Como parte de su plan institucional rumbo al año 2030, la Universidad Iberoamericana Ciudad de México entra en una nueva etapa en la que todos sus planes de estudio a nivel licenciatura, posgrado y programas de Técnico Superior Universitario (TSU) deberán mirar al futuro y centrarse en dos objetivos primordiales: la pertinencia y la incidencia social.

A lo largo de 76 años, la IBERO ha tenido como misión formar a las mujeres y los hombres que el país necesita. La meta es ayudar a construir un México mejor, más solidario, igualitario y democrático, a partir de la educación, la investigación y la vinculación con sectores de la sociedad civil y la iniciativa privada.

El modelo educativo de la Iberoamericana está enfocado en formar profesionales que atiendan las necesidades de los grupos excluidos y vulnerables; al mismo tiempo, capacitarlos para mejorar procesos, resolver problemas e innovar en todos los sectores donde se desenvuelvan. “Se especializarán en servir, pero también serán creadores de nuevas realidades”, apunta La Ibero.

“La IBERO entra en una nueva etapa, pero la esencia, el interior, sigue siendo el mismo: seguir edificando, ladrillo a ladrillo, un mejor país”.

La mirada está en el futuro

Además del proceso educativo, la institución también busca que las alumnas y los alumnos tengan claridad en el pensamiento y de ejecución, es decir, aplicar el discernimiento ignaciano. Con esta base, enfrentan la realidad con empatía, claridad y fuerza de espíritu. Están capacitados para superar retos y tomar oportunidades. La adversidad los alienta a buscar y construir.

La tradición de la IBERO es mirar hacia adelante. Y durante 76 años ha sido una institución innovadora en varios espacios del saber, con programas únicos en México y América Latina. Por ello, la mirada está en el futuro; en adelantarse a los problemas para dar respuesta lo más rápido posible a aquellas premisas o dificultades que se vislumbran.

La frase ‘La mirada de la IBERO es tu mirada’ engloba la tarea de esta casa de estudios: la enseñanza sólo cumple su propósito cuando piensa en el otro; en los contratiempos, obstáculos y malestares comunes. Por esta razón, echa mano de lo que sabe hacer: educar para los demás; ser pertinentes hoy y mañana.

A partir de estas características que se inculcan a los estudiantes desde el primer día, el futuro es esperanzador. Tienen las herramientas para ayudar a aliviar la crisis local y global. De ahí que la imaginación permita generar nuevas realidades. La Universidad entra en una nueva etapa, pero la esencia, el interior, sigue siendo el mismo: seguir edificando, ladrillo a ladrillo, un mejor país.

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