Por Miguel Jaúregui*

A finales del año 2013 se publicó la reforma constitucional en materia energética que, entre otras cosas, suprimió el monopolio estatal en la exploración y explotación de hidrocarburos y buscó desarrollar la apertura del sector de energía eléctrica a la participación de particulares en ciertas actividades.

La reforma constitucional y la legislación secundaria promulgada como parte de la implementación de la reforma energética, han permitido que compañías privadas, tanto nacionales como extranjeras, participen en la exploración y explotación del petróleo, gas y sus derivados en México.

Según datos de la Secretaría de Energía, con la reforma energética se han detonado inversiones por más de 200,000 millones de dólares en inversión pública y privada.

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Solo en el sector petrolero, las inversiones derivadas de los concursos de exploración y extracción de hidrocarburos realizados hasta principios de este año suman más de 150,000 millones de dólares. Con ello, Pemex ha encontrado socios para la explotación de campos petroleros a través de los farmouts o asociaciones que le permiten complementar y mejorar sus capacidades operativas, así como compartir riesgos geológicos, tecnológicos y financieros, con el objeto de incrementar y hacer más eficiente su producción.

Por otra parte, con la reforma energética los precios de la energía eléctrica han disminuido para el sector industrial y se busca que México alcance la meta de 35% de generación con energías limpias, así como que disminuya sus emisiones contaminantes en los próximos años.

Sin la reforma energética, México no estaría en posibilidad de cumplir con sus metas de generación limpia, ni con la reducción de emisiones contaminantes en los próximos años. Un ejemplo de ello es que los precios de instalación de la energía solar han disminuido significativamente en los últimos años, y los costos de esta tecnología se han vuelto competitivos frente a las fuentes convencionales de generación de energía eléctrica.

La implementación de la reforma energética avanza hacia la consolidación de un mercado energético dinámico y competitivo y se estima que sin la reforma energética la economía de México sería 4% menor.

Asimismo, con ella se busca promover un entorno competitivo para la adopción y despliegue de las energías renovables en México. Se ha buscado que las autoridades y los participantes en dichos mercados, actúen siempre siguiendo los principios de transparencia y rendición de cuentas.

Dentro de los principales retos por venir, se encuentra garantizar que todas las formas de energía lleguen a la industria, a los comercios y a los hogares en la medida necesaria, con estándares de calidad adecuados y a costos relativamente menores en comparación con las fuentes convencionales de generación de energía.

Sin duda, existen muchos retos hacia el futuro, pero a hoy se encuentran establecidas las bases para que en función de ellas puedan lograrse los objetivos y metas previstos con la reforma energética, con independencia de circunstancias coyunturales como los procesos electorales que se aproximan durante el presente año.

*Experto de México con Energía y del Grupo de Energía de COMEXI.

 

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