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El tema es la portada de la edición de junio de su revista y alimenta el debate en torno a esta situación a la que se encuentran miles de inmigrantes en suelo estadounidense, como Eudocia Tomas Pulido o Lola, como la llamaban sus dueños, según revela el texto publicado este martes por The Atlantic.

A través de una narración basada en sus recuerdos, la publicación cuenta acerca de la manera en la que la esclavitud aún permea en la sociedad estadounidense, que consciente o inconscientemente somete a ese grupo vulnerable a cambio de cumplir en el mejor de los casos con sus necesidades mínimas.

Esto bajo una situación de normalidad pero en condición de secreto para la sociedad estadounidense: “Para mis vecinos estadounidenses, éramos una familia de inmigrantes modelo. Eso nos decían. Mi padre era abogado de profesión, mi madre estaba en camino a convertirse en médico y mis hermanos y yo sacábamos buenas calificaciones y decíamos ‘por favor’ y ‘gracias’ siempre. Nunca hablábamos de Lola. Era nuestro secreto”.

Lola, relata el texto, tenía apenas 18 años cuando fue regalada y poco después viajó de Filipinas con su “nueva familia” hacia Estados Unidos, arrastrada a una vida en la que sus días comenzaban antes que los de cualquiera en la casa y terminaban hasta que todos se fueran a la cama, atendiendo a una pareja y sus cinco hijos, sin recibir una paga a cambio y bajo maltratos.

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“Vivió con nosotros por 56 años. Me crió a mí y a mis hermanos sin recibir paga alguna. Yo tenía 11, vivía una vida muy tradicional, hasta que me di cuenta quién era realmente ella”, narra el autor de este texto.

Pero la vida de esta pequeña mujer de Manila antes de esto no era mucho mejor. Sin dinero y perteneciendo a una rama marginal de una familia de granjeros de arroz, y comprometida por sus padres a casarse con un criador de cerdos que le doblaba la edad, la joven buscaba escapar de su infelicidad, pero no tenía a dónde ir.

Así, en 1943 un militar le hizo una oferta: podría tener comida y refugio si se comprometía a cuidar a su hija de apenas 12 años. “Lola estuvo de acuerdo, sin comprender que el trato era de por vida”, destaca el texto.

“(Lola) medía menos de 1.30 metros y era de piel achocolatada y ojos almendrados que aún puedo recordar viendo directamente a los míos en mis recuerdos. Tenía 18 años cuando mi abuelo se la regaló a mi madre como un obsequio, y cuando mi familia se mudó a los Estados Unidos, ella vino con nosotros. No hay otra palabra más que ‘esclava’ lo que define la vida que vivió con nosotros”.

Este material detalla con anécdotas, recuerdos y fotografías la vida de esta filipina con una familia estadounidense desde que terminó la Segunda Guerra Mundial, narrando las situaciones en las que llegó a esa esclavitud disfrazada de arropo, de agresiones verbales por hacer un “mal trabajo”, su estancia legal irregular en una tierra separada da su hogar por un océano, y sus intentos por regresar a casa.

El texto se encuentra publicado en el sitio web de The Atlantic, bajo el título My Family’s Slave.

 

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