Una holandesa “muy michoacana”, un mexicano que vive en Holanda y una michoacana que vive en Michoacán son los principales protagonistas de esta historia de éxito que está poniendo productos agrícolas michoacanos en Europa, trabajando siempre bajo el principio de comercio justo para beneficiar a productores mexicanos.

Lia Bijndorp es una economista holandesa que vivió en Morelia alrededor de 15 años, donde se dedicó a labores altruistas, y que conoció a Darinel Herrera, un mexicano nacido en la Ciudad de México que se fue a vivir a Guanajuato, donde conoció a su esposa holandesa con quien se fue a vivir a Holanda.

Es allá, en el viejo continente, trabajando con una fundación, donde Darinel conoce -vía Skype- a Lia y coinciden en que se debe hacer algo para poder ayudar a los productores agrícolas mexicanos, específicamente a los michoacanos que eran bien conocidos por Lia.

Así, con este revoltijo entre holandeses que vienen y mexicanos que van, surge la idea de profesionalizar a los campesinos michoacanos para poder colocar sus productos en Europa y deshacerse de los intermediarios, que son los que quedan con la mayor parte de las ganancias de este importante mercado.

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“La primer gran cosa que logramos fue conjuntar a más de 1,500 productores de Michoacán; productores de aguacate, de mango, de papaya, de plátano y luego les dijimos, vamos a trabajar en conjunto, vamos a capacitarnos, vamos a abrir nuevos mercados”, explica Darinel, cofundador de esta empresa social a la que bautizaron como United Producers of Michoacan (UPM).

A este proyecto se sumó también Cinthia Alemán, una joven michoacana, hija de un productor de la zona de Tierra Caliente. Ella estudió negocios internacionales y es la tercera cofundadora de UPM.

Pero el trabajo de conjuntar a los productores no fue fácil debido a la desconfianza que éstos tienen de la gente externa a sus comunidades. Sin embargo, gracias al trabajo altruista que durante años hizo Lia en esa región del país, los campesinos confiaron en la propuesta de estos emprendedores sociales.

Además de conjuntar a los productores se debía trabajar con los importadores holandeses quienes veían a México como un país lleno de narcotraficantes y de trabajadores ineficientes.

Había que cambiar esa visión, explica Darinel, así que lograron traer a los empresarios de aquel país a que conocieran directamente a los productores y vieran su realidad. Con ello lograron hacerlos entender que la situación geográfica, cultural y social del país impedía que fueran eficientes y competitivos.

“La otra parte fue traer a los importadores aquí a Michoacán, porque teníamos que cambiar la imagen de México en el exterior, porque no querían trabajar con los mexicanos por dos factores: por el narco y por la ineficiencia. Porque (los mexicanos) te decían te lo mando tal día y llegaba tres días después, y en ese país un minuto tarde es muy importante. Pero los trajimos y entendieron muchas cosas, por ejemplo: que la fruta tiene diferentes tamaños debido a que todos los productores son pequeños. También queríamos que conocieran el contexto mexicano. Que entendieran que tenemos marcha, tenemos bloqueos y que a veces no podemos entregar como quisiéramos”, explica Dariel.

Con todo este trabajo por delante es como, en mayo de 2016, surge formalmente la UMP, como una asociación civil que en mayo de ese mismo año consolida su oficina de representación comercial en el puerto de Róterdam, en Holanda.

Ahora, los productores michoacanos contaban con una estructura lucrativa, encargada de brindar los servicios de representación, venta y posicionamiento de sus productos dentro de la Unión Europea.

En los primeros seis meses de operación, esta organización de productores logró facturar poco más de 7 millones de euros en exportaciones de aguacate has hacia los Países Bajos a través de su oficina en Róterdam.

Ahora, explica Darinel, “la demanda es tan grande que la producción es insuficiente”, por lo que ya están preparando la siguiente fase del proyecto y beneficiar a más productores.

“Ahí viene la parte dos del proyecto. Lo que queremos es construir un centro de especialización, capacitación y servicio, donde se capacite a los productores en nuevas técnicas más sustentables con tecnología holandesa, que es el país más desarrollado en ese tema… tecnificarlos con máquinas más amigables y cuidando el medio ambiente. Acompañarlos literalmente de la mano hasta el proceso de certificación que es como el boleto de entrada para el mercado europeo”, detalla.

Para la construcción de este Centro se requieren 40 millones de pesos, de los cuales el gobierno holandés ya puso la mitad. Ahora esperan conseguir los recursos de parte del gobierno mexicano a fondo perdido.

Con este modelo quieren beneficiar a pequeños productores de mango, de papaya y plátano, para que puedan enviar sus productos a Europa.

“El modelo lo queremos replicar, por el momento es sólo con aguacate hass, pero cuando veamos que funciona lo queremos replicar a mango, papaya y plátano, e incluso con productores de otros estados”, agrega Darinel.

 

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