El autor de este texto recrea, en una crónica, la más reciente consulta ciudadana sobre la construcción del nuevo aeropuerto. Las conclusiones: nadie, ni los organizadores, está informado como se debe, y todo es un desastre de confusión.

 

 

El lunes tuve el gusto de dar una vuelta por la cuarta consulta ciudadana sobre el Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México. Inclusión social era el tema de la consulta organizada por el Instituto Mexicana para la Competitividad (Imco), las organizaciones medioambientalista Centro Mexicano de Derecho Ambiental (Cemda) y la de transporte sustentable CTS Embarq quienes, según el plan, se van a convertir en piezas claves de un observatorio ciudadano sobre el nuevo aeropuerto.

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Las galletas, café y, se supone, el salón en el Gran Hotel de México, cerca del Zócalo de la ciudad, fueron auspiciados por la organización gubernamental estadounidense Agencia para el Desarrollo Internacional (USAID, por sus siglas en inglés), siempre puestos para pagar galletas por la democracia.

Esa es una posición delicada para esas organizaciones no gubernamentales (ONG), las cuales también trabajan como consultoras, y a quienes el Imco ya ha endorsado públicamente el proyecto como necesario para la competitividad del país, lo que no necesariamente es la posición más neutral para organizar una consulta publica.

Nunca había asistido a una consulta ciudadana. Hubo alrededor de 30 ciudadanos presentes. Varios profesores de la Universidad de Chapingo y el Colegio de Posgraduados que vinieron para velar por el campo y cultura de Texcoco, estado de México.

Estudiantes de carreras como urbanismo y arquitectura, algunos de ellos activistas, estaban presentes. Uno y otro consultor espiando el mercado, merodeaba alrededor de las galletas. Organizadores tenían el ánimo de una brigada de retaguardia dejada atrás para hacer frente al ejército enemigo, mientras el general y su tropa ejecutaban la graciosa huida. Y pronto fue claro por qué.

Cuando empezaron a hablar los panelistas invitados por las organizaciones de la sociedad civil, pronto se volvió claro que no había información sobre los planes para el aeropuerto. Todos los mapas en las presentaciones mostraban el aeropuerto en diferente sitio, como si fuera más bien un gran portaviones zarpeando sobre el Lago de Texcoco. En un slide salía que la misma alcaldesa de Texoco no sabía dónde iba a ser el aeropuerto. Aparentemente ya han construido una barda de tepetate alrededor del terreno que se piensa usar, pero no hubo ninguna presentación de la ubicación exacta y orientación del aeropuerto.

El desconocimiento de los planes llega a tal grado que no se sabe si va a haber una estación de metro en lo que se supone va a estar el tercer más grande aeropuerto del mundo, o si habrá alguna otra conexión de transporte masivo, lo cual resulta preocupante en una reunión convocada por una ONG de transporte sustentable.

El momento que más terror me inspiró fue cuando un funcionario del transporte publico del Distrito Federal, humildemente, usó el foro para proponer que se debe poner un Centro de Transferencia Modal (Cetram) en el aeropuerto. ¿Cómo es posible que se esté proponiendo un aeropuerto y se organice una consulta ciudadana sobre ello, cuando los funcionarios de transporte público de la Ciudad de México todavía ni saben si va a haber interconexión con el Metro y el Metrobus?

Olvidemos las consultas ciudadanas. ¿Qué tal las consultas con los funcionarios de transporte de la ciudad? ¿Qué tal las consultas con la alcaldesa del municipio en el cual se pretende construir el aeropuerto? Uno se puede preguntar si han consultado a alguien antes de lanzar la propuesta del nuevo aeropuerto o si simplemente fue planeado en algún vacío, sin un interés en el contexto real.

Más allá del vacío informativo, los puntos más notables para mí eran la noticia de la barda de tepetate y un par de activistas que estaban reclamando el caso de El Barco, un predio cerca de la zona del aeropuerto que fue desalojado en octubre pasado. Los ciudadanos presentes parecían bien informados y preocupados, pero el evento no estaba a la altura.

El hecho que los planes del aeropuerto son tan poco conocidos, incluso entre los propios organizadores, hace de la consulta ciudadana un ejercicio en balde. Si el Cemda, el Imco y CTS Embarq realmente quieren constituir un observatorio ciudadano para la construcción del aeropuerto, es necesario que busquen e integren información mucho más específica sobre los planes del aeropuerto.

Uno de los comentarios más interesantes de los panelistas era el del alemán Michael Pollman, experto en el impacto del ruido de los aeropuertos. Señaló que Munich había construido un aeropuerto más o menos del tamaño del de la ciudad de México y que tenían 13,000 observaciones por escrito de diferentes ciudadanos sobre la obra. Además, la empresa desarrolladora tenía que responder a cada una de estas observaciones por escrito. En su opinión, la mejor forma de fortalecer las instituciones es aumentar la participación ciudadana. Si es así, el actual proyecto del aeropuerto es uno de institucionalidad muy débil.

 

 

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