Hoy, los medios se enteran casi al mismo tiempo que la sociedad y por las mismas vías, y eso ha cambiado las reglas del juego y de la participación.

 

El cambio en los medios y la sociedad avanza a velocidades inimaginables. No sé si en la época en la que se inventó la imprenta fue algo parecido, ya que en esos tiempos cambió la tradición verbal a la escrita, y de pronto se pudieron consultar infinidad de textos. En nuestra época, el cambio se da a tuitazos, facebukazos y youtubazos, entre otras tantas aplicaciones que corren por la red.

Hoy, en el espectro público nos vemos atacados, por un lado, por la inmisericorde campaña de spotazos de las elecciones, paquetes de cuatro o cinco spots, que después de oírlos queda uno asqueado o deprimido del tipo de visión política que tienen los partidos de nuestro país, el sistema político y el gobierno, y en donde además ofrecen cosas que ya están en proceso de autorización por el Congreso o de plano mentiras que ya son imposibles de implementar, y por otro, todo tipo de videos, mensajes, memes, tuits y etcéteras que los equipos de campaña de los candidatos ponen para promocionarse. Y qué decir de las campañas negras: las redes sociales son el vehículo anónimo por medio del cual se lanzan las campañas para desacreditar a los contrincantes.

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Hoy, todo esto ya no corre, como antes, por los medios tradicionales. En el “pasado-presente”, y cada día menos, los medios daban las noticias de los rumores que se decían en la sociedad o directamente de la noticia; hoy están en la trinchera del espectador. Los medios se enteran casi al mismo tiempo que la sociedad y por las mismas vías, y eso ha cambiado las reglas del juego y de la participación. Como bien dicen que lo comentó Ricardo Salinas Pliego en una entrevista, al preguntarle su opinión de las nuevas cadenas de televisión, en la que lanzó una frase contundente: “El futuro está en otra parte.”

Y, lógicamente, esto está cambiando a toda la sociedad. Hoy leemos el periódico en nuestros teléfonos; en la calle ya no se compran los diarios impresos, se regalan; la gente ya no ve televisión abierta, ve Cablevisión, Netflix o YouTube; en los televisores ya se ve internet, y en el teléfono se ve el futbol, películas o lo que sea. Nuestras costumbres de ver la televisión o escuchar la radio cambiaron por consumir contenido, y lo hacemos selectivamente y a discreción de nuestra necesidad, no de la de los medios. Eso cambia absolutamente todo.

Mientras, en los medios, dueños y periodistas viven esta dicotomía de lo tradicional y lo moderno, entre el rating y la generación de contenido, tratando de entender lo que significa millones de likes vs. millones de seguidores.

En este sentido, el pleito MVS-Aristegui, amparo y conciliación de por medio, quieran o no seguirá poniendo clavos de plata al féretro de los privilegios de los periodistas y dueños de medios con el que se venía manejando ese viejo esquema, seguirán generándose noticias que derrumbarán las viejas y pocas reglas no escritas del periodismo tradicional. La sociedad seguirá cambiando.

Cabe aclarar que cada vez que hay elecciones, de alguna u otra forma se aceleran los cambios en la industria de la radio y la televisión. Basta ver la declaración que hace la CIRT sobre el diferendo en las autoridades acerca de la actuación de los medios cuando colocan las cortinillas antes del bloque de spots de los partidos y las campañas.

 

Asuntos paralelos

En este orden de ideas, cada uno de nosotros debe adecuarse a esta revolución de la información. Con esta idea ya está disponible mi programa en redes sociales El Marco del Poder, el cual podrán encontrar en mi canal de YouTube, donde podrán encontrar entrevistas con aspirantes a diferentes puestos de elección popular.

 

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