Algunos bancos buscan ser ecofriendly, por medio de la introducción de tarjetas hechas a base de biopolímeros que no contaminen el medio ambiente al desecharse. Según datos del banco central, existen 133.6 millones de tarjetas de débito y 29.7 de crédito en el territorio nacional.

 

Por William Turner

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Hasta hace pocos años, el sistema bancario había sido poco empático con el deterioro ambiental. Basta pensar en la cantidad de agua, papel, tintas y más recientemente polímeros que son necesarios para fabricar un billete. De acuerdo con el Banco de México, actualmente circulan poco menos de 3.7 millones de billetes de distintas denominaciones.

Una alternativa al uso de billetes se encuentra en las tarjetas de crédito y débito. Según datos del Banco Central, existen 133.6 millones de tarjetas de débito y 29.7 de crédito en el territorio nacional. Sin embargo, estos instru­mentos son fabricados con un plástico denominado PVC (policloruro de vini­lo), obtenido del petróleo, que al des­echarse genera compuestos altamente tóxicos para el medio ambiente.

De acuerdo con el Anuario Estadís­tico 2014 de la Asociación Nacional de Industrias Químicas (ANIQ), en 2013 se consumieron en México 565,296 toneladas de PVC, 10.4% más que el año anterior.

Sin embargo, el reciclaje de plásticos en 2014 apenas alcanzó 18% en México, según datos del Centro Empresarial del Plástico. Aunque destaca el organismo que la cifra se mantiene en aumento.

 

Tarjetas biodegradables

Frente a esta problemática, Gemalto, proveedor de servicios bancarios, dise­ñó una solución: reemplazar el plástico utilizado por las tarjetas bancarias con un polímero biodegradable fabricado a base de maíz: el PLA (ácido poliláctico).

Gemalto afirma que la solución no fue sencilla ni barata. Tras tres años de investigación, observó que el PLA era capaz de cumplir con los requerimien­tos de seguridad que ya presentan las tarjetas fabricadas con PVC.

“Las primeras tarjetas bancarias de menor impacto ambiental eran de plás­ticos reciclados, pero que sólo podían reutilizarse un cierto número de veces y que de cualquier forma contamina­ban al ser desechados”, refiere Dimas Gómez, director de Mercadotecnia del área de Finanzas de Gemalto.

Antes de utilizar este material en tarjetas bancarias, Gemalto probó la funcionalidad del PLA en tarje­tas de prepago y SIM de empresas de telefonía en Europa. Este año, la solución comenzó a implementarse en tarjetas bancarias de instituciones en Dinamarca, Francia, Líbano, Alemania, Italia, Finlandia y más recientemente en México.

 

Más valor al valor

Una de las metas de esta estrategia era la de demostrar que es posible añadir un valor a algo que los seres humanos siempre le han dado tanta importancia: el dinero. Uno de los principales aliados en esta tarea fue Visa, que si bien no se encarga de producir los plásticos, está consciente de que su marca está impre­sa en millones de tarjetas de crédito y débito que se convertirán en contami­nantes una vez que caigan en desuso.

Mauricio Braverman, vicepresi­dente de Productos para Visa México, explica: “Nosotros nos sentamos con los bancos para conocer sus necesida­des. En conjunto buscamos soluciones innovadoras que vayan de acuerdo con sus estrategias”.

Así fue como lograron con CI Banco el convenio para reemplazar sus tarje­tas de PVC por las de ácido poliláctico. De acuerdo con Gemalto, éste es el primer banco en América Latina que adoptó la solución en todas sus tarjetas.

“CI Banco es el primer banco verde en el país. Es una filosofía que logramos implementar desde 2012. La sustentabilidad para nosotros es una es­trategia que le da más valor a nuestros clientes”, refiere Jorge Rey, director de Sustentabilidad del banco.

“Hubo algunos retos al imple­mentar esta tarjeta en todos nuestros productos, la mayoría de ellos por las limitaciones que tenemos en el tipo de diseño que se puede aplicar sobre el plástico. Sin embargo, estamos satisfechos con los resultados”, agrega el directivo de CI Banco.

Los primeros pasos que dieron para convertirse en un banco verde fue ofre­cer créditos para adquirir autos con baja emisión de CO2 o para instalar páneles solares en los hogares. También ofrecen estos servicios a empresas que quieran mejorar su desempeño ambiental.

Gemalto asegura que más bancos en México y América Latina también incluirán su tarjeta biodegradable, pero la mayoría sólo en algunas de sus líneas de tarjetas. Por el momento CI Banco está solo en esta iniciativa, con 15,000 plásticos en una primera etapa en la que todas las nuevas cuentas tendrán estos plásticos. Aunque es un esfuerzo grande, apenas representa menos de 0.01% del número de tarjetas que hay en el país.

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Dimas Gómez (Foto: Fernando Luna).

¿La mejor alternativa?

Si bien las tarjetas de PLA producidas por Gemalto parecen tener una buena acogida por varias instituciones finan­cieras alrededor del mundo, algunos organismos han criticado la forma en la que se produce dicho biopolímero.

Dimas Gómez señala que el desa­rrollo de sus tarjetas utiliza un reducido porcentaje de las cosechas de maíz, ya que incluso la producción anual de sus tarjetas necesitaría unas 7,000 tonela­das, lo que representaría 0.03% de la producción anual en México.

Sin embargo, un informe del De­partamento de Agricultura de Estados Unidos reveló que entre 2014 y 2015 la demanda de maíz en México será de 32.75 millones de toneladas. No obstan­te, la producción local sólo alcanzará las 22.5 millones de toneladas, lo que genera un déficit de 45.5%.

Por su parte, la Anipac señala que el uso de materia orgánica para producir polímeros, como el maíz o la soya, pue­den generar impactos como la erosión de la tierra, deforestación o contamina­ción por pesticidas en las cosechas, si no se realiza con la supervisión debida.

Esta asociación de plásticos también advierte que para que estos bioplásti­cos ofrezcan un beneficio ambiental completo, deben de ser tratados co­rrectamente. De lo contrario, también podrían convertirse en contaminantes.

Gemalto tiene en Europa y Estados Unidos un sistema de recolección para poder recuperar los plásticos y darles el tratamiento adecuado. Pero este sis­tema no ha llegado a México, en don­de la recolección y tratamiento está en manos de distintas instituciones.

 

El futuro del pago

Pese a que en el país existen más tarjetas que personas, lo cierto es que menos de la mitad de la población está bancarizada. Según el Global Findex, elaborado por el Banco Mundial, 39% de la población en México se encuen­tra bancarizada.

Al respecto, Mauricio Braverman asegura que es necesario ofrecer distintos sistemas de transferencia para aumentar el interés y la confianza de las personas en los instrumentos financieros.

Día con día los sistemas biométri­cos de transferencia bancaria evolu­cionan, lo que apunta que en un futuro ya no será necesario usar dinero ni tarjetas para realizar transacciones. Bastará la lectura de la huella digital, del iris o el registro del pulso para pagar cualquier cosa.

No obstante, dice Braverman, en México este futuro no es tan cercano: “La tecnología todavía no está como para migrar a toda la población mexi­cana hacia sistemas completamente electrónicos. Como la aceptación universal es un tema prioritario para Visa, debemos ofrecer siempre la mejor forma de pagar y ser pagado, que en muchos casos siguen siendo las tarjetas de contacto”.

En un escenario como éste, queda claro que buscar reducir el impacto ambiental que las tarjetas bancarias producen es fundamental, ya sea a través de plásticos biode­gradables o de sistemas de reciclaje más eficientes.

 

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