Las propiedades intelectuales más icónicas de Nintendo ya están sobre la marca de las tres décadas. Éstas acumulan una historia de clásicos que hasta el día de hoy siguen generando influencia en la industria, y guardan el cariño de los fans. Incluso uno de los juegos que para su tiempo era de los más extraños dentro del catálogo de la compañía japonesa, y parecía romper con el canon establecido, al día de hoy ya tiene 26 años de antigüedad y sigue absolutamente vigente tanto para los jugadores como para Nintendo: The Legend of Zelda: Link’s Awakening.

El pasado 20 de septiembre la nueva versión Link’s Awakening llegó al Nintendo Switch de forma global, reviviendo una de las aventuras menos conocidas, pero más aclamadas por la crítica y los fans que han seguido la saga por todos estos años. Más que ser simplemente una versión del juego original que corre en el Nintendo Switch (como, por ejemplo, el catálogo de clásicos para NES y SNES disponibles en la consola), o una versión remasterizada Link’s Awakening de 2019 es un verdadero remake hecho desde cero para una consola moderna.

La premisa del juego es que, luego del naufragio de su balsa, Link despierta en la playa de la misteriosa isla Koholint. A diferencia de casi todas las aventuras del héroe, este título no se lleva a cabo den el reino de Hyrule, no aparecen la Trifuerza, ni la princesa Zelda o el villano Ganon. El objetivo del juego es regresar a Link a casa, para lo que es necesario despertar a una criatura mítica conocida como Wind Fish, que se encuentra dentro de un huevo gigante en la cima del Monte Tamaranch. Para llegar a esto, habrá que explorar la isla, combatir enemigos, ayudar a los habitantes, y obtener habilidades e ítems especiales a lo largo del viaje.

Algo que caracterizaba a Link’s Awakening es que se juega desde una vista aérea y contaba con gráficos 2D. Su versión original, que salió en 1993 para el Game Boy, lucía bastante limitada, sobre todo por la baja resolución y pantalla monocromática. Cinco años más tarde, Nintendo publicó una nueva versión para el Game Boy Color que contaba con gráficos a color y que introdujo algunas mejoras menores.

Sin embargo esta nueva versión de 2019 está hecha completamente en 3D, con ahora con un hermoso estilo visual que evoca un mundo completamente hecho de juguetes, muy en el espíritu de Yoshi’s Crafted World. Los personajes parecen ser figuras de plástico con colores brillantes, y los escenarios lucen como pequeñas maquetas a escala o dioramas; incluso el movimiento de la cámara (que ahora ya no se mantiene en posición cenital fija) y la profundidad de campo dan la impresión de que estamos ante un mundo muy pequeño.

Otro de los elementos más importantes es que ahora la música chiptune fue reemplazada por bellas secuencias orquestales de las mismas melodías, que finalmente nos dan esa sensación de un juego AAA hecho en la época actual.

Además de estos elementos obvios, hay cambios sustanciales en el sistema de juego y el esquema de controles, que lo hacen adecuado para los estándares modernos. Fuera de todas estas mejoras, el juego es prácticamente el mismo, desde sus mecánicas y objetivos, hasta los mapas y el sentido del mundo. Ésta es una de las recreaciones más fieles con las que siempre soñaron los fans de la serie para uno de las entregas más extrañas y alejadas del canon.

Mientras que por todas partes vemos refritos que buscan generar dinero fácil, The Legend of Zelda: Link’s Awakening es la mejor prueba de que se puede dar a los fans de antaño y a los nuevos un producto digno, que respete el espíritu original que se ganó el corazón de generaciones, pero que al mismo tiempo sea accesible para las masas acostumbradas a los estándares modernos. Ojalá hubiera más recreaciones de juegos clásicos como ésta –o como Final Fantasy VII que saldrá para el PlayStation 4– que puedan encontrar el punto medio entre nostalgia, originalidad, y calidad.

 

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