punto resulta antagónica al conocimiento religioso, que emana de la tradición y la autoridad, no de la experimentación y el cuestionamiento.

El avance científico y tecnológico es una fuente importante de desarrollo y crecimiento económico. Los esfuerzos de científicos nos permiten imaginar posibilidades distintas para el mañana y transformar nuestro entorno en uno más adecuado para nuestros fines. Las grandes revoluciones científicas siempre han tenido un impacto duradero y de largo plazo sobre nuestras sociedades.

Hoy seguimos beneficiándonos de los avances de la revolución verde, de la creación de las telecomunicaciones, las tecnologías de la información y la sanitación que comenzaron con descubrimientos y tecnologías hace más de 50 años. Es posible argumentar que nuestro presente se comenzó a construir desde hace 50 años, de la misma forma los próximos 50 años serán producto en buena medida de las actividades científicas que realicemos hoy.

En un país como México que desea fomentar el crecimiento económico sostenido en el corto, mediano y largo plazo, el impulso a la ciencia es un motor importante para el fortalecimiento de la industria del país y para mejorar su calidad educativa. Desafortunadamente no existen grandes campañas de promoción del conocimiento o de actividades científicas entre la población general.

No existen programas ni políticas públicas enfocadas a la difusión de estas actividades que busquen encaminar a la población a lo que en Estados Unidos llaman “STEM fields” es decir ciencia, tecnología, ingeniería y matemáticas.

Un contraste muy claro resulta con Estados Unidos donde la administración del presidente Obama se dio a la tarea de restaurar el dominio tradicional de su país en los campos STEM, áreas vitales para mantener su poderío económico y militar. La respuesta fue una campaña de difusión científica nacional que ha llevado a grandes divulgadores de la ciencia a tomar roles más activos dentro de la vida pública para aproximar la ciencia a las masas.

Tal es el caso del famoso astrofísico del planetario Hayden de Nueva York, Neil deGrasse Tyson quién recientemente retomo la vieja serie de divulgación Cosmos de Carl Sagan. Pero éste esfuerzo de divulgación se enmarca en la cooperación de múltiples organizaciones científicas y  gubernamentales como NASA y la NSF junto con medios de comunicación. La mayor relevancia  del carácter nacional de la “cruzada” por la ciencia la dio el mismo presidente Obama al dirigir un mensaje a la nación con el lanzamiento de la serie.

Volviendo a México, es desafortunado que no contemos con la voluntad ni la coordinación entre distintos sectores de la sociedad para aproximar la gente a la ciencia. La falta de esfuerzo es lamentable no solo por parte del gobierno, también el desinterés de los principales medios de comunicación y en parte también de nuestra comunidad científica que no realiza suficientes esfuerzos por intentar comunicarse con la sociedad fuera de los círculos inmediatos de divulgación con los que cuentan en sus universidades.

En esta temporada de vacaciones donde vemos a los medios de comunicación plagarse de programas de temáticas religiosas y tradiciones es una buena oportunidad para reflexionar sobre la falta de alternativas que enfrentamos. Es una gran oportunidad para imaginar cómo sería un país donde le diéramos la misma importancia a la curiosidad y el conocimiento.

La ciencia es divertida y lo es aún más si se sabe divulgar y más personas participan de una u otra forma en ella. Vivimos en una era donde disfrutamos de avances tecnológicos producto de personas que decidieron ser curiosos y tuvieron la oportunidad de desarrollar su curiosidad.

Si pudiéramos lograr un esfuerzo por acercar a las personas a las actividades científicas y aprovechar los momentos de ocio como estos para descubrir el placer del descubrimiento podríamos ponernos en camino de formar una nueva y más grande generación de científicos y tecnólogos. Personas que sin duda aportarían a producir una economía más vigorosa que lo que tenemos hoy. Es a través de la ciencia que tenemos la oportunidad de resolver los problemas que enfrentaremos en el futuro, no le damos el lugar que se merece en nuestra vida pública y privada.

 

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