No se puede pensar en una evolución tecnológica y de futuro sin considerar el empleo de energías limpias, pero es todavía más importante evolucionar en el uso de las fuentes renovables de energía para cumplir con el compromiso que tenemos para el combate del cambio climático y la reducción de las emisiones de carbono negro y bióxido de carbono (CO₂).

Para México, el cambio climático no es una “invención china” como lo piensa Donald Trump, y en ese sentido hace su tarea al participar con el Programa Especial de la Transición Energética que emana de la Ley de Transición Energética, un programa que es muy ambicioso y tiene grandes retos por el cambio de la nueva administración de gobierno que iniciará labores el próximo 1 de diciembre.

¿Pero cómo pasar del 21.08% de la energía limpia que producía México hasta el cierre del 2017 hasta 35% en 2024? Y aún más, cómo alcanzar el ambicioso 50% de la capacidad total de generación proveniente de energías limpias en el 2050?

Parece un reto difícil considerando que México ha permanecido los últimos años dentro de los 15 países con más emisiones de CO₂ a nivel mundial.

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En su afán de realizar proyecciones que permitan generar estabilidad y un mejor futuro para México, el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, ha propuesto aumentar la generación de energías limpias a pequeña y gran escala, pero en contraste incentiva el uso de los combustibles fósiles al ofrecer reconfigurar las seis refinerías existentes y construir dos adicionales para atender la demanda de gasolina automotriz. Los automotores son una fuente importante de contaminación.

Todas las alternativas para contribuir con el cumplimiento de las metas para reducir el cambio climático representan enormes inversiones, sólo que unas tecnologías requieren un mayor capital o son más atractivas frente a otras. Hoy, la tecnología para plantas hidroeléctricas tiene más capacidad instalada, pero en las subastas eléctricas se ha mostrado más interés por la tecnología solar fotovoltaica, como resultado de los precios de los insumos.

En esa mezcla de pros y contras que tienen los proyectos en función de la inversión que requieren y la tasa de retorno de inversión, el gobierno federal entrante tendrá que decidir si le apuesta a los combustibles fósiles o destina más recursos para que la Comisión Federal de Electricidad no sólo compre energía limpia, sino que también la produzca. Es necesaria una definición de política pública clara que ofrezca certidumbre en el cumplimiento de los objetivos para el combate al cambio climático.

Además, el factor social se presenta como una amenaza para el cumplimiento de los objetivos para la reducción de emisiones contaminantes porque cada vez hay más grupos que escudándose en el falso discurso ambientalista se oponen a proyectos incluso tan nobles y benéficos como plantas eólicas y solares.

Es un camino sinuoso el que se tiene que recorrer en el cambio tecnológico y el potencial de las energías limpias en México, pero que se puede acortar con la convivencia de las diferentes tecnologías para la generación de energía, y sobre todo si se logra un panorama más atractivo para que continúen las inversiones y los proyectos de generación con energía limpia no sólo para la industria sino también para el comercio y los usuarios domésticos.

 

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