¿Se justifican las palabras “fifismo” o “chairismo”, entre otras muchas, como parte del lenguaje común en países como México? En realidad, no siempre estamos conscientes del uso o del abuso del sufijo “ismo”, menos aún, de su verdadera significación. Lo único cierto es que al utilizarlo generalmente cargamos a las palabras de un sentido peyorativo y negativo.

EL USO DEL SUFIJO “ISMO”

Los “ismos” son una forma de radicalizar ciertos aspectos de la vida, haciendo de ellos la expresión de totalidad. Por ejemplo, cuando afirmamos que la persona es un ser social ello no implica que sea “socialista”; o cuando señalamos que una persona es un ser social gregario y posee cosas en común con los demás, no necesariamente es “comunista”. De igual forma, cuando se señala a un ser celoso de su individualidad, no por ello estamos afirmando que sea necesariamente “individualista”. Y así podríamos seguir en una cadena interminable de contrastes entre actitudes propias de la persona (constatables históricamente) y la presencia de sus formas radicales, expresadas comúnmente en el sufijo ‘ismo’.

Para entender los ‘ismos’ en el pensamiento político, estético, sociológico, jurídico y en muchos otros campos del conocimiento, es necesario aclarar que la persona humana es un ente complejo en el que convergen muchos modos de ser y existir, y que solo en la medida en que sea entendida como tal es posible pensar en un mundo equilibrado en el que pueda vivir con toda su complejidad sin necesidad de renunciar a una parte de ella. Por ende, cuando fijamos nuestra atención en uno solo de los aspectos que la componen y a partir de éste pretendemos explicar su ser, evidentemente caemos en exageraciones o visiones radicales y sesgadas de la realidad.

LOS RADICALISMOS

Las imágenes sesgadas de la realidad y, especialmente, de la realidad humana, devienen en radicalismos porque pierden la ‘visión de conjunto’, sobreestimando sólo determinada manifestación de esa realidad, generalmente en forma injusta. De hecho, el uso gramatical en lengua castellana de los sufijos ‘ismos’ tiene su origen en la Patología médica. Específicamente se empleaban para designar procesos patológicos como el estrabismo, priapismo, paludismo o reumatismo, expresiones que denotan procesos de patologización de una parte del cuerpo humano que terminan por definir la condición general del estado de salud de una persona.

En consecuencia, se afirma que los ‘ismos’ nacieron con una carga negativa pues originalmente hacían referencia a la carencia de salud o a la falta de armonía en el funcionamiento del cuerpo humano. De la ciencia médica se pasó a otros terrenos del saber humano, con un sentido no siempre patológico o patologizante, aunque nunca ha podido dejar del todo esa connotación peyorativa. De ahí que se emplee el término para explicar tendencias dentro de determinados ámbitos del conocimiento (algunas veces llamadas doctrinas o escuelas).

El MUNDO DE LOS “ISMOS”

Veamos más ejemplos. En el Derecho se habla de ficcionalismo, idealismo, realismo, finalismo, formalismo, eclecticismo, entre otros muchos otros temas. En el mundo del Arte se le emplea para definir tendencias estéticas como el dadaísmo, surrealismo, cubismo, abstraccionismo o realismo. Pero debemos advertir que los ‘ismos’ tienen su anverso y su reverso; por una parte, hacen referencia a una falta de proporción o a una carencia, y por otra, se refieren a la intensidad con la que se observa un aspecto del arte o de la realidad. Sin embargo, los ‘ismos’ no siempre son susceptibles de tratarse con los beneficios que les concede esa ambivalencia en el mundo del Derecho o del Arte.

En efecto, tal es el caso de la Teoría Política, en donde normalmente es un sufijo que connota negatividad, llegándosele a emplear frecuentemente como medio de ataque del enemigo político o para la descalificación pública. Así, cuando hablamos de “liberalismo”, no nos referimos normalmente a una actitud de defensa de la libertad, sino a una visión exagerada y sesgada de ésta. Incluso, cuando hablamos de “comunismo” no lo hacemos para referirnos a la tendencia social comunitaria, sino a una postura que hace depender toda la realidad humana exclusivamente de la comunidad. Ejemplos hay muchos, como cuando hablamos de “pacifismo”, que normalmente se refiere a una postura exagerada que pretende vaciar el espacio público internacional de los recursos jurídicos de la guerra, poniendo en riesgo a la sociedad que queda a la deriva de una posible guerra sin reglas ni principios, dígase las guerras civiles.

Lo mismo sucede cuando empleamos expresiones como africanismo, fundamentalismo, bolchevismo, partidismo, conservadurismo o nacionalismo. En todos estos casos la expresión tiene una carga negativa, aunque en determinados contextos discursivos se le puede llegar a tratar de emplear con sentido tangencialmente positivo. Sobre todo, cuando se le ubica en un campo semántico en el que no pretende ser la única vía de salida, como cuando se habla, por ejemplo, de “una dosis de nacionalismo” o una “actitud vinculada al pacifismo”, o de la necesidad de “fomentar el patriotismo”. Con esas expresiones no se pretende que la dosis, la actitud o el fomento sean excluyentes de cualquier otra actividad que pretenda mejorar la vida de las personas.

ANVERSO Y REVERSO DE LOS “ISMOS”

En el contexto actual podríamos suponer que la lista de palabras o conceptos van a ir en aumento. Se irán inventando, vulgarizando o proyectando muchísimos otros términos en lo social, en lo político y en todos los distintos aspectos de la vida, radicalizándola. Imaginemos el “fifismo” o el “chairismo” como parte del lenguaje común en México, y quizá próximamente en Latinoamérica, acompañados de otras significaciones como “polaricismo” en referencia a la exacerbada polarización social, entre otros.

El desaseo comunicativo se agrava cuando éstos se combinan o suman a los ya tradicionales como el “racismo” y el “radicalismo” convirtiéndolos en expresiones cargadas de profundo “negativismo”. Pero ¿cómo afecta todo esto en lo social y en lo individual? ¿Estas respuestas las puede responder cualquiera, o solo Sociólogos, Politólogos y Criminólogos?

Como quiera que sea, ante la adicción, vulgaridad y/o creatividad de los “ismos” bien vale la pena preguntarnos también: ¿Se está haciendo uso o abuso del lenguaje? ¿Está evolucionando o involucionando la comunicación? Interesantes temas para la reflexión en un mundo post globalizado.

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