La verdadera evolución empresarial y or­ganizacional se dará cuando los seres huma­nos, trabajando en estos espacios, no tengan que consultar qué es legal o permitido, y qué no lo es.

 

 

En semanas recientes tuve el honor de participar en el congreso Ética y Ciudadanía, organizado por el Tec de Monterrey, campus Monterrey. Los organizadores me invitaron a impartir el taller “Ética en la innovación y el marketing”, que resultó en una experiencia interesante y reveladora, no sólo por compartir con estudiantes y maestros algunos aprendizajes de estos últimos 15 años de carrera profesio­nal, sino por los descubrimientos generados por la profunda autorreflexión que tuve que hacer sobre la temática.

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Al hablar de ética en la innovación y el marketing tienes que hablar de algo que abunda, que satura el mundo de los negocios y corroe a la sociedad entera: el engaño, el fraude, la mentira, motivados por instintos primitivos humanos arraigados en éste y en toda forma de organización.

“Ustedes se verán pronto tentados a hacer cosas que sabrán que son incorrectas, pero los premiarán por llevarlas a cabo con eficiencia. Mentir y engañar al cliente será toda una tentación, porque en muchas ocasiones los resultados que obtengan de esto los ayudarán a ser promovidos o recibir bonos jugosos”, les dije enfático en un momento.

Los asistentes estaban asombrados mientras les presentaba las “20 estrategias que las empresas utilizan para extraer más dinero del cliente y forzar su lealtad”, tales como:

Potenciar de manera engañosa los beneficios de un producto o servicio, es­conder los perjuicios o efectos secundarios, sustituir ingredientes de baja calidad y bajo costo sin decírselo al cliente para aumentar la rentabilidad; presentar a artistas y deportistas utilizando el producto cuando ellos jamás lo usan en su vida diaria, exponenciar procesos de producción para que el cliente crea que el producto es de mayor calidad y así sostener su alto precio, promover la colusión oligopólica para evitar que nuevos competidores entren al mercado, utilizar la poca racionalidad de los niños para sembrarles productos de por vida en su mente inconsciente, así como un largo etcétera de estrategias negras de negocios.

“Pero ¡ojo! –arremetí–: no puedes cambiar tu naturaleza humana, tú vienes programado para hacer el bien a través de las organizaciones, tú quieres agregar el mayor valor posible a los usuarios y clientes a través de tu trabajo. No dejes que el dinero y poder te deslumbren y desvíen de tus intenciones. Cada engaño y cada mentira que utilices para imprimirle la marca de tu producto o servicio en la mente consciente e inconsciente del cliente grabará al mismo tiempo tu mente y corazón con un sentimiento negativo de culpabilidad por tus ac­ciones, y ese sentimiento es insostenible: un día te pasará la factura. El éxito profesional no puede desvincularse del éxito personal, y es preferible el segundo que el primero.”

Una estudiante me dijo tácitamente:

“En esta sociedad se celebra a los que tienen dinero y ocupan posiciones altas, sin im­portar cómo se haya logrado, ¿qué hacemos con eso?”

Le contesté lo que en ese momento se me ocurrió: “Comienza tú por no celebrar a los que te rodean sólo por el dinero y su posición. Cuando tu jefe te diga que te va a premiar por aumentar la rentabilidad del negocio aunque tengas que disminuir la calidad de los ingredientes del producto que vendas, dile que no estás de acuerdo, resiste, oponte, que otros te vean hacerlo, haz sentir mal a tu jefe por eso. Cuando la agencia de publicidad te presente una campaña que hable de beneficios de tu producto o de un servicio que en realidad no existen, despídelos. Enseña a tus hijos que ellos valen más por su marca personal que por las marcas de ropa que usan. No permitas que nadie te adule por la posición y dinero que tienes, sino por el carácter que has desarrollado para lograrlo.”

Las nuevas generaciones de graduados enfrentarán enormes retos, en donde tengan que decidir si buscan agregarle el mayor valor a la sociedad a través de sus organizaciones o sólo se enfocan en extraerle la mayor cantidad de dinero a los clientes. El reto más grande será no darse por vencidos sobre las organizaciones en las que participan, y tratar de transformarlas para que pongan en práctica hábitos, reglas y sistemas meritocráticos que promuevan la ética en los negocios, la innovación y el marketing.

La verdadera evolución empresarial y organizacional se dará cuando los seres humanos, trabajando en estos espacios, no tengan que consultar qué es legal o permitido, y qué no lo es, sino cuando sólo tengan que consultar en su interior si pueden o no hacer algo y sigan su instinto ético para actuar.

 

 

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