Una vez una estudiante le preguntó a la antropóloga Margaret Mead cuál consideraba que era el primer signo de civilización. Y su respuesta fue: “Un fémur fracturado y sanado”. Un animal con una pata rota está condenado a la muerte, por su imposibilidad de huir, defenderse o buscar alimento. El hueso no alcanzará a sanar antes de que sea presa de un depredador.

En el humano, un fémur nunca sana porque solamente puede hacerlo si alguien se preocupa de cuidar y asistir en su recuperación a ese individuo. En resumen la civilización empieza con la empatía de una persona a otra.

La empatía es la capacidad que tenemos los humanos para percibir emociones de los demás individuos, aunque aquí no se completa el ciclo, es necesario que además de percibir a la persona, conectemos esa percepción con una emoción propia, que sea similar a la emoción que siente nuestra contraparte. Así es como se da el ciclo completo de empatía. Ponernos en los zapatos de otras personas.

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Precisamente eso es lo que emulan los fabricantes de tecnología mediante aplicaciones que estudian nuestras publicaciones, desde las que identifican patrones de comportamiento y predicen nuestras emociones. Esto quiere decir que entre más usemos su tecnología, más información tienen de nosotros, por lo tanto podrán predecir más nuestro comportamiento, por eso su obsesión con mantenernos más tiempo en sus aplicaciones.

En su libro “Thinking, Fast and Slow”, el reconocido psicólogo y premio Nobel de Economía Daniel Kahneman nos revela que hay dos sistemas de pensamiento que dirigen la forma en que pensamos. El sistema 1 es rápido, emocional e intuitivo; el sistema 2 es lento, racional y lógico. Estos dos sistemas definen la forma en que tomamos las decisiones que definen nuestro día a día y dan forma al mundo en que vivimos. Parece que vivimos inmersos en el sistema 1, estamos en la era de la hipersensibilidad e impulsividad, y si no me cree, entre a sus redes sociales.

Las impulsividad del sistema 1, que promueve la satisfacción instantánea, nos lleva a hacer cosas como entrar a Amazon solamente a ver qué encontramos, o a Facebook e Instagram solo a ver en qué andan nuestros amigos, al chisme, o a Twitter a ver quién se está peleando contra quién ahora, o a quién le están haciendo bullying, o a TikTok a ver cuál es la tendencia de moda y quién ya se subió a ella.

Precisamente de esto es de lo que están aprovechando todas las plataformas digitales, de nuestro libre albedrío, pero, ¿será en realidad libre albedrío?

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La ilusión de libertad para tomar decisiones en realidad no lo es tanto y con los medios sociales lo es menos. Para protegernos de la anarquía, hemos diseñado como humanidad un marco de referencia basado en leyes, reglas y costumbres que rigen nuestro “libre” albedrío, antes de los medios digitales este marco era menos limitativo, nunca imaginamos que el efecto secundario de la transformación digital sería que ese marco de referencia se volvería personalizado y que estaría al alcance de nuestra mano.

Pues eso hacen los algoritmos espejo o empáticos, nos reflejan digitalmente, ya sea en forma de recomendación de un producto, una noticia, opinión o de un estándar ético o moral, lo que nosotros mismos somos. Los algoritmos de las aplicaciones que usamos todos los días están diseñados para mantenernos más tiempo y reaccionar al mayor número de contenidos y eso lo hacen presentando aquellos contenidos que nos causan una reacción emocional y que nos obligan a ser impulsivos con la respuesta.

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Es un flagrante abuso de la empatía que damos y que esperamos que nos den nuestros compañeros humanos.

No hay escapatoria, porque entre más tiempo usamos los medios digitales, en consecuencia, más reaccionamos, aumenta el número de contenidos que nos gustan y eso nos hace sentirnos bien y el bienestar lleva a la felicidad.

Por eso es que a pesar de que tenemos cientos de amigos y miles de conocidos, los medios digitales solo nos presentan una pequeña parte de ellos, no es que los demás no publiquen, es que esos algoritmos empáticos, también nos conectan con aquellas personas que piensan como nosotros y lo hacen deliberadamente ondeando la bandera de que están “creando comunidad”, cuando en realidad lo que están creando es polarización. Si tienen amigos anti vacunas entenderán mejor lo que digo.

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El primer paso para salir de ese círculo perverso, es ser conscientes de ello, pero lo que sigue es más difícil de ejecutar, porque requiere de disciplina para volver a ampliar el espectro de usuarios y temas con los que nos “espejean” los algoritmos.

Tenemos que estar abiertos a usuarios con otros puntos de vista, pero no solo dispuestos a ver pasar su contenido en nuestro muro, sino también a reaccionar a sus publicaciones, a entablar seriamente un debate, a entender que cada persona tiene su postura y que es igual de válida que la nuestra. Como decía mi abuela: “no somos monedita de oro”, si sabemos eso, entonces por qué seguimos permitiendo que la empatía de los algoritmos nos haga creer lo contrario.

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Contacto:

Javier A. Murillo Acuña, Científico de datos, experto en tecnologías de la información aplicadas. Es socio fundador y CEO de Metrics.*

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Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de Forbes México.

 

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