Durante casi 500 años la familia Beretta ha creado las armas más bellas del mundo. Ahora pretende expandir su imperio incorporando una línea de ropa, pabellones de caza e, incluso, un poco de vino Chianti. Todo ello es un reflejo de cómo viven en su villa centenaria en Italia.

 

Por Guy Martin/ Fotos Fulvio Maiani

 

Gardone Val Trompia es un poblado italiano de 12,000 habitantes que ha sido hogar de la Fabbrica d’Armi Pietro Beretta –y, por ende, de la familia Beretta– durante 488 años. Aunque hay otros armeros y grabadores en el pueblo, a veces es difícil decir dónde termina la ciudad y dónde comienza la fábrica Beretta.

Frente a la sección norte de la fábrica, arriba de una carnicería de color pardo en una de las pocas calles que cruzan todo Gardone, cuelga un modesto cartel con una pequeña flecha apuntando hacia la izquierda: Beretta Uffici (Oficinas Beretta). Pero 100 metros más adelante y 50 a la derecha hay un gigantesco portón de hierro forjado debajo de un arco de piedra de diez metros de alto y, detrás de eso, se extienden una imponente villa y un elegante jardín. La villa dispone de elementos de todos los estilos italianos, algunas ventanas con arcos bizantinos, amplios aleros renacentistas y toneladas de piedra labrada. Aquí se toman las decisiones más importantes.

Empresas desde Helsinki a Denver, pasando por São Paulo, han sido compradas y ahora se hallan instaladas bajo el paraguas de Beretta Holding.

Toma un poco de tiempo ver que la mansión sede de la corporación que facturó 836 millones de dólares en ventas el año pasado. Una sola familia ha controlado el negocio durante 15 generaciones. Beretta ya tenía cerca de 80 años cuando Bartolomeo Beretta recibió una cuantiosa orden: 185 arcabuces para el duque de Venecia en 1526. Ése fue el nacimiento oficial de la empresa.

La villa actual fue construida en 1925 por el entonces patriarca Pietro. Los Beretta viven aquí de vez en cuando, específicamente el presidente y ceo Ugo Gussalli Beretta y su esposa, Monique, la decimocuarta generación al timón. La «seguridad doméstica» –que significa tanto la Fabbrica como la familia en términos Beretta– se ubica discretamente en una esquina de la pared de la sala de dibujo de la mansión: una elegante caja fuerte del siglo xix en la que generaciones antepriores guardaron suficiente dinero como para pagar el salario de un año de los trabajadores de la fábrica.

Un indicio de buen gusto acerca de cómo la familia y el negocio han sobrevivido guerras mundiales y depresiones, por no hablar de los cambios de régimen en Italia desde la Segunda Guerra Mundial. Dinero: en efectivo y en casa. «La familia es parte de la empresa, y la empresa es parte de la familia». Es la forma en la que el impecablemente arreglado Franco Gussalli Beretta, hijo mayor de Ugo Monique y presidente de Beretta Europa/Beretta Estados Unidos, habla de la arquitectura simbiótica de la villa. “Éste es uno de los factores clave que comprendieron mis tíos-abuelos, quienes dirigieron la empresa junto con mis otros antepasados. La familia tiene que dedicar mucho de su tiempo a la empresa. No podemos ser accionistas viviendo en algún lugar exótico. Tenemos que estar en Gardone Val Trompia”. Dicho esto, no todos los Beretta están recluidos en su refugio de montaña; por ejemplo, el hermano mayor de Franco, Pietro, ceo de Beretta Holding vive en Austria.

Cada generación recibe el don y la obligación de mantener las tradiciones de alguna manera, ya sea mediante la consolidación de lo que se ha hecho o a través de un audaz avance. Ugo Gussalli Beretta hizo dos de los mayores movimientos en la historia de la compañía.

En 1985 ganó la competencia para que su pistola semiautomática Beretta 92 se convirtiera en el arma oficial del ejército de Estados Unidos. Su segunda gran contribución fue la decisión, hace 25 años, de comenzar la marca de ropa de caza de tweed y accesorios para el hogar, algo visionario para finales de 1980. La expansión hacia el estilo de vida también ayudó a llevar armas de caza de 100,000 dólares a Nueva York y Londres.

Naturalmente, la colección personal de armas de fuego del Gussalli tiene un lugar prominente en su oficina.

Su pasión es la caza de aves junto a sus perros, y se entusiasma inmediatamente cuando le pregunto a qué le gusta disparar. “Voy a la cacería de faisán, pero la común de patos con perros es lo que realmente me gusta. Uno de ellos (ríe) incluso vive conmigo”. Él sabe que eso es casi una herejía en el mundo de la caza. Los perros de caza generalmente se mantienen en perreras.

Es una filosofía que habla de la unidad Beretta. “La familia siempre fue muy cercana entre sí para el trabajo, el aspecto financiero y la toma de decisiones. Nadie es más importante que la familia, pero sólo una persona debe dirigirla”, explica Gussalli.

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A pesar de eso los tres hombres Beretta parecen tener un ingenioso sistema de pesos y contrapesos en el papel que desarrollan. Más reservado que su hermano, Pietro desempeña el papel de equilibrador. «Tal vez mi papel no es tan agradable», dice riendo. «Pero lo más importante es que me despierto por la mañana, vengo aquí y pienso “¿cómo puedo crear valor?”

Por supuesto, Gardone y la fábrica están en mi corazón. Pero no puedo dejar que sean mis favoritos». No es sólo parte de la liturgia de «pensamiento de grupo» del padre y los hijos. Es lo que realmente son. Ha habido dos audaces incursiones para ampliar la cartera de estilo de vida de Beretta en la última década. Ambas son extensiones naturales de la decisión tomada en 1980.

La familia comenzó a dominar los viajes de lujo –el clan Gussalli Beretta viaja constantemente y la empresa se vinculó a operadores turísticos existentes a través de casas de campo para caza–, o las llamadas propiedades «tridente», denominados así por el logotipo de Beretta.

La segunda gran aventura fue la reciente transformación de los viñedos de una de sus fincas en una operación comercial. La primera sede, Lo Sparviere, está a 45 minutos de la villa en Gardone. Empezaron lanzando su vino al mercado. Un vino blanco, fresco y burbujeante, no añejado. Pero en el último par de años se encontraron con más oportunidades para comprar viñedos, uno en Chianti y otros más en los alrededores. Han contratado a los mejores enólogos del mundo para dirigirlos.

Además, los tres hermanos y sus esposas ejercen influencia sobre las líneas de moda y hogar de Beretta, que ahora incluyen equipaje, accesorios, así como equipo para caza y ropa para el campo.

En la parte posterior de la Fabbrica se encuentra una pequeña casa y un gran letrero pintado con la palabra balipedio, esencialmente el «sendero de la bala», el campo de tiro de la familia. En este momento Franco y Carlo prueban una nueva pistola semiautomática de 9mm. En otras palabras, las generaciones 15 y 16, en la línea de tiro con la pistola Beretta más moderna.

Queda claro al instante en que Franco toma el arma de la mesa de tiro –la forma en que su mano cuelga de su cuerpo, a la distancia precisa, con el cañón apuntando hacia el piso–, que se trata de un tirador entrenado.

Sabe inconscientemente dónde ponerla en relación con su cuerpo. Su educación y su ojo se vuelven más evidentes a medida que dispara sobre los objetivos. Pero lo que es más impresionante es la gentil forma que tiene de instruir a su hijo Carlo cuando llega su turno.

No hay palabras fuertes, tampoco un exceso de paternidad que la mayoría de las personas estarían tentadas a ejercer. Simplemente deja al chico con la pistola. “Yo solía disparar mucho», dice Franco con auto desprecio. «Pero ya no tengo tiempo para eso ahora. Mi hermano y yo somos la decimoquinta generación, Carlo es la próxima y tenemos que aportar a esta empresa nuevos procesos y productos. Lo que se necesita ahora. De lo contrario, no vamos a sobrevivir como nuestros padres, abuelos y bisabuelos lo hicieron”.

 

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