El dinero que se abre camino a las Islas Caimán financia las aspiraciones y los sueños de los empresarios de todo el mundo.

 

Por John Tamny

Aunque el término “paraíso fiscal” ha adquirido matices peyorativos en los tiempos modernos, la verdad sobre estos lugares esenciales es más que alcista. Para entender por qué tenemos que recordar que la riqueza, a menos que se ponga bajo el colchón, nunca está inactiva.

Lo anterior es importante sobre todo porque es un recordatorio de la importancia de los países como las Islas Caimán para la economía global. La riqueza resguardada allí no descansa en la caja fuerte de un banco, sino que fluye rápidamente con el clic de un ratón en todo el mundo a destinos vistos por inversionistas profesionales como una opción para maximizar los beneficios de la mejor manera posible. En pocas palabras, el dinero que se abre camino a las Islas Caimán financia las aspiraciones y los sueños de los empresarios de todo el mundo.

De igual o mayor importancia es que la existencia de lugares como las Islas Caimán mantiene a otros gobiernos de todo el mundo más honestos. De hecho, siempre que existan lugares como las Islas Caimán en donde el capital esté a salvo de las manos de los políticos, la economía mundial estará mejor. Obligados a competir con regímenes fiscales más ligeros como los de las Islas Caimán, los políticos tienen menos oportunidad de echar mano de los recursos creados por otros.

Sirva lo anterior como preámbulo a las noticias reveladas recientemente y que involucran al premier de las islas Alden McLaughlin. En respuesta a un editorial del 3 de junio, publicado en The Cayman Compass que fue crítico de su gobierno, McLaughlin despotricó contra lo que considera un “imprudente y traidor ataque a las Islas Caimán y a todo su pueblo”. McLaughlin también procedió a retirar toda la publicidad gubernamental del periódico, copublicado por David y Vicki Legge. Aunque inicialmente fue puesta bajo vigilancia permanente del Royal Cayman Islands Police Service, la pareja editorial ha huido de la isla a un lugar desconocido en Estados Unidos.

Entonces, ¿qué fue lo que lo enfureció McLauglin? Un editorial que pedía una reducción de la corrupción gubernamental contra la que McLaughlin hizo campaña en 2013. El editorial pedía especialmente una investigación a fondo de Jeffrey Webb, ex vicepresidente de la FIFA y presidente de la Asociación de Futbol de las Islas Caimán. Sin comentar sobre lo buena o mala que resulta la extralimitación aparente del Departamento de Justicia de Estados Unidos en los asuntos deportivos mundiales, el editorial del Compass vio la importancia del potencial de lavado de dinero de un prominente ciudadano de las islas.

En temas más cotidianos de gobierno, el editorial llamó a crear una política que en EU se denomina como de “ventanas rotas”; en este caso, sobre las actividades gubernamentales que cruzan la línea hacia la corrupción:

“Ya sea que se trate de conseguir una calcomanía de inspección vehicular (para un coche que no es aprobado), una exención a las normas de desarrollo, la aprobación de permisos de trabajo, el apoyo de un determinado bloque de votantes o, supuestamente, millones de dólares en sobornos vinculados a eventos deportivos, acechan detrás de escena sombras de impropiedad, influencia y hermetismo.”

El Compass expuso el punto de que una buena reputación no es algo que se gane fácilmente entre individuos o países, así que es imprescindible que incluso los pequeños casos de corrupción –como el tráfico de calcomanías de inspección vehicular mal habidas–  se dirijan de una manera seria. Así como la aprobación de una política de ventanas rotas en las ciudades lleva en última instancia a la reducción de formas más grandes de delincuencia, sin duda un enfoque de combate a los pequeños abusos de poder crea una cultura de limpieza que hace mucho menos probables los abusos de poder gubernamentales. Todo esto es importante para las Islas Caimán simplemente porque su excelente reputación de sofisticado intermediario para la asignación de la riqueza mundial podría perderse fácilmente, y con ella podría diluirse el gran impulsor de la prosperidad de las Islas Caimán.

Aunque es justo suponer que las relaciones de Webb con la FIFA son probablemente endémicas a un órgano de gobierno del futbol que durante mucho tiempo ha estado funcionando fuera de los límites de la decencia, el punto del Compass sigue siendo válido. Teniendo en cuenta el largo plazo, el gobierno no debe enfocare en erradicar las pequeñas cosas que definen los abusos iniciales de potencia para evitar casos aún más grandes de comportamiento corrupto entre la clase política que, invariablemente, terminarán siendo reveladas. El éxito y la prosperidad del futuro económico de las Caimán depende de esto.

De igual manera, la prosperidad del futuro económico del resto del mundo depende de la salud de “paraísos fiscales” como las Islas Caimán. Si son vistos como corruptos, o peor, como impunes y autoritarios capaces de intimidar a su prensa, los gobiernos tradicionales tendrán más armas para desplumar más agresivamente a sus propios ciudadanos. Si los creadores de riqueza del mundo carecen de lugares como las Caimán como una opción, sus posibilidades económicas no será tan robustas.

El premier McLaughlin ha cruzado la línea, y sus acciones deberían preocupar incluso a los individuos más allá de las fronteras de las Islas Caimán por la señalan que mandan a los creadores de riqueza en el mundo. Dado que la única economía cerrada es la economía mundial, lo que sucede en las Islas Caimán tiene el potencial de generar una onda de choque negativa en todo el mundo. Sólo puede esperarse que McLaughlin caiga pronto.

 

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