¿Si tuvieras 1,000 dólares, en qué los gastarías? Dime lo que dice tu estado de cuenta y te diré qué reflejas.

 

 

Si tuvieras 1,000 dólares, ¿en qué preferirías gastarlos: en un fin de semana en Nueva York, en una prenda de Moschino o en un boleto de asientos preferentes para ver un partido de futbol en la Premier League?

Cada opción representa una seña de identidad. Es una pista que le damos al mundo de quiénes somos a través de nuestras preferencias. El tipo de consumos que hacemos marca un estilo de vida. ¿Insistimos en gastar en nosotros mismos? ¿Somos dadores compulsivos? ¿Adquirimos cosas como televisores, autos, computadoras, gadgets? ¿Preferimos las experiencias como viajes, salidas especiales, aventuras para recordar? El estado de cuenta habla. Nos dice a gritos quiénes somos a través de nuestras preferencias.

El análisis de este balance mensual de consumos, que el banco nos entrega por medio del estado de cuenta de la tarjeta de crédito, puede revelar información importante de quiénes somos. Es una fuente de datos que indica qué tan ordenados somos con nuestras finanzas, y no sólo eso, pues también revela las cosas que compramos sin pensar, al primer impulso, así como aquellas que nos exigieron tiempo de reflexión antes de adquirirlas. ¿Nos dejamos enganchar por la promesa de meses sin intereses? ¿Pagamos la totalidad de la deuda o únicamente el saldo mínimo? ¿Hemos comprado cosas que pasaron de moda incluso antes de terminarlas de pagar? ¿Las hemos dejado de usar o las hemos tirado incluso antes de concluir con los pagos en abonos? La hoja del estado de cuenta nos cuenta historias valiosas que, en ocasiones, pasamos por alto.

Hay datos que nos brindan pistas del personaje principal de nuestras vidas, del protagonista de nuestra historia y que, con un momento de atención, nos pueden dar luz. Cada mes nos llega un informe de nosotros mismos. Si queremos saber cómo hemos cambiado a lo largo del tiempo, basta echarle un ojito a nuestro estado de cuenta, que nos revelará nuestros hábitos de consumo.

Esta pequeña hoja a la que en ocasiones tanto tememos revisar, nos clasifica de forma objetiva: gastamos más en diversión ¿de qué tipo?, en alimentos ¿en tiendas de descuento o en una tienda gourmet?, en bebidas alcohólicas ¿destiladas o para servir en forma de coctel?, en escuelas ¿propias o de los hijos?, en salud ¿preventiva o correctiva?, en seguros ¿de autos, gastos médicos o de casa?, en accesorios deportivos ¿de juegos individuales o en equipo?, cosméticos y artículos de cuidado personal ¿de diseñador o de laboratorio? ¿En moneda nacional o extranjera? Información que nos clasifica dependiendo del rango de la edad, del sexo, de la educación, de la región del mundo en la que vivimos, de la posición social que queremos reflejar, de los anhelos que albergamos.

Por las preferencias de consumo registradas en el estado de cuenta podemos deducir cuáles son nuestras prioridades, que muchas veces difieren de las que discursivamente expresamos. Incluso, si nos fijamos con detenimiento, tal vez hasta podamos escuchar nuestros sueños.

¿Si tuvieras 1,000 dólares, en qué los gastarías? Dime lo que dice tu estado de cuenta y te diré qué reflejas.

 

 

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