Ayer inició la veda electoral gracias a la cual vamos a descansar un poco de los anuncios de los partidos políticos. En total, desde las precampañas hasta el miércoles se difundieron más de nueve y medio millones de spots por los 14 procesos electorales que culminarán con las elecciones del próximo domingo.

Toda esa contaminación auditiva y visual de los partidos en radio y televisión es muy molesta, pero lo es más la campaña que se vive en internet, donde la competencia es por ver quién es más ruin. Esto no es causa, sino efecto, del pésimo sistema electoral que tenemos.

Lo peor, sin embargo, es que esos partidos políticos sean, sin excepción, unos mantenidos del erario que pagamos los contribuyentes. Dicho de otro modo, hacen que les paguemos primero su denigrante espectáculo, y luego el mal desempeño que tienen en sus cargos.

Y es que casi cada peso que gastan proviene del financiamiento público que les otorga el INE, que este año será de casi 4,000 millones de pesos, más cerca de 2,000 millones adicionales que recibirán de los estados.

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La cosa no para ahí. A causa de la vigente Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, nuestra libertad de expresión sigue siendo coartada porque nadie –individuo o grupo– puede comprar con su propio dinero propaganda en radio y televisión para opinar sobre los partidos o candidatos.

Los políticos le tienen tanto miedo a lo que tengamos que decir de ellos que mejor se pusieron de acuerdo entre ellos para que no podamos contratar espacios ni hablar de ninguno.

Hay quien equivocadamente dice que todo lo anterior es el costo de nuestra democracia, pero no hay nada democrático en amordazar a los ciudadanos, ni en imponer tiempos oficiales a los medios de comunicación para transmitir sus spots, y mucho menos en el hecho de que una vez electos, esos políticos sientan que ya no le deben nada a los electores.

Hacen lo que se les da la gana. Pasan de rogar por el voto a cuidar los intereses de su partido y sus líderes, que es a quienes responden. Nada más.

Pero el mayor de los problemas NO es ése, sino que todos los partidos presuman de tener la fórmula mágica para crear más y mejores empleos, para que la economía crezca, para acabar con la pobreza, etc. Gran mentira. No tienen ni idea.

Si todo lo anterior dependiera de la voluntad de los gobernantes, hace mucho que hubiéramos resuelto el atraso de México, ¿o no?

Para lograrlo se necesita LIBERTAD, ésa que tanto les molesta darnos a los ciudadanos. No se requiere nada más, sino acabar con su populismo y demagogia.

Esa libertad sólo se puede conseguir con todo lo contrario a lo que nos prometen (por algo seguimos como estamos), es decir: limitando el poder político, sacándolos de la economía, atándoles las manos del gasto y la deuda, desregulando los mercados, abriendo el país a la total competencia exterior, bajando los impuestos y, claro, devolviéndonos nuestra libertad de expresión sin peros.

Nada de eso quieren, porque se les acaba el negocio.

Con libertad, todos ganamos. Con el control en manos de los políticos, todos perdemos.

Ahí seguirán, mientras tanto, los populistas tratando de engañarnos. Continuarán hablando de lo “indispensables” que son, de cómo ellos “sí saben” cómo sacar a flote a la economía y al país en general, pero cualquiera sabe que la mentira y la ignorancia es su denominador común. El buen político es el que no se nota, no el que se empeña en hacerse notar.

En suma, no necesitamos más política ni políticos, sino más personas libres y emprendedoras que generen bienestar para todos. La libertad sí es imprescindible, ellos, no.

 

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