Por Frederick E. Allen

Victor Lawrence era un niño que trabaja en un puerto de Ghana, cuando su padre murió y él decidió que tendría que estudiar mucho e ir a la universidad. Estudió tanto que terminó recibiendo grados avanzados de la Universidad de Londres y se mudó a Estados Unidos para trabajar en Bell Labs. Allí desarrolló tecnologías que multiplicaron las capacidades de los módems y la alta velocidad de transmisión de datos por Internet.

Anoche, Lawrence fue inducido al Salón Nacional de la Fama de los Inventores, el panteón de los grandes inventores con patentes en Estados Unidos. Él invitó a tres de sus compañeros de preparatoria, amigos desde hace más de medio siglo que  volaron desde Ghana para celebrar la ocasión con él, y en su discurso de aceptación dio gracias a un examinador de patentes que no sólo había aprobado uno de sus primeros inventos, sino que también le había ayudado a conseguir una tarjeta de residente en EU. “Me siento muy honrado”, dijo a la multitud reunida en Washington, D. C. Hoy, Lawrence trabaja para lograr una mayor conectividad a Internet en África.

Radia Perlman también fue una visionaria que ayudó a dar a Internet la escala gigantesca que tiene hoy, y ella también fue honrada anoche.

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Perlman desarrolló el protocolo de árbol de expansión, que volvió al Ethernet una manera de conectar unos pocos cientos de nodos cercanos en una forma de vincular a cientos de miles de personas. Ella también ideó otras tecnologías que hacen Internet  mucho más robusto y seguro. “Me siento muy afortunada de haber terminado en un campo que no sólo es divertido, sino que tiene el potencial para cambiar el mundo”, dijo.

Todos los inducidos al Salón han cambiado al mundo. Entre ellos 8 ya han muerto y ocho viven. Los primeros fueron William Sparks y Robert Thomas, quienes inventaron el caucho sintético y con ello hicieron posibles los neumáticos para automóviles modernos; John Silliker y Welton Taylor, que han salvado incontables vidas con su técnica para el control de la Salmonella; Sheldon Kaplan, que salvó incontables vidas con su EpiPen, la jeringa de autoinyección de epinefrina pasa sacar a la gente del shock anafiláctico; Harriet Strong, cuyas innovaciones de almacenamiento de agua y control de inundaciones fueron cruciales para el desarrollo del Sur de California y el diseño de la presa de Hoover; Roger Bacon, quien inventó la fibra de carbono, el material más fuerte en la tierra; y Per-Ingvar Brånemark, que experimentaba con titanio cuando se dio cuenta de que se une con el hueso en lugar de ser rechazado como la mayoría de los materiales. El resultado: el implante dental moderno, entre otras innovaciones médicas invaluables.

Entre los vivos, Ivan E. Sutherland fue distinguido por un programa informático interactivo llamado Sketchpad que presentó en 1963. Éste ha allanado el camino para todas las interfaces gráficas de usuario que le siguieron, y por lo tanto para cada computadora y  teléfono inteligente en la actualidad.

Jonathan Albert, Barrett Comiskey y Joseph Jacobson fueron inducidos por la “tinta electrónica” que sustituyó a la tinta en el papel para permitir la existencia del Kindle y otros lectores de libros electrónicos. La idea de esa invención nació cuando Jacobson, un estudiante de Stanford, viajaba a Perú y vio el cuaderno de un  joven lleno de ideas de invenciones inspiradas por sus visitas a una pequeña biblioteca local, y soñaba con hacer todos los libros del mundo disponibles en formato electrónico. Más tarde, cuando era profesor en el MIT Media Lab, trabajó con dos de sus propios estudiantes universitarios, Albert y Comiskey, para hacer ese sueño realidad.

Roger Angel obtuvo el visto bueno para el desarrollo de algunos de los espejos astronómicos más avanzados del mundo. En los últimos tiempos se ha desplazado a trabajar en la mejora de captación de energía solar. En su discurso de aceptación se convirtió posiblemente la primera persona en decir: “Me gusta la poesía en la escritura de una patente.” También dijo: “Si no resolvemos el problema del dióxido de carbono, no dejaremos mucho de este planeta.”

Angel debió sentirse satisfecho por el trabajo de Bantval Jayant Baliga, un ingeniero eléctrico estadounidense de origen indio, dio al mundo el transistor bipolar de puerta aislada. Este dispositivo, por sí mismo, ha reducido el consumo de gasolina en un estimado de 10% y  mejorado la eficiencia energética eléctrica en más de 40%, con el consiguiente ahorro para el planeta de no menos de 45 millones de toneladas de emisiones de dióxido de carbono, o dos años completos de emisiones. Él tiene la mayor huella de carbono negativo de alguien alguna vez. Y todo comenzó cuando entró a trabajar a General Electric y se le dio el reto de crear algo que casi todo el mundo pensaba que sería imposible, pero él tuvo la patente lista en menos de un mes.

 

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