La noche del 21 de agosto, el presidente de El Salvador, Salvador Sánchez Cerén, anunció el quiebre de las relaciones diplomáticas con Taiwán para establecer lazos con China, por lo que unió a países como Costa Rica y Panamá que recientemente iniciaron relaciones con el gigante de Asia.

“Anuncio la decisión de mi Gobierno de romper las llamadas relaciones diplomáticas, mantenidas hasta este día, entre la República de El Salvador y Taiwán, y establecer relaciones diplomáticas con la República Popular China”, sostuvo el mandatario en un mensaje en cadena nacional.

Tras el mensaje del mandatario del país centroamericano, la Cancillería taiwanesa emitió un comunicado en el que acusó de que el gobierno había exigido reiteradamente grandes cantidades de fondos de Taiwán para el desarrollo del Puerto La Unión, que se ubica al oriente del país.

Además, el país asiático señaló que autoridades salvadoreñas le exigieron ayuda para recaudar fondos para la campaña presidencial del próximo del partido gobernante que es el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN). “El gobierno de Taiwán no puede aceptar tales solicitudes, ya que son contrarias a los principios democráticos”, sentenció el gobierno.

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Para el consultor independiente en Asuntos Públicos y Comunicación Política, Diego Echegoyen Rivera, la decisión del gobierno de romper relaciones con Taiwán fue equivocada, debido a que se debe a un tema político. “Los motivos, lamentablemente, son electorales. Necesitan un oxigeno electoral con la eventual llegada de una fuerte inversión en el oriente del país para el proyecto del Puerto de La Unión, proyecto que no han podido concesionar en los últimos mandatos presidenciales”, explica.

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En febrero de 2019, El Salvador tendrá elecciones presidenciales por lo que un punto clave del partido político ganador será si retoma las relaciones con Taiwán o mantiene relaciones con China. Ante esta incógnita, Echegoyen Rivera no cree que el próximo presidente desee sostener una relación que no tienen ningún arraigo democrático y cuyo arreglo fue a oscuras y con intenciones que aún desconocemos.

“La relación que tenía El Salvador con la Republica de China Taiwán era una relación de cooperación y respeto. No creo que con China continental suceda lo mismo. Para la China Popular somos un país más, sin un atractivo comercial de gran calado”, expone el consultor independiente.

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Por su parte, el director de los Programas Académicos de Negocios Internacionales en Tecnológico de Monterrey, Manuel Valencia, considera que la decisión de El Salvador pudo estar impulsada para obtener un impulso económico a través de inversiones en materia de infraestructura, así como en el sector eléctrico, sin embargo no descarta que Estados Unidos comience a ejercer presión para su nueva relación diplomática.

“Lo que China quiere es establecer una relación más estrecha con los países de Centroamérica para empezar a desarrollar proyectos de inversión. Es comprensible la posición de estos países debido a que en ellos hay pobreza, por lo que la ayuda de China es un aliciente”, explica.

Una mayor presión de EU

Luego del anunció de Sánchez Cerén, la embajadora de los Estados Unidos en El Salvador, Jean Manes, afirmó que China pretende incursionar en Centroamérica y El Caribe, usando los flancos más débiles de estos países con el interés de “militarizar la región”. Para el caso de El Salvador, el canal de entrada sería la inversión de China en el Puerto de La Unión, señaló Manes.

Según la funcionaria estadounidense, los ejemplos que han visto en otros países en donde China ha intervenido con inversiones, es que los proyectos de infraestructura al final se quedan en poder del gobierno chino. “En otros países como vimos en Sri Lanka, ya no tienen control de su puerto, otro país lo controla, ya hemos visto en otros países, después que China lo ha conseguido, no cumplen con los proyectos”, manifestó Manes.

Para Manuel Valencia del Tecnológico de Monterrey, las declaraciones de la embajadora en el país centroamericano son una muestra de la presión que puede ejercer Estados Unidos. “La nación norteamericana tiene que hacer contrapesos al poder de China, uno de ellos era la relación entre Taiwán y El Salvador”, agrega.

La Organización de las Naciones Unidas y la mayoría de los países occidentales siguieron considerando a Taiwán como el gobierno legítimo de China hasta 1971. Ese año, sin embargo, la ONU pasó a reconocer al gobierno comunista como la autoridad legítima de una única China.

La política de la República Popular de obligar a elegir entre mantener relaciones diplomáticas con Pekín o con “la provincia renegada” hizo que el estatus internacional de Taiwán rápidamente se convirtiera en un asunto complicado. Después de la decisión de El Salvador, solo 17 de los 193 miembros de la ONU  reconocen oficialmente al gobierno de Taiwán.

 

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