El fin de semana, Estados Unidos vivión una jornada en la que algunos de sus demonios ocultos se hicieron presentes. Con 13 horas de distancia, dos ejecuciones masivas se cobraron la vida de casi 30 personas, (entre los cuales había seis mexicanos); otras 40 personas se reportan heridas en diferentes condiciones.

El primero llamo poderosamente la atención; ya que ocurrió en la popular ciudad de El Paso, Texas; en un centro comercial ubicado apenas a una milla de la frontera México-Estados Unidos, destino comercial de fin de semana para miles de paisanos y particularmente en estas fechas por las compras para el regreso a clases.

La escena fue fulminante, un hombre armado abrió fuego con un rifle de asalto en una tienda abarrotada del Centro Comercial Cielo Vista, que es popular entre los residentes locales y las familias mexicanas, las víctimas oscilan entre 2 y 82 años.

Los cuerpos policiacos llegaron a la escena en 5 minutos y el atacante se rindió después de que la fuera acorralado afuera de la tienda. Sin embargo, la información fue fluyendo y comenzaron a surgir motivaciones de discriminación, racismo y odio por una “invasión hispana”. Conforme a las leyes de Texas, enfrentará seguramente la pena de muerte.

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El hecho hizo que muchas voces se levantaran de inmediato, un intenso y profundo debate volvió a señalar que aún una sociedad como la americana que se percibe y se vende a sí misma como perfecta, ejemplar y segura enfrenta de vez en cuando problemas para los cuales ni el crecimiento económico, el bienestar, la sociedad de consumo o el desarrollo tecnológico tienen ninguna respuesta.

Las redes sociales se incendiaron y las confrontaciones no se hicieron esperar. El discurso discriminatorio, el racismo radical y la superioridad por un lado, los defensores de los migrantes, las sociedades tolerantes, las raíces, la historia, la guerra de Texas y un tremendo intercambio de insultos y recriminaciones se mezclaron con las expresiones de solidaridad y condolencias.

Actores y analistas políticos de todos los niveles volvieron a poner en la mesa asuntos como la migración, seguridad nacional, terrorismo y control de armas.

Los medios de comunicación se mantenían concentrados en dar seguimiento a las noticias en el Paso cuando, apenas unas horas después, a casi 1,600 millas de distancia en Dayton, Ohio, en un área popular por su vida nocturna, una nueva ejecución masiva terminaba con la vida de 9 personas y dejaba 25 heridos más.

El victimario, un joven de 24 años, usó un rifle de asalto calibre .223 con cargadores de gran capacidad que había ordenado legalmente -coincidentemente- de una tienda en Texas. Llevaba una máscara, un chaleco antibalas y municiones adicionales además de una segunda arma, que dejó en su vehículo.

La policía confirmó que mató al hombre armado en la escena dentro de los 30 segundos posteriores a la apertura del fuego, no sin que antes disparara docenas de rondas en el ataque. Entre los asesinados estaba su hermana de 22 años.

Aunque los motivos del segundo tirador todavía no están claros para la Policía, existen coincidencias que reforzaron y ahondaron la discusión en curso; se trata de jóvenes de menos de 25 años, sin antecedentes ni impedimentos legales para adquirir armas y que no mostraron ninguna señal previa de peligrosidad en su entorno hasta el momento de las ejecuciones.

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Estos crímenes fueron calificados de “terrorismo interno” pero reiteran los efectos de una doble moral que se oculta tras el discurso de la superioridad y que explica o justifica el protagonismo enfermo e ideologizado de la violencia sin sentido.

Las series, películas y retratos de la sociedad americana, el marketing, la publicidad, los propios medios de comunicación y las redes sociales, están llenos de esas confrontaciones permanentes y no resueltas del sueño americano.

En toda película de niños y adolescentes existe el maltrato, el acoso y el bullying sobre los débiles, la marginación de las niñas bien; se hace patente el desprecio hacia otros grupos sociales y los perfiles de héroes, luchadores y americanos ejemplares cultivan subrepticiamente los prejuicios, estereotipos y modelos de diferenciación racial.

La solución extremista para tomar las armas en la “defensa de la nación” también puede llevar a una radicalización y exponer a los jóvenes a actuar sin razonamiento ni equilibrio y dar como resultado acciones como estas ejecuciones.

En materia de comunicación política, el discurso vigente sobre el muro fronterizo, la seguridad nacional, las guerras comerciales, la búsqueda permanente de la confrontación y la segregación, contribuyen a generar un estado permanente de intolerancia y violencia que no contribuyen a solucionar tales problemas.

Nuestra expresión de solidaridad a todas las víctimas, una fuerte llamada de atención a la reflexión profunda y una reiteración de la búsqueda de mecanismos de no discriminación, tolerancia, respeto,  formación, comunicación y desarrollo personal que recuperen el sano desarrollo de las sociedades y la convivencia armónica internacional.

 

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