En caso de que tengas que adquirir un crédito para hacerte de una casa, como en otras estrategias financieras, llevas una ventaja si comienzas joven.

 

 

Probablemente la inversión más importante de una familia típica sea la que tiene que realizar para adquirir su casa. Hay diferentes estrategias para esto. En lugares donde hay suficiente terreno todavía disponible es frecuente ver que las personas primero adquieren su terreno para después construir poco a poco con sus ahorros las diferentes habitaciones. Sin embrago, en las grandes urbes, donde prácticamente se han agotado los espacios donde construir casas solas, probablemente la única alternativa es adquirir la casa ya construida, ya sea nueva o usada.

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Es posible que se cuente con los recursos para pagar la casa al contado. Sin embargo, en caso de que se tenga que adquirir un crédito, como en otras estrategias financieras, se lleva una ventaja si se comienza joven. En ese sentido pudiera tomarse en cuenta como punto de referencia que el tamaño de la casa debe ser acorde con el tamaño de la familia. Así, para un joven soltero la estrategia sería adquirir una vivienda muy pequeña, lo cual le daría la ventaja de pagar mensualidades bajas del crédito. Esta misma habitación pudiera usarse durante sus primeros años de vida en pareja, probablemente todavía sin hijos. Pasados los años, el valor de esta primera vivienda pudiera usarse como enganche para un segundo departamento un poco más espacioso donde pudiera habitar la familia con infantes. La tercera vivienda, amplia, la ocuparían los adultos y los jóvenes adultos. Esta última casa pudieran ocuparla los adultos hasta el final de su vida profesional.

Al respecto de esta estrategia se pueden hacer un par de reflexiones. La primera con relación a que para nuestras generaciones muy probablemente el valor de la última casa adquirida sirva, a su vez, como el pago total o parcial por la contratación de servicios de un asilo. Suena duro, lo es. A diferencia de nuestros padres o abuelos, que tuvieron muchos hijos, nosotros tenemos pocos: tres, dos, uno o ninguno. Nuestros hijos pertenecen a una generación con mucha movilidad nacional o internacional, por lo que es poco objetivo pensar que estarán cerca de nosotros, como estamos o estuvimos con nuestros padres. Es así que no es descabellado pensar que la última habitación que debamos financiar sea el asilo. No por nosotros, sino para tranquilidad de nuestros hijos.

La segunda reflexión es que una de las ventajas de contratar un crédito hipotecario a tasa fija y pagos fijos, es que quien resulta beneficiado de la posible alza en el valor de la casa, que se espera ocurra a lo largo de los años, es el acreditado y no el banco. En otras palabras, el monto de la deuda queda fijo, la casa puede subir de valor. Esta plusvalía puede facilitarte las cosas al instrumentar la estrategia descrita anteriormente.

 

 

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