Por Auxiliadora Rosales

Se lanzaron al ruedo de la moda como profesionales en 1986. Una época donde en Nicaragua se vivía una guerra armada y un embargo económico impuesto por Estados Unidos, en 1985, al proceso revolucionario. No eran tiempos ni para la siembra ni la industria. Mucho menos para la moda. El gobierno en turno reportaba que la falta de divisas y el bloqueo comercial eran una causa de la caída vertiginosa de la producción de las cuatro ramas que conformaban las pequeñas empresas nicaragüenses: textil, cuero, calzado y alimento.

La producción de prendas de vestir experimentó en el primer año de bloqueo un descenso de 30%, pues dependían de las divisas para comprar la materia prima en el exterior. Pero semejante adversidad y un escenario tan negro no pudieron con la determinación y los deseos de creación de las diseñadoras Blanca Jackman, Damaris Núñez y Alma Rosa Jiménez, quienes lanzaron en esa fecha su primera pasarela como profesionales del diseño en el Centro Cultural Managua y desde entonces no han dejado de crear y generar tendencias durante 30 años consecutivos, convirtiéndose en pioneras de la moda.

Ellas trabajaban la tela que sobraba después de haber priorizado las sábanas y batas de los hospitales y frentes de guerra. “A nuestras manos llegaba sólo manta cruda de color semiblanco, por lo que tenía que lavarlas, pintarlas con sellos de papa a los que les daba formas de flores, corazones o círculos y luego las amarraba. En ese proceso de pintar la tela había toda una magia, porque nunca sabías lo que al final saldría”, rememora la diseñadora Damaris Núñez.

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Y añade: “creo que en el momento que puse vestidos rosas, rojo, azules, fucsias fue como devolverles a las mujeres de los 80 un poco de alegría, un trozo de vida. Por lo que estoy convencida que las cosas hay que hacerlas en el momento preciso, aunque el ambiente parezca negativo como nuestro caso”.

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En medio de la escasez

Ellas cuentan también que en la década de los años 80 se organizaron en el movimiento de la Asociación de Trabajadores de la Cultura (ASTC), lo que les permitió asistir a talleres, seminarios y ferias en diversos países, lo que les brindó la posibilidad de exportar sus prendas.

“Cuando vi que mi taller producía lo suficiente, me fui a hablar con el gerente del aeropuerto internacional para pedirle que me rentara una tienda y exponer mi ropa porque a los turistas les fascinaba la ropa de manta. Las ventas en esa tienda me permitió establecer otra tienda en otro punto de la capital e incursionar en el mercado de bienes raíces. Es decir que la moda me ha permitido crecer en otras áreas de negocio”, cuenta Alma Rosa Jiménez.

Tanto para Alma Rosa como para Blanca Jackman, su mayor volumen de ventas estuvo de los años 80 hasta mediado de los 90 porque muchos extranjeros, sobre todo europeos, iban a conocer y apoyar la revolución nicaragüense.

Jackman asegura que la mejor forma de mercadear sus prendas ha sido vistiendo a las reinas de bellezas, tanto nacionales como a varias Miss Universo, entre ellas a Amelia Vega (Miss Universo 2003).

En el periodo de 1986 a 1995 la producción de Alma Rosa Jiménez y Blanca Jackman se mantuvo entre 300 y 500 piezas mensuales, lo que les generaba aproximadamente unos 5,000 dólares mensuales. En tanto para Damaris Núñez su mejor temporada de venta fue toda la década de los 90 hasta 2000, cuando estuvo a cargo de un proyecto de la Cooperación Noruega, que consistía en exportar 500 piezas nacionales a países como Noruega, Finlandia y Holanda, cuyo valor tenían entre 10 y 15 dólares. “Luego la cooperación abandonó el país, por lo que en la década de 2000 me he dedicado al igual que mis compañeras a elaborar diseños más exclusivos y glamourosos, como los vestidos de novia, de noche y de gala”, señala Núñez.

Después de 2001, ante la invasión de un mercado masivo chino, las diseñadoras enfrentaron un reto en sus carreras como empresarias, pero hallaron una salida en la exclusividad de sus propuestas. Y las tres incursionaron en diseños de ropa de gala y de novias. “Estamos como que empezamos ahora, no sólo tenemos más experiencias, sino más tiempo para dedicarnos a diseños mucho más elaborados”, Alma Rosa Jiménez.

Estas tres diseñadoras también tienen en común que se dieron cuenta desde niñas lo que querían hacer en sus vidas. Blanca Jackman a los ocho años usaba los folders de su padre, un abogado de profesión para dibujar los vestidos de sus muñecas, luego al convertirse en madre hacia la ropa de sus cuatro hijas. “Como yo las llevaba divinas a los cumpleaños, mis amigas empezaron a pedirme que hiciera los vestidos de sus hijas también. Por lo que empecé haciendo ropa de niña y gratis. Luego me fui a México a estudiar alta costura”, refiere Jackman.

Mientras que Alma Rosa Jiménez, la cuarta de nueve hermanas, no estaba dispuesta a usar la ropa gastada que dejaban sus hermanas mayores, por lo que desde los 10 años iba a la tienda de su abuelo a buscar telas para diseñar sus propios vestidos. Al llegar a la juventud, a la par que impartía clases de primaria, decidió montar su taller con el apoyo de su padre, quien le compró su primera máquina y le cerró un espacio de la casa con aire acondicionado exclusivo.

En tanto, Damaris Núñez desde los 12 años ayudaba a su madre en la confección de ropa, de quien aprendió muchos secretos de ese arte y aunque estudió arquitectura, la pasión por el diseño la atrapó para siempre y ella atrapó a una exclusiva clientela cautiva entre la diplomacia acreditada en el país.

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