No en todos los casos el crecimiento económico determina el progreso social. Por eso, es necesario detenerse a analizar qué es lo que le falta a nuestra sociedad para crecer.

 

 

Por Daniel Aguiñaga, socio líder de Gobierno Corporativo y Sustentabilidad, Deloitte México.

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Actualmente, existe la noción de que el crecimiento económico no mide, por sí sólo, el progreso social de un país. Inclusive, se han realizado diversos estudios en donde se demuestra que existe una fuerte relación entre el factor económico y una serie de indicadores sociales.

El progreso social se define como la capacidad de una sociedad de atender las necesidades humanas básicas de sus ciudadanos, establecer las bases que permitan mejorar y mantener la calidad de vida de éstos y crear condiciones para que todos alcancen su máximo potencial. Recientemente se publicó un estudio sobre el Índice de Progreso Social, generado por la organización Social Progress Impact, la cual es apoyada por Deloitte. Entre los temas de medición se encuentran:

  1. Atención a necesidades básicas. ¿Un país provee los elementos más esenciales para su población?
  2. Bases del bienestar. ¿Qué tan suficientes son los recursos con que cuenta la comunidad para mejorar y mantener su nivel de bienestar?
  3. Oportunidades. ¿Existen alternativas para que todas las personas alcancen su máximo potencial?

 

Cada uno de los temas, contempla cuatro factores que son evaluados, según cada dimensión.

Dicho estudio se realizó en 50 países, contando con una muestra de tres cuartos de la población mundial. Esta comparativa expone, de manera clara, cómo es que el crecimiento económico no, en todos los casos, determina el progreso social, por lo que es necesario detenerse a analizar qué es lo que le falta a nuestra sociedad para crecer.

De acuerdo con dicho estudio, México se encuentra en el lugar 25, detrás de Perú (24) y Tailandia (23); Suecia, Reino Unido y Suiza se ubican en las primeras tres posiciones.

Para México, dentro de los factores analizados y que obtuvieron una evaluación por debajo del promedio de los países participantes, se encuentran: seguridad personal (que involucra temas de violencia y crimen), acceso a la información y comunicación (tópicos relacionados con el uso de Internet y telefonía celular, así como aquellos vinculados con libertad de prensa), acceso a una educación superior y equidad e inclusión (tanto para minorías como mujeres, así como tolerancia a inmigrantes y homosexuales).

Lo anterior refleja cuáles son los factores nacionales más relevantes que, de atenderse adecuadamente, podrían incrementar nuestra posición en el Índice de Progreso Social.

A partir de ello, valdría la pena preguntarse ¿qué rol juegan o deberían jugar las empresas para fomentar el progreso de la sociedad? ¿Cómo identificar los impactos, tanto positivos como negativos, que pueden generar las empresas dentro de las sociedades más allá del factor económico?

En primer lugar, las empresas deben de cuestionarse ¿por qué existe la organización? Esto implica un análisis profundo respecto de sus actividades, productos y servicios prestados, para identificar qué beneficio otorgan a los consumidores. A través del establecimiento de canales de comunicación efectivos con los grupos de interés, es posible conocer cómo percibe la sociedad a las empresas.

En segundo lugar, las organizaciones deben analizar el nivel de desempeño de su operación en temas ambientales, sociales y económicos, mediante la identificación de indicadores clave de desempeño. El nivel de profundidad y alcance de cada uno de ellos depende, en buena medida, del entendimiento de la operación, a lo largo de la cadena de valor, integrando factores laborales y de uso eficiente y responsable de los insumos naturales.

Lo anterior permite comprender de una manera más profunda cuáles son los factores en los que puede influir la empresa y que permiten que una sociedad se desarrolle de cierta manera y, más importante aún, qué cambios son pertinentes para mejorar la calidad de vida de nuestro país.

En México, a pesar de ser una de las economías que ha registrado importantes niveles de crecimiento y se ubica como un mercado atractivo para la inversión en el mundo, se han evidenciado problemáticas sociales y ambientales a las que están expuestas las comunidades, como es el caso de la vivienda, el acceso a la educación y la generación de oportunidades laborales.

Los esfuerzos previos para ir más allá de la medición económica han sentado bases importantes, sin embargo, se requiere un enfoque más integral, completo y riguroso. En la medida en que se trabaje de manera conjunta y se diseñen soluciones que permitan crear un futuro sostenible y próspero para todos, sociedad, empresas y gobierno, se podrán resolver los grandes problemas que se enfrentan hoy en día, a nivel mundial y regional.

Resultará clave que las organizaciones analicen y establezcan dónde y cómo pueden involucrarse en este proceso, de forma que definan de manera estratégica la prioridad de sus decisiones en términos de acciones que tengan impacto en distintas dimensiones de nuestra sociedad.

 

 

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