Las tendencias de la demanda y la oferta de gas natural en México, así como el cambio en las condiciones del mercado de gas en Norteamérica, plantean riesgos y oportunidades.

 

 

Por Adrián Lajous Vargas* — articulista invitado

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Las tendencias de la demanda y la oferta de gas natural en México, así como el cambio en las condiciones del mercado de gas en Norteamérica, plantean riesgos y oportunidades.

Los retos se ubican por el lado de la pro­ducción interna, que en enero de 2013 fue de 5,879 millones de pies cúbicos diarios de gas natural, cifra inferior al promedio alcanzado hace cinco años. En los próximos seis años superar este nivel no será tarea fácil, dada la madurez de sus reservas probadas. El desarrollo de campos en aguas profundas, de lutitas gasíferas y de Chicon­tepec, difícilmente aportarán volúmenes importantes de gas en ese periodo, que puedan compensar la declinación natural de yacimientos hoy en explotación.

Es muy posible que el desarrollo de yacimientos de gas no convencional y de gas no asociado en aguas profundas, tarde más tiempo del estimado por Pemex y es aún temprano para precisar el perfil de la producción de estas fuentes de alto costo.

Las expectativas con respecto al ritmo en que podrán desarrollarse los campos de gas no convencional fuera de Estados Uni­dos tienden a ser cada vez menores, dada la dificultad para replicar las condiciones que han hecho posible la rápida expansión del volumen producido en ese país.

En el caso mexicano, debe agregarse el tiempo que tomará acordar e instrumen­tar las reformas básicas requeridas para mejorar la capacidad de ejecución de pro­yectos en Pemex, ampliar la participación privada en las actividades extractivas y establecer un marco regulatorio creíble.

En estas condiciones, todo indica que México incrementará sustancialmente las importaciones de gas natural para hacer frente a la demanda creciente del sector eléctrico y de la industria. Estados Unidos y Canadá le ofrecerán un suministro confia­ble a mediano y largo plazos. Sin embargo, los temores de una mayor dependencia de las importaciones de gas tenderán a aumen­tar. Las advertencias con relación a la nece­sidad de una mayor diversificación de la matriz energética se volverán más frecuen­tes, independientemente de su costo.

La percepción de los riesgos que la importación entraña obliga a una discusión abierta que eduque a la opinión pública sobre los costos y los riesgos de una estrate­gia energética que privilegie un mayor uso de gas natural. Lo que ahora cobra impor­tancia es la configuración de un régimen regulatorio que impida la repetición de alertas críticas como las que hasta ahora ha sufrido la industria.

Así, tendrán que establecerse mecanis­mos para incentivar la inversión —pública y privada— en la infraestructura de trans­porte, distribución y almacenamiento de gas natural; así como la operación confia­ble y eficiente de las redes de gasoductos. Pemex, por su parte, tiene que mejorar su capacidad de previsión respecto de la producción de gas y de sus propios reque­rimientos de este combustible, así como hacer posible su uso más eficiente.

El contexto externo en el que se inserta la industria petrolera mexicana se ha trans­formado en unos cuantos años. Comien­zan a descifrarse algunas de las principales características de lo que será un nuevo arreglo energético global, provocado por el rápido incremento de la producción de petróleo y gas natural, así como de las esti­maciones de recursos económicamente recuperables y de reservas de hidrocarbu­ros en Estados Unidos y Canadá.

Sus implicaciones geopolíticas aún están por derivarse. En el mercado del Golfo de México —el mercado externo relevante para México— se ha iniciado un proceso de desplazamiento de importaciones estadou­nidenses de petróleo crudo y de gas natural licuado, y se vislumbra que en un plazo de diez años Estados Unidos se convierta en exportador neto de gas natural y se acerque a la autosuficiencia en materia de petróleo.

La producción de gas natural es el resul­tado de una revolución tecnológica y eco­nómica de gran alcance. Ha hecho posible explotar fuentes no convencionales de hidrocarburos que hasta hace poco no eran económicamente viables. La dirección de los flujos internacionales de hidrocarburos está cambiando con rapidez y México ten­drá que ajustarse constructivamente a este cambio fundamental de circunstancias.

La industria petrolera mexicana nece­sita instrumentar cambios profundos sobre múltiples dimensiones. Estos suponen periodos de gestación y maduración relati­vamente largos. Es por ello imperativo ini­ciarlos de inmediato, teniendo muy claro que sus principales efectos se producirán después de 2018.

 

 

Adrián Lajous Vargas es presidente del Oxford Institute for Energy Studies, del Reino Unido. El reporte completo de este material está publicado en la página web de la oficina en México de la Cepal. Con la autorización de ésta, Forbes México publica este extracto.

 

 

*Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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