Este domingo, 89.1 millones de ciudadanos están convocados a elegir más de 3,400 cargos públicos, las elecciones más grandes de la historia de México. En parte por eso, son también las más controladas.

En concreto, habrá 30,000 ciudadanos mexicanos y 907 visitantes extranjeros, de 60 países, recorriendo casillas con un gafete donde se leerá “Observador/a del proceso electoral”.

Uno de ellos es el diputado de la Asamblea Nacional de Venezuela, Williams Dávila, por la coalición opositora al régimen de Nicolas Maduro Mesa de Unidad Democrática.

El político venezolano se inscribió en el Instituto Nacional Electoral (INE) para participar en la elección como observador internacional, invitado por el senador del Partido Revolucionario Institucional (PRI), José Encarnación Alfaro.

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El INE cerró el pasado 20 de junio la convocatoria para recibir solicitudes de ciudadanos extranjeros que, de forma altruista e independiente, querían participar como observadores del proceso electoral.

Entre otros requisitos, se pedía que fueran personalidades con reconocido prestigio y conocimiento en materia político-electoral.

Luego de tres días en la capital del país recibiendo formación teórica sobre normativa y proceso electoral en México, impartida por el INE, el diputado venezolano confiesa haber quedado sorprendido de las garantías del sistema electoral de este país.

En parte es así porque no puede evitar las comparaciones con la realidad democrática, inexistente según él, de Venezuela.

“Quiero ver si, cuando (el elector) llega a la fila de la casilla, hay puntos de presión de los partidos. En Venezuela sucede que cuando vas a votar, te filtran el voto y te presionan para que elijas al candidato de su partido”, explica en entrevista para Forbes México.

Como diputado de la oposición, denunciado por delito de alta traición al estado venezolano, estas son las acreditaciones que Williams Dávila necesita para salir de su país, llegar a México y ejercer de observador internacional. Foto: Anna Portella.

La esperanza que Dávila manifiesta versus la transparencia y legalidad de las elecciones del 1 de julio contrastan con la experiencia de campo de D.C., observador electoral en Tampico, Tamaulipas, que prefirió mantener el anonimato por seguridad.

“Me voy a fijar que no haya casas amigas, un gran problema en Tamaulipas. Los partidos se colocan en la entrada de las casillas y preparan comida y refrescos, hasta cerveza, para los electores. Les invitan a comer y aprovechan para presionarlos”, confiesa este estudiante de Periodismo de 22 años.

En una población de menos de 320,000 habitantes, D.C. afirma conocerse las prácticas de los partidos para coaccionar al votante y comprar el voto, a 500 pesos en su región según él, así como conocer las caras de quiénes están al servicio de las estructuras de los partidos.

“En nuestra red de observadores, vamos a cuidar que no haya camiones que lleven a multitudes de gente a votar a cambio de dinero”, dice.

 

¿Qué hace un observador electoral?

Los observadores electorales están llamados a controlar que la jornada electoral se desarrolle sin irregularidades.

La Red Universitaria y Ciudadana por la Democracia (RUCD), fundada en febrero de 2018 con este fin, desplegó brigadas de observadores nacionales y visitantes extranjeros desde el 29 de junio y prevé que estarán activas hasta el 5 de julio.

Entre otros, cuenta con John Ackerman, profesor de Derecho de la UNAM, o Christophe Ventura, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estrategias de Francia.

Ellos forman parte de las brigadas de hasta 100 visitantes extranjeros y 200 observadores nacionales de la RUCD que monitorean el proceso en 25 entidades federativas, como Morelos y Puebla, y con misiones especiales en Chiapas, Veracruz y Tlaxcala.

Estas últimas brigadas se justifican porque en anteriores procesos electorales se han reportado irregularidades, como fraude o violencia electoral, o por la presencia del crimen organizado.

Entre las facultades de los observadores están las de entrar y permanecer en las casillas, tomar fotografías y comprobar que se respeta el secreto de voto.

“Nos preocupa mucho la violencia, porque ha sido campaña con muchos asesinatos, y también que no se respete que la gente no pueda ejercer su derecho al voto”, comenta una de las coordinadoras de la RUCD, Valentina Melgar.

Esta observadora confirma que existe una coordinadora central en la Red que recibe todos los reportes de las brigadas y decide qué hace con la información obtenida.

Por el momento, no puede confirmar que se hayan producido irregularidades o delitos electorales porque están verificando los datos.

 

Los límites de las garantías

Williams Dávila explica que sus observaciones, irregularidades incluidas, las plasmará en un informe final que entregará al Parlamento de Mercosur, Parlasur, y, de ahí, pueden llegar a la Comisión de Ciudadanía y Derechos Humanos de esta organización.

Para Dávila, “en México hay democracia” porque existe pluralidad de partidos y un tribunal electoral para procesar las denuncias.

Pero D.C. cuenta que no siempre lo que consta sobre el papel se ve reflejado en la realidad.

“No hay un aparato que investigue y que haga seguimiento de las denuncias. La única forma de que se dé seguimiento es exhibiendo públicamente (las irregularidades), aunque muchos tienen miedo a represalias”, comenta en relación con publicaciones en redes sociales de ciudadanos que han denunciado la comisión de delitos electorales.

Este observador tampiqueño afirma haber estado en contacto con personas cuyos sindicatos les piden la fotografía de la boleta para asegurarse de que votan por el partido que les indican.

También de haber presenciado la entrega de despensas a cargo del PAN, partido al mando del gobierno de aquel estado, en su localidad a cambio del voto de ciudadanos.

Por eso, coinciden en que habrá hechos que quedarán en el ángulo muerto de su mirada. Pero desde la RUCD confían en el efecto inhibidor que genera la mera presencia de observadores.

Foto: Cortesía RUCD.

D.C. confiesa sentir miedo por las consecuencias de su labor de control electoral, pero que eso no le impide cumplir con su misión.

“Queremos arriesgarnos para que en México haya una democracia. Siempre culpamos al gobierno pero los ciudadanos no se atreven a defenderla, hay que hacer concienciación ciudadana”, admite.

 

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