Donald Trump ha tomado por asalto al sistema estadounidense. Ha logrado minimizar a los partidos políticos, a los medios de comunicación, a los aliados, a los servicios de inteligencia, al Congreso, a los militares, a los socios comerciales, a la ciencia y a la importancia de los datos y los hechos.

En el universo del presidente estadounidense lo único que vale es su ego ¿eres mi amigo o eres mi enemigo? No hay sutilezas, no hay análisis, no hay siquiera consistencia en los amores: si le eres útil, te ensalza; si le estorbas, te ataca; y eso puede cambiar en cuestión de minutos. Su mejor arma es el descaro. Supo convertir su debilidad -un lenguaje y comprensión de un niño de 10 años- en fortaleza, al aliarse con el descontento de la masa temerosa e ignorante con simplificaciones y propuestas absurdas.

Trump es una singularidad, es un evento sin precedentes que tomó por sorpresa al sistema político-administrativo de Estados Unidos. Si estuviéramos viendo una serie de TV, ya la hubiéramos descartado por irreal; pero no lo es. Muchos de nosotros nos encontramos buscando la noticia del día en MSNBC, el Washington Post o el New York Times, o viendo la última sátira o análisis de Trevor Noah, Bill Maher o Michael Moore. ¿Qué es lo que buscamos? La reacción del sistema. La resistencia. El desenlace de una historia de terror que parecía amenazar a México, pero que ahora amenaza al mundo entero empezando por ellos mismos.

¿Quién lo está frenando?

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Los medios de comunicación independientes y críticos, los jueces, la propia burocracia, los congresistas valientes de ambos partidos, pero más importante aún, los ciudadanos que no se derrotan, que saben defender a sus instituciones y que poseen un sentido pragmático, optimista y combativo.

Entre más oscura es la noche de Donald Trump, más brillan las estrellas de la resistencia. Cualquier sistema puede correr el riesgo de tener un cínico o un perverso en el poder, pero no todos pueden presumir que cuentan con mecanismos de auto-corrección. No dudo en que el sistema encontrará la manera de deshacerse de él de manera definitiva.

México puede aprender de esta experiencia, podría tener ciudadanos más optimistas, críticos y pragmáticos que enfrentan el mal gobierno y lo transforman en una experiencia positiva. Ciudadanos que no se derrotan a sí mismos con excusas para no hacer nada; ciudadanos que ejercen su liderazgo en lugar de esperar el liderazgo de alguien más.

Los ataques del presidente de Estados Unidos nos han dado un sentido de identidad, pero la resistencia nos da lecciones que podemos y debemos aprovechar más allá de la defensa nacionalista.

 

 

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