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La transformación de Cuba ya arrancó. Y fue mucho antes de que se restablecieran las relaciones diplomáticas entre Cuba y Estados Unidos. Los artífices del cambio se llaman emprendedores y ya tienen historias que contar. ¿Qué pasará con ellos cuando llegue a su fin el embargo económico a la isla?

 

 

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Este texto fue publicado originalmente el 20 de abril.

La Habana, Cuba.- El Callejón de los Peluque­ros sobresale en el corazón de la Habana, con su piso adoquinado, sus pa­redes limpias pintadas de blanco, sus plantas y sus mesitas con sombrillas para sol.

El anfitrión de esta callejuela que desemboca en el Malecón se llama Gilberto Valladares, pero to­dos lo conocen como Papito. Tiene 45 años y es barbero y peluquero desde que tenía 17. En 1999 creó el proyecto ArteCorte, con la inten­ción de reunir a barberos, peluqueros, artistas plásticos, pintores, diseñadores e historiadores que tuvieran alguna relación con el mundo de la peluquería.

Al igual que los demás peluque­ros de Cuba, Papito fue un traba­jador al servicio del Estado hasta hace poco. Sin embargo, con las tímidas reformas económicas y laborales emprendidas por el gobierno, que empezaron en febrero de 2008 con la llegada de Raúl Castro al poder, Gilberto Valladares pasó a ser autónomo o “cuentapropista”, como se llama a sí mismo.

Además de la peluquería-galería de arte de Papito, en este tramo de la céntrica calle Aguiar conviven una estética, otra peluquería, un restaurante y un cafecito. Todos forman parte del proyecto comunitario ArteCorte, que también tiene una escuela de peluqueros y el Barbe Parque, un centro infantil con forma de utensilios de barbería.

Aunque el objetivo central de ArteCorte es impulsar el desarrollo social y comunitario, en realidad se trata de uno de los primeros embriones de empresas que operan ya en la Cuba de Fidel y Raúl Castro, una de las tantas semillas emprendedoras que podrían dar frutos jugosos ante el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre la isla y Estados Unidos, y, más aún, frente al posible fin del embargo económico.

 

La isla que dejó de ser lo que era

En Cuba, las empresas privadas no existen, por lo menos no como las conocemos en el mundo occidental. Hasta julio de 2013, el sector no estatal —como el mismo gobierno cubano se refiere a todos aquellos que no trabajan en la burocracia gubernamental— estaba formado por poco más de 420,000 “cuenta­habientes” en 180 diferentes oficios; del total, 170,000 eran agricultores.

Estar fuera del Estado no es nada fácil para los cubanos, quienes han sufrido medio siglo de embargo económico y de restringidas leyes internas que les prohíben crear negocios. “Quien ha sido el gran perdedor de esta política fallida ha sido el pueblo cubano”, dice Walter Astié-Burgos, académi­co de la Escuela de Relacio­nes Internacionales en la Universidad Anáhuac México Sur y embajador de México en Dinamarca y Honduras.

Dos figuras han sido claves para este cambio: las cooperativas y los proyectos de desarrollo local. La apertura del gobierno castris­ta para la creación de pequeñas empresas de carácter social busca, según la propia Gaceta Oficial, hacer “más eficiente y produc­tiva” la economía nacional, pero sin abandonar las fronteras del sistema socialista.

Hasta 2010, las 6,253 coopera­tivas agropecuarias, con 579,440 miembros en total, constituían —sin contar a los trabajadores que contratan— más de 11% del empleo total y controlaban 74% de toda la tierra cultivable, según Camila Piñeiro Harnecker, profesora e investigadora en el Centro de Es­tudios de la Economía Cubana, en su artículo “Las cooperativas en el nuevo modelo económico cubano” (Miradas a la economía cubana. El proceso de actualización, Edito­rial Caminos, La Habana, 2012). Además, se estima que generaron 77% de la producción agropecuaria del país.

La otra figura que permite el nacimiento de pequeños negocios es la de proyecto de desarrollo local (que el Estado cubano fomenta desde 2009), la cual tiene capaci­dad de autofinanciarse, generar ingresos que posibiliten la sustitu­ción efectiva de importaciones y mejorar el bienestar local de forma sostenible.

El régimen cubano también ha acelerado la transformación económica y empresarial de la isla al realizar un proceso paulatino de separación (acotada) de sus empre­sas bajo la tutela del Estado, con desincorporaciones mediante la creación de “grupos empresariales” que administran varias compañías antes en manos de algún ministerio del gobierno.

Hay muchos ejemplos de esta evolución. El caso de la empresa Havana Club es un hito dentro de la isla como ejemplo de empren­dimiento empresarial. En 1993, el consorcio francés Pernod Ricard y el gobierno cubano suscribieron el convenio de asociación que dio origen a la empresa mixta Havana Club International SA, la prime­ra firma con capital extranjero dentro de la industria alimentaria en el país.

Su éxito se refleja en sus núme­ros: la empresa comenzó con seis empleados y en la actualidad tiene más de 500. Las ventas de este ron pasaron de poco menos de 400,000 cajas en 1993 a cuatro millones al cierre de 2014.

Pero no son las grandes em­presas las que empujan el cambio silencioso y firme en el ambiente empresarial cubano, sino los cientos de pequeños negocios de carácter social y comunitario, donde se des­bordan el talento y la creatividad de los cubanos.

“Es gente que tiene una gran creatividad, un gran sentido em­presarial están tremendamente disciplinados y tienen un elevado índice educativo. Y están ansiosos de tener mayores oportunidades”, asegura el académico Astié-Burgos, de la Anáhuac.

ArteCorte, la Fábrica de Arte Cubano y el paladar La Guarida son sólo tres botones de muestra de esta revolución empresarial silenciosa. Aquí sus historias.

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Paladar la Guarida

A inicios de la década de 1990, la televisión cubana transmitía la telenovela brasileña Vale todo, que marcaría la primera ola empren­dedora de la isla. En la historia de la pantalla chica, Raquel Accioli, la protagonista, interpretada por la actriz Regina Duarte, dirigía una cadena de restaurantes industriales llamada Paladar.

La historia del “Paladar de Raquel” se hizo popular en Cuba al mismo tiempo que el régimen de Raúl Castro otorgó las primeras licencias para personas que traba­jaran fuera del Estado, los primeros “cuentapropistas” (por cuenta propia), que se convertirían en el embrión emprendedor de la isla.

A partir de entonces, muchos cubanos abrieron las puertas de sus casas, y en especial de sus cocinas y comedores, como una especie de primitivos restaurantes a los que la mayoría bautizó como “paladares”.

De entre las decenas de pala­dares que hoy funcionan en la Habana, hay uno cuya fama ha trascendido fronteras: La Guarida, inaugurada el 14 de julio de 1996 y ubicado en la calle Concordia número 418, en la casa de Enrique y su esposa Odeysis, un hermoso palacete de principios del siglo XX que hoy es un edificio multifamiliar.

En esta casa se filmó, en 1993, la película Fresa y choco­late, cuya fama llevó al lugar a cientos de visitantes que se decepcionaban al no encontrar aquel sitio barroco, lleno de simbo­lismos de la casa de Diego, el pro­tagonista de la cinta. Sólo hallaban la casa de una familia cubana como cualquier otra.

“Fue así como comprendimos que debíamos hacer algo para ‘mantener viva la historia’ de Fresa y chocolate y colmar la ilusión de los que buscaban la realidad detrás de la ficción”, cuentan Enrique y Odeysis en laguarida.com.

Este restaurante, que ha sido visitado por monarcas, jefes de Es­tado, actores, cantantes y personali­dades del jet set mundial, es uno de los más famosos y lujosos de Cuba.

 

Fábrica de Arte Cubano

En la noche cubana, el aire huele a mar y a perfume de mujer. Personas diversas se concentran en la esquina que forman las calles 26 y 11, en el exclusivo barrio de El Vedado. Allí se puede ver la gigantesca chimenea apagada que corona el gran cajón de una antigua fábrica de aceite, que hoy produce música, arte, danza, teatro y cine. “Voy a fabricarme hoy”, dicen los cubanos o extran­jeros asiduos a visitar el lugar, que hoy es una mezcla única y rara de discoteca, bar, galería de arte, sala de cine y de conciertos, aderezada con un par de terrazas, donde la gente charla mientras fuma un puro o toma algún coctel.

Este lugar se llama Fábrica de Arte Cubano (FAC), y por todos sus espacios resuena la música electrónica. La idea surgió en di­ciembre de 2009, cuando el músico X Alfonso realizó el documental Sin título, con la participación de pintores, artistas de teatro, bailarines, coreógrafos, músicos y otros creadores casi descono­cidos. A mediados de 2010, el proyecto se ubicó en el recinto ferial Pabexpo, en la porción oeste de la capital cubana. Allí asistieron hasta 5,000 personas para interac­tuar con la música en vivo, danza, artes plásticas, teatro, moda y audiovisuales.

Apenas el 14 de febrero del año pasado, el concepto FAC llegó al que hoy es su hogar en El Vedado, con un concierto de inauguración que dio el cantautor Silvio Rodríguez. Desde su surgi­miento, el proyecto recibe el apoyo del Ministerio de Cultura y el Ins­tituto de la Música, que sustentan la puesta en marcha de la FAC hasta que logre autofinanciarse.

¿Cómo se logra que esta fábrica funcione? “Cada lugar tiene su cabeza: hay una persona que se dedica sólo a gente de cine, otra de danza, una de teatro, una más de fo­tografía, otra de plástica, y entonces son varias cabezas organizando todas en coordinación para que tenga un sentido, una coherencia”, explica X Alfonso en una entrevista con Cubadebate en enero de 2014.

 

La otra revolución

Como las historias de Papito, X Alfonso, Enrique y Odeysis hay muchas más en la Cuba de los Castro, y otras más se están escri­biendo mientras la isla negocia con Estados Unidos la manera en que restaurarán relaciones diplomáti­cas. Muchos creen que el principal obstáculo contra el espíritu em­prendedor cubano no es el bloqueo económico de Estados Unidos. “En la isla es mucho más común oír críticas al ‘autobloqueo’ (embargo interno) impuesto por el mismo go­bierno cubano en contra del ingenio empresarial de su propio pueblo”, dicen Ted A. Henken, presidente de la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE) durante 2012-2014 y jefe del Departamento de Sociología y Antropología de Baruch College, City University of New York, y Archibald R.M. Ritter, profesor de Investigación distingui­do emérito de Economía y Asun­tos Internacionales de Carleton University, Ottawa, Canadá, en su artículo “Abajo con el bloqueo en contra de los emprendedores cubanos, tanto en la Habana como en Washington”, publicado en el portal 14ymedio.com el 13 de diciembre pasado.

En tanto llega el fin del embargo económico, externo e interno, hay dos factores en especial que podrían detonar esta silenciosa, pero firme, nueva Revolución Cubana, liderada por sus em­prendedores: la entrada de filiales de instituciones financieras estadounidenses a través de la apertura de cuentas corresponsales y el restablecimiento de las telecomu­nicaciones en la isla, para permitir a empresas de EU exportar equipo y software que amplíen la capacidad de comunicación de los cubanos entre sí y hacia el exterior, cuando la penetración de Internet apenas alcanza 5% de la población total.

Los primeros pasos ya se dieron. American Express anunció que planea incursionar en Cuba, mien­tras MasterCard levantó el bloqueo de sus operaciones en la isla. Cuba y EU ya reinstauraron la telefonía directa entre ambas naciones. Incluso, la empresa estadounidense de servicio de tv por internet Net­flix está en territorio cubano.

“La entrada de servicios finan­cieros y las telecomunicaciones comenzará a debilitar la rígida estructura del gobierno cubano”, opina Walter Astié-Burgos, de la Universidad Anáhuac. Sin embargo, el académico aclara que esto será lento y ocurrirá de forma definitiva cuando se elimine por completo el embargo económico.

Con esta postura coincide la calificadora Moody’s Investors Service, que en un reciente reporte señala que a pesar de las sanciones menos rigurosas, los bancos esta­dounidenses no buscarán agresi­vamente hacer nuevos negocios en Cuba debido al embargo comercial que existe.

“Las actividades de los bancos estadounidenses continuarán siendo limitadas, dado que una vio­lación al embargo puede ocasionar fuertes multas monetarias”, dice Georges Hatcherian, analista de Moody’s en su reporte “US-Cuba Rapprochement to Help Increase Financial Flows to Cuba, But Banks Continue to Face Restrictions”.

Sin embargo, para muchos, como el exembajador Astié-Burgos, la eliminación total del embargo económico es sólo cuestión de tiem­po: “Va a tardar y habrá muchos altibajos, pero a la larga tiene que desaparecer.”

Las negociaciones entre las autoridades cubanas y estadouni­denses siguen. Tarde o temprano, como dice Astié-Burgos, ocurrirá el fin del embargo económico, e in­cluso el derrumbe del régimen cas­trista y la apertura total de la isla. Mientras sucede, en esta ciudad vieja que se cae a pedazos seguirán apa­reciendo más paladares creativos, fábricas de arte y callejones de peluqueros que, poco a poco, sin prisa, en silencio, pero con fuerza, irán ganando esta nueva y pacífica revolución cubana.

 

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