Para toda economía competitiva, moderna, abierta y globalizada, la inversión nacional complementada con la extranjera es el detonante del empleo y el bienestar, expande la planta productiva, genera infraestructura, atrae tecnología e innovación, así como mayor crecimiento económico. Por lo mismo, hoy en día, cuando predominan las tendencias proteccionistas, es fundamental generar las condiciones para que empresas y dinero foráneo puedan instalarse en el país.

La Inversión Extranjera Directa (IED) representa el voto de confianza más elevado que las compañías de otras latitudes puedan otorgar a un proyecto de país en el largo plazo, en su capacidad para generar riqueza y garantizar, a través de normas jurídicas, la propiedad privada, así como los principios fundamentales de competencia.

México es una de las economías más abiertas al comercio y a la inversión en el mundo; representa una gran oportunidad para el capital. Sus ventajas competitivas y comparativas, la solidez de su mercado interno, el equilibrio de sus fundamentales macroeconómicos, su cercanía con Estados Unidos, su industria y servicios, la seguridad al capital, así como sus reformas estructurales (que han abierto la posibilidad de la participación del dinero externo en sectores sinónimos de modernidad e innovación, como el energético y las telecomunicaciones) hacen del país un territorio atractivo y seguro.

No es casualidad que México sea uno de los destinos de mayor captación de IED en el mundo. De acuerdo con la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), en 2015, este indicador totalizó en el mundo 1.76 billones de dólares y México ocupó la posición número 13 en todo el mundo como principal receptor de IED, al sumar, ese año, 33,181 millones de dólares.  En ese sentido, dicha cifra se convierte en la segunda fuente de ingresos del país, al ser superada tan sólo por las exportaciones manufactureras.

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México adoptó, desde hace más de 20 años, la globalización como mecanismo de desarrollo y crecimiento económico y, desde entonces, es un receptor importante de capital de Estados Unidos (39% del total), al igual que de países como España, Alemania, Bélgica e Italia, entre otros, los cuales establecen sus oportunidades de negocio principalmente en el sector manufacturero (con 66% del total) y, en menor medida, en los servicios y el comercio.

Si bien, hoy en día, hay una elevada incertidumbre respecto del proceso de globalización por las tendencias proteccionistas, para la IED no hay muro suficientemente alto que no pueda ser traspasado, simplemente, porque el dinero va hacia donde se encuentran las mejores condiciones, la mayor seguridad y la rentabilidad.

Aquellos países con un índice de riesgo elevado o mediano crearán su propia barrera a la IED. Los mayores riesgos, en ese sentido, son los ambientes de incertidumbre, de violencia y de inseguridad; pero, mientras una nación pueda generar estabilidad social y económica, certeza jurídica, así como un contexto de rentabilidad, cada vez más industrias, empresas y servicios, entre otros, llegarán a instalarse y apostarán al desarrollo de ese territorio en el largo plazo.

México ofrece una gran oportunidad de inversiones en sectores como las telecomunicaciones y el turismo, en las energías limpias, en actividades de innovación y tecnología, en petróleo y gas, además de los incentivos que se generan por las Zonas Económicas Especiales (ZEE). Pero nada de esto será suficiente si no va acompañado de una política industrial dinámica y flexible, con cadenas de suministro y valor, con innovación y competitividad, con una política hacendaria integral, con un combate frontal a la corrupción y a la inseguridad, con una reducción de los niveles de pobreza.

La estabilidad macroeconómica y los equilibrios financieros son importantes, pero también es fundamental que el dinero no nacional tenga la certidumbre de una estabilidad social, jurídica y de respeto institucional, así como un ambiente de paz y de respeto a la propiedad privada. Bajo esos fundamentales, no habrá muro o barrera que pueda frenar el flujo de IED a territorio mexicano

 

Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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