Estamos a tan sólo seis meses de lo que promete ser una de las elecciones presidenciales más polémicas en la historia de la política estadounidense. Aunque ninguno de los partidos ha establecido todavía al candidato definitivo, el cálculo electoral que subyace al proceso de nominación le otorga una ventaja formidable a los dos favoritos: Hillary Clinton y Donald Trump.

Hay que tener presente, no obstante, que en esta elección, por primera vez, las tasas de desaprobación de los dos presumibles candidatos de los partidos superan a las de aprobación. Así, pues, a diferencia de ciclos electorales anteriores, en que podía preverse que la popularidad de un candidato presidencial en las encuestas se trasladara a los votos electorales en el Congreso, esta vez la desafección por ambos favoritos en el seno de sus partidos torna mucho menos previsible el resultado de los comicios.

Por lo tanto, los participantes del mercado deben tratar de sondear diversos posibles escenarios para evaluar el impacto que los resultados podrían tener sobre la economía mundial y los mercados financieros. Si bien existe un número aparentemente infinito de posibles resultados entre los comicios presidenciales y parlamentarios, acotaremos nuestro análisis a uno solo: el que percibimos como el «peor escenario» para las elecciones de 2016.

Es importante tener en cuenta que este análisis se basa en las probables reacciones del mercado, y no tiene por objeto expresar ninguna inclinación o preferencia por ninguno de los candidatos o partidos.

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Política controvertida y una amenaza jurídica

Como gestores de patrimonios, nuestra responsabilidad principal reside siempre en la gestión eficaz y prudente del riesgo dentro de las carteras de los clientes. Ello significa que nuestro análisis debe comenzar con una evaluación de lo que percibimos como el peor escenario probable de riesgos. Mientras que algunos países deben hacer frente a potenciales golpes de Estado o a la suspensión del control civil del gobierno, ninguna de estas circunstancias es probable en Estados Unidos. Por lo tanto, podemos excluir de nuestro análisis cualquier resultado «extra constitucional» en las elecciones generales de 2016.

Así, el peor escenario de las elecciones estadounidenses es uno que podría incorporar a la vez una votación tremendamente reñida y algún tipo de acción judicial. En dicho escenario, Hillary Clinton podría ser acusada formalmente de los delitos derivados de la actual investigación (por presunto mal manejo de información clasificada) que lleva adelante el FBI, y Donald Trump ganaría los comicios presidenciales, pero en una campaña controvertida y sin un mandato claro de gobierno. En este caso podríamos prever que tanto el impacto económico como la reacción del mercado serían negativos.

Ha de tenerse en cuenta que se conoce muy poco sobre las prioridades políticas reales del Sr. Trump, por lo que una administración de Trump entrañaría un escenario imprevisible para los mercados. Más aún, algunos de los discursos más recargados de Trump con respecto al comercio, la inmigración, la política monetaria de la Reserva Federal e, incluso, la gestión de la deuda también podrían ser percibidos de manera negativa por los actores del mercado. Mientras tanto, un congreso polarizado dificultaría en gran medida el tratamiento de otros problemas apremiantes, como el gasto en infraestructura, la reforma fiscal y las reformas de las prestaciones sociales.

En este «peor escenario», el dólar seguramente se vería presionado y los mercados de renta variable podrían sufrir caídas considerables en medio de una sensación agravada de incertidumbre y mayor volatilidad, al menos a corto plazo. Los propietarios de empresas hallarían muy poco consuelo en el actual código fiscal bizantino que coloca a las compañías estadounidenses en una desventaja competitiva a escala mundial. Por otro lado, la corriente populista subyacente, que tanto se ha propagado durante esta campaña, no solamente amenaza el progreso logrado con las iniciativas de libre comercio, sino que también podría provocar un incremento de los costos laborales. Todo esto describe un panorama muy poco optimista para la rentabilidad empresarial.

En el largo plazo, el impacto sobre la economía real y los mercados financieros es incierto, aunque todavía existe algún margen para ser optimistas. Dependerá, en gran medida, del modo en que una administración del Sr. Trump aprenda a adaptarse a la tarea de gobernar y a la forma en que sea capaz de relacionarse tanto con el Congreso como con la comunidad internacional. Si la administración de Trump se centrara en objetivos legislativos concretos allí donde existan puntos en común con el Congreso, ello podría crear un entorno mucho más productivo para avanzar en toda una serie de medidas de reformas críticas para el sector empresarial, que van desde el ámbito fiscal, la inmigración, hasta las prestaciones sociales.

 

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