Por Adolfo Laborde*

Me encontraba con unos líderes de la comunidad Mexicoamericana discutiendo varios temas de la agenda binacional; eran las 3 de la tarde y la taquería ubicada en la calle Ashland y 18 en sur de la Ciudad de Chicago estaba prácticamente vacía, la razón de ello me explica un líder comunitario es que “a partir del anuncio de las redadas de Trump a lo largo y ancho de los Estados Unidos, así están todos los negocios donde regularmente acude la comunidad”. La conversación transitaba de un tema a otro, desde la organización y efectividad de las organizaciones políticas de los Mexicoamericanos en los Estados Unidos, la reforma migratoria integral pendiente, pasando por el delicado asunto de la incertidumbre de los jóvenes soñadores llamados “DACA” (acción diferida para los llegados en la infancia) bajo la administración de Trump y la tibieza de la comunidad hispana ante los embates de los republicanos. “La comunidad increíblemente no hace nada, muy a pesar de que nos están madreando” me dice otro líder comunitario” a lo que yo respondí con un cuestionamiento: ¿Qué proponen hacer para que eso cambie? Los asistentes quedaron mudos, sin embargo, poco a poco se pusieron sobre la mesa lo que regularmente pasa en este tipo de reuniones, de la queja se siguió con la tradición de culpar a otros líderes por la falta de resultados y posteriormente, dentro de su lógica, ofrecieron propuestas, que no era otra cosa que consignas utilizadas en su día a día como activistas comunitarios; pan con lo mismo.

Ese, desde mi perspectiva, ha sido el gran problema de los liderazgos muy característicos de los grupos que se asumen como víctimas o marginados que, ante un callejón sin salida, utilizan el reclamo histórico como una forma de escape y respuesta a todos los males. No sé porque eso me recordó lo que pasa en México en el contexto de la 4T. La idea de la reunión con los líderes comunitarios era precisamente orientarlos para que su trabajo mejorara, pero me dejaron hablar poco. Tuve qué poner orden, como lo hago en las clases con mis alumnos de segundo semestre de licenciatura. ¿Cómo les puedo ayudar, por favor, díganme? A ciencia cierta no lo sabían, sin embargo, en un ejercicio de humildad intelectual, reconocieron que necesitaban prepararse para afrontar los retos venideros. Y es precisamente lo que la mayoría de los líderes necesitan; pero no es una capacitación académica, requieren mejorar otro tipo de habilidades que no precisamente se aprenden en la escuela, es decir, liderazgo, trabajo en equipo, aprendizaje basado en la investigación-observación, inteligencia emocional, emprendimiento social, sustentabilidad, manejo de conflictos y negociación e inteligencia estratégica. Quizá en ello ha radicado el fracaso de los programas con un perfil meramente académico que les han ofrecido o que ellos han diseñado. Las necesidades son otras.

La conversación siguió en ese tenor; ideas iban y propuestas regresaban sin llegar a un punto intermedio, sin embargo, lo valioso del conversatorio fue que este grupo está consciente de la necesidad de prepararse para desempeñar mejor su rol y que está en puerta un cambio generacional, que dicho sea de paso, pocos quieren asumir, es decir, reconocer que los liderazgos tradicionales deben de renovarse para abordar desde una perspectiva fresca e innovadora las agendas en Estados Unidos y en México de los migrantes mexicanos que hoy más que nunca están expuestos nos solo a ser discriminados y perseguidos, sino asesinados como aconteció recientemente en el trágico evento en El Paso, Texas.

La pregunta natural es ¿qué hacer al respecto? Es tiempo, considero, que el gobierno mexicano eche mano de todos los recursos disponibles a su alcance para defender los intereses de la comunidad mexicana que radica en los Estados Unidos. Un acercamiento con los liderazgos de nuestra diáspora ofreciendo capacitación en los rubros arriba mencionados a través del Instituto Matías Romero de la Cancillería y mejores canales de comunicación por medio del Instituto de los Mexicanos en el Exterior (IME) podrían ser un buen comienzo para cual se requerirá de un eficaz y honesto líder migrante comunitario al frente de tal Instituto. La alineación de objetivos es una necesidad. Mientras esto sucede, ojalá que la visión de verlos como cajeros automáticos (remesa) y recientemente como potenciales votantes (voto en el extranjero) cambie para dar paso a una relación horizontal donde ambas partes contribuyan a contrarrestar las políticas xenófobas hacia nuestra comunidad transfronteriza. La coyuntura nuevamente nos pone ante la disyuntiva de evolucionar o dejar todo como está. Espero que optemos por lo primero.

*Doctor en Relaciones Internacionales. Profesor Investigador de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Anáhuac México.

 

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