MÚSICA

PASARON cuatro años para que grabara nuevos temas, pero la espera ha valido la pena.

Seamos directos: Love & Hate, el nuevo álbum de Michael Kiwanuka, es una obra maestra. (O casi.) De hecho, este segundo álbum ha venido a confirmar que el aplauso y la aclamación que provocó en la prensa (y el público) su debut, Home Again, no fue un producto de la casualidad.

Hablamos de un álbum redondo que raya en la perfección, cuya grandeza radica —entre otras cosas— en su capacidad para sostenerse tanto en la tradición como en la actualidad.

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2Y tampoco es extraño. Verán: para Love & Hate, el inglés contrató los servicios del poderoso productor Brian Joseph Burton —o sea, Danger Mouse—, quien diseñó triunfantes capas contemporáneas; además, a él le han acompañado Inflo y Paul Butler: la combinación ha derivado en un fabuloso catálogo de soul elegante, majestuoso en sus incursiones a temas que tratan la soledad y la duda y la alienación y la culpabilidad y la necesidad de amar. Incluso, las luchas personales por el color de piel (ahí está la poderosa “Black man in a white world”).

Así, las nuevas canciones de Kiwanuka siguen siendo introspectivas, y siguen arrojando luz ahí donde hay oscuridad, aunque el envoltorio es ahora mucho más ambicioso: hay espacio para el soul elegante, el funk ligero, los coqueteos con el gospel, la sensualidad a la de Marvin Gaye, baladas hermosas, o melodías R&B.

Basta escuchar el ensoñador primer tema, “Cold little heart”, para ver por dónde va la cosa: hay que tener confianza para abrir un álbum con una canción que dura alrededor de 10 minutos, y cuyos primeros cinco son totalmente instrumental… Es un poderoso tema que aterriza entre el Pink Floyd más sublime y el Neil Young más etéreo. También está el propio tema que da título al álbum, “Love & hate”, y sus más de ocho minutos de duración: una exuberante panorámica de cuerdas y pianos y coros celestiales y guitarras líquidas… y así…

No hay duda: al final del año, Love & Hate estará entre los mejores de 2016; en vías, ya, de convertirse en un álbum clásico.

Editado por Interscope/Universal Music, aquí hay dos temas de los 10 que integran el disco de Michael Kiwanuka, desde su canal oficial: “Cold little heart” y “Love & hate”.

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EMPEZARON como trío, y ahora son cuarteto. Comenzaron fusionando jazz (be-bop y post-bop) con hip hop y también música electrónica, y ahora lo siguen haciendo pero más sofisticado y vanguardista. Vamos más lejos: cuando iniciaron eran casi unos niños, y ahora son apenas jóvenes…

Lo que intento decir es que BadBadNotGood ha tardado muy poco, o al menos relativamente muy poco, en conseguir un muy buen álbum.

No sé si quedó claro: su nuevo disco, sin duda, es el mejor de su carrera (por ahora), y no cabe duda que es uno de los mejores en lo que va del año (por ahora).

3De III —publicado en 2014— a IV —el nuevo álbum—, BBNG ha dado un salto no sólo cuantitativo, también cualitativo.

Si ya en III demostraban que eran muy buenos músicos, con IV queda claro que esos chicos son unos superdotados. Porque ahora ampliaron ya la gama de colores con que juegan: soul, R&B, electrónica y hip hop pasan por su particular filtro de texturas jazz.

¿El resultado? Un álbum ecléctico, maduro, juguetón, disfrutable, con temas por momentos delicados y sensuales y, de pronto, con melodías llenas de experimentación e improvisación.

Para esta nueva aventura, por cierto, el grupo pidió apoyo a un nutrido número de amigos, entre ellos Sam Herring —derrite el suave soul en el que participa, “Time moves slow”—, Colin Stetson —en “Confessions, Pt. II”, su sax es extraordinario—, o DJ Kaytranada para “Lavender”.

La banda lo ha dicho bien: “No estábamos pensando en un álbum, sólo estábamos haciendo música, sin forzar ninguna idea o colaboración.”

De ahí lo ecléctico… Y también lo maravilloso…

En su canal oficial de YouTube puedes escuchar dos canciones “Speaking gently” y “Confessions Pt II”.

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CONSTE: la idea provino desde el cuartel general de Decca Classics, el subsello de Decca: la reputada casa discográfica invitó a productores, dj’s y músicos reconocidos de la electrónica a visitar y escuchar parte de su archivos sonoros. Lo hizo con un objetivo… poder ver nacer un nuevo proyecto que ellos traían entre manos.

4El resultado ya está aquí: ha salido a circulación Re:Works, un disco en el que varios artistas de la plana mayor de la música electrónica se han encargado de re-trabajar piezas de la plana mayor de la música clásica.

Así, por un lado, circulan por aquí Bach y Beethoven, Debussy y Fauré, Satie y Reich, Sakamoto y Rachmaninov, entre otros… Por el otro lado de la acera están aquí Henrik Schwarz, Martin Buttrich, Fort Romeau, Patrice Bamuel, o Kate Simko —todos ellos innovadores en el género.

El resultado es excelente, con propuestas muy diversas y tratamientos (o revestimientos) muy buenos. (Se agradece la selección de invitados, de hecho: al ser varios los involucrados, evitan lo repetitivo y el tedio.) Eso sí: cada artista fue libre para seleccionar grabaciones del catálogo, y re-trabajarlas a su manera: algunas han quedado inquietantes, y otras muy abstractas.

Hay versiones sumamente atractivas: lo mismo Bach y Reich en clave de techno, que por ejemplo Holst en clave de tech house… Ni qué decir de la versión (en clave de deep house) que realizó Alberto Bof de “Vespers Bogoroditse Devo” de Rachmaninov. Está increíble.

En YouTube, en el canal oficial del proyecto Re:Works, pueden escuchar varios temas.

Otras «Estanterías»: El regreso de Tom Petty y la canción de Teddy Wayne

 

LIBROS

EL CRÍTICO de música Antonio Malacara Palacios ha publicado Atlas del jazz en México. Un libro fascinante y sorprendente. Y útil también.

La idea del libro, según cuenta el propio Antonio a manera de prólogo, surgió cuando ciertas preguntan e inquietudes se hicieron frecuentes y habituales al terminar una charla en alguna universidad, o un festival: “Los funcionarios culturales y los promotores me preguntaban por un músico o algún grupo, mientras que los músicos me pedían el teléfono de algún funcionario o de algún club.”

Fue ahí cuando se dio cuenta que era necesario trazar un mapa, o dos. O un atlas.

5Algunos años después, aquí está. Es un atlas muy completo: ofrece un directorio de músicos, uno de festivales, uno de clubes y de programas de radio. Eso sí: para que no quedara en una mera sección amarilla de la síncopa nacional, convocó a cuates enterados (en cada uno de los 32 estados del país) para que escribieran una semblanza. Como es común, los 32 se convirtieron en 63.

¿El resultado? Antonio lo define como un libro de hallazgos. Sorprende —en efecto— la gran cantidad de músicos que hay. Inevitable coincidir con él: uno intuía que había jazz en muchos lados, pero no tantos. ¡Los 32 estados tienen a un jazzista en ciernes o ya consagrado!

No sólo eso. Según los testimonios, todas las variantes conocidas están cubiertas: digan cualquier género o subgénero del jazz, y alguien ya lo está ejerciendo en algún lugar —no siempre apegado al “original”, y sí, más bien, imprimiéndole su estilo: hurgando en las raíces folclóricas de su región y filtrándolas a través de los códigos y la gramática del jazz.

Sumados, los 63 testimonios esbozan también una primera historia del género.

Aquí vale una aclaración: como Antonio no lo planteó ni se propuso hacer una “historia” del jazz en México, el libro carece del rigor de una investigación académica —dejando en cada entrevistado y participante la veracidad de sus palabras, sus historias o sus recuerdos sobre el jazz en sus propias entidades.

Sin embargo, y pese a ello, el atlas cumple perfectamente su cometido: es una guía más o menos detallada de las rutas del jazz en el país, es un compendio de información básica para los interesados en el fantástico (y complicado) mundo del ritmo sincopado en México.

El Atlas del jazz en México se puede adquirir en los clubes de jazz de Puebla (Jazzatlán) y de la Ciudad de México (El Convite, Zinco Jazz Club, Jazz Place, Fundación Sebastián, Film Club Café, Las Musas de Papá Sibarita y Pizza Jazz).

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TIENEN RAZÓN los editores de la nueva obra de Mario González Suárez; en la contraportada, escriben: “En ninguno de sus libros anteriores se había atrevido a inquietarnos tanto como en Verdever.”

6Y, sí: es un golpe directo. Este nuevo trabajo del escritor mexicano está tremendo. Son páginas ardientes. También fantásticas… Me explico: la obra de Mario suele moverse por dos cauces: el realismo extremo, y los mundos fantásticos que desafían al lector. A esta última pertenece este Verdever.

¿Por qué páginas ardientes? Porque el deseo, el erotismo, el sexo (y el incesto) se narran aquí con libertad y con furia, funcionando —eso sí— como elementos transgresores no sólo para el propio Mario, sino para los personajes que habitan esta historia: Rico (un tipo caliente “flaco y correoso”) y su hermana Marta (quien “se excita con sólo sentir el peso de sus propios pechos”).

“Los dos viven siempre excitados.” Ambos, de igual forma, nos llevan a habitar dos realidades distintas. Pero, sobre todo, los dos nos obligan a preguntarnos una y otra vez por la familia —un tema muy frecuente en la obra de Mario— y cómo nos condiciona, a veces excesivamente, ésta; esa misma historia familiar que nos moldea, que nos influye —muchas más veces de las que quisiéramos reconocer—, que nos impone quiénes somos.

Lo apunta el narrador en una de las páginas (la 109): “Cómo seríamos si no tuviéramos padres.”

Verdever ha sido publicada por Ediciones Era.

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HA SIDO APLAUDIDA y recomendada en el ámbito nacional, pero también en el internacional. No es para menos: Lados B —la antología que cada año, desde 2011, publica el sello Nitro/Press—, es, verdaderamente, un diamante en bruto. Una joya, pues.

Si los “Lados A” de los vinilos o acetatos estaban dedicados a la canción oficial, comercial, dirigida al mainstream, los “Lados B” pronto fueron la cara alternativa.

7Eso mismo pasa con Lados B de Nitro/Press.

Resumamos: dividida en dos tomos, mujeres y hombres, la antología ha funcionando como un escaparate, un muestrario, un panorama de lo que se está escribiendo en la actualidad en todo el país… Hablamos de escritores —noveles y no tan noveles— que suelen ser desdeñados o menospreciados o simplemente ignorados por el statu quo literario…

Dejando del lado las entregas anteriores —y en espera de que dejen caer la de 2016—, vamos a concentrarnos en Lados B 2015 —y en su versión masculina. (Me limito a ésta, pues no he podido adquirir el libro de las chicas.)

En esta ocasión, la antología de 2015 viene con una propuesta aún más explosiva, y arriesgada. Ahí están los casos de Salvador Munguía, Iván Sierra o Kin Navarro, por mencionar sólo a tres de los diez autores.

No hay duda: es un caleidoscopio de personalidades y estilos y temas, con un denominar común: la realidad filtrándose por todos lados… Sí, es un libro altamente recomendable.

Si quiere, puede hallar más información de la antología en la web oficial.

 

 

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